Diccionario Bíblico
Zorobabel
Letra Z
Heb. 2216 Zerubbabel, זְרֻבָּבֶל, «brote [o vástago] de Babilonia», transcripción del acádico zerû bâbili; Sept. Zorobabel, Ζοροβάβελ; Josefo, Zorobábelos, Ζοροβάβελος.
Príncipe de Judá y gobernador de Jerusalén. Nació, como su nombre indica, durante el exilio en Babilonia. Según se identifique o no con > Sesbasar, fue uno de los primeros en regresar a Judá y el primer o segundo gobernador de Jerusalén en tiempos de > Dario I. No se sabe a ciencia cierta la fecha de su nombramiento para tal cargo. También hay inseguridad respecto a su genealogía. Según una de ellas, era hijo de > Pedaías (1 Cro. 3:17–19), mientras que otras dicen que era hijo de Salatiel (o Sealtiel), hermano de Pedaías (Esd. 3:2, 8; Neh. 12:1; Hag. 1:1, 12, 14; 2:2, 23; Mt. 1:12, 13; Lc. 3:27). Salatiel no dejó hijos. Caben dos alternativas: su sobrino, heredero legal, pasó a ser llamado hijo de Salatiel (Ex. 2:10); o Pedaías se casó con la viuda de Salatiel; el primer nacido de esta unión sería considerado como hijo del difunto, en base a la Ley (Dt. 25:5–10). Ambas genealogías están de acuerdo en manifestar que descendía de David y, por tanto, tenía derecho al trono de Judá; asimismo, ambas coinciden en afirmar que Zorobabel era nieto de Jeconías/Joaquim, excepto la de Lc. 3:27, en que aparece como nieto de Nerí.
Después de la conquista de Babilonia, > Ciro II, fundador del Imperio persa (559–529 a.C.), mediante un decreto real concedió a los judíos la libertad para volver a su patria y reconstruir el Templo de Yahvé en Jerusalén. Un primer contigente judío salió de Babilonia bajo la dirección de un personaje llamado Sesbasar, del que no podemos afirmar indudablemente que sea Zorobabel, a quien Ciro concedió el título de gobernador de la subprovincia de Judá, y además ordenó a su tesorero que devolviese a los judíos todo lo que Nabucodonosor había tomado de Jerusalén, consistente especialmente en los vasos sagrados del Templo, y se los entregó a Sesbasar para que pudiera llevar a buen término la misión encomendada. Conducidos por Sesbasar/Zorobabel, por el sumo sacerdote Josué, y por otros príncipes (Esd. 2:1–64; Neh. 7:5–7; 12:1–9), los judíos llegaron a Jerusalén en el año 538 a.C. Los exiliados, que pertenecían en su mayoría a las tribus de Benjamín y de Judá, se asentaron principalmente en las inmediaciones de Jerusalén. Una de las primeras cosas que hicieron fue organizar un consejo de doce ancianos, presidido por Zorobabel, que controlaba y guiaba los asuntos internos de la comunidad, bajo la soberanía de Persia. También sin demora, erigieron un nuevo altar justo en el mismo lugar donde había estado el Templo original, en medio de las ruinas (Esd. 3:1–9), sobre el que ofrecieron sacrificios; a partir de esta fecha, el sistema de ritos quedó completamente restablecido. A continuación, colocaron los cimientos del Templo (Esd. 1:2; 5:16; 3:6, 10–13), en ruinas desde hacía 50 años, pero no se hicieron mayores avances durante quince o dieciséis años. Atraídos por la empresa judía, los samaritanos residentes en el lugar se ofrecieron para colaborar en ella, pero fueron rechazadas por Zorobabel, Josué y los demás jefes de las casas paternas de Israel. Agraviados en su honor, los samaritanos y colonos extranjeros de Samaria, hicieron todo lo posible para entorpecer la obra de edificación. Se burlaron de ella y la ridiculizaron, desanimando a los propios judíos de llevar a cabo su trabajo. Incluso recurrieron a medios legales para minar la autoridad de los judíos y su derecho a construir. Según la administración persa, Jerusalén dependía en lo político del gobernador de Samaria, pero, al mismo tiempo, el edificio del Templo y la peculiar vida religiosa judía gozaban del favor permanente del gobierno. Coexistían así, uno junto a otro, dos centros, uno político en Samaria y otro religioso en Jerusalén, lo que inevitablemente originaba conflictos. Los samaritanos se dirigieron a los sucesivos reyes de Persia y consiguieron hacer que cesaran las obras hasta el año 520 a.C. (segundo año de Darío Histaspes) (Esd. 4). La reconstrucción solo empezó a tomar cuerpo cuando, el año 521, una poderosa caravana de 50.000 exiliados aproximadamente, tomó el camino de Palestina, enardecidos por la predicación de los profetas Ageo y Zacarías. El año 520 pusieron manos a la obra. A pesar de los manejos, las intrigas y las obstrucciones de los samaritanos, pudieron consagrar el Templo el año 515 a. C., tras cuatro años y medio de trabajos. La construcción estuvo supervisada por Zorobabel y Josué. Los levitas de veinte años y mayores, sirvieron como capataces. Los cimientos del Templo se pusieron durante una apropiada ceremonia con los sacerdotes vestidos con los ornamentos adecuados y tocando las trompetas (cf. Esd. 6:14, 15; Hag. 1 y 2; Zac. 4). Este Templo es frecuentemente llamado Templo de Zorobabel o Segundo Templo.
Los dirigentes del pueblo judío abordaron, a continuación, la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, pero se encontraron de nuevo con la hostilidad de los samaritanos, cuyas quejas ante la corte de Persia fueron escuchadas durante el reinado de Artajerjes I (464–424 a. C.), quien dictó órdenes prohibiendo estrictamente a los judíos que prosiguieran los trabajos.
Poco más sabemos de Zorobabel, que prob. gobernó Judá hasta el año 515 a.C. por lo menos. Véase CAUTIVIDAD, ISRAEL, TEMPLO.

