Diccionario Bíblico
ZIGURAT
Letra Z
La palabra zig-gu-rat, en sus variadas formas y especialmente bajo la de ziqqurratu (pl. ziqqurratum), aparece con cierta frecuencia en las inscripciones cuneiformes de la antigua Mesopotamia con el significado de «cima de una montaña» o «templo-torre», «templo alto».
No se sabe si fueron construidos como tumbas reales, observatorios celestes, o si acaso es cierta la tradición, que sus peldaños aspiraban ni más ni menos que a alcanzar el cielo. Un antiguo himno sumerio conservado en escritura arcaica alaba, rebosante de metáforas, la torre de gradas del dios supremo del viento, Enil, en Nippur, diciendo:
Alta se levanta la montaña de Enlil, Imcarsag. Apuntando hacia el cielo la audaz cabeza.
Ahondando las raíces en el claro abismo. Yaciendo sobre la tierra como un toro poderoso.
Con cuernos ardientes de luz resplandeciente.
Destelleante de esplendor como las estrellas del cielo.
En una época en que los egipcios construían sus > pirámides a base de grandes bloques de piedra sobre las arenas del desierto, los primitivos sumerios de lengua aglutinante y sus sucesores semitas, los pueblos acadio, babilónico y asirio, levantaron sus grandes torres de ladrillos que todavía se conservan desafiando al tiempo en la llanura mesopotámica, y más al norte, a orillas del Tigris, en Asiria.
Verdaderos templos-montaña, las torres-zigurats representaban arquitectónicamente la montaña primordial (que en Egipto seria la colina primordial), la que existió desde el principio de la creación. Diseñadas como pirámides escalonadas que podían llegar a alcanzar hasta siete pisos, tenían en la cúspide un templo consagrado a la divinidad principal de la ciudad. Allí residía la divinidad que confería fertilidad y riqueza a la tierra y a los hombres, y en cuyo honor se celebraban fiestas solemnes y ritos de renovación de los poderes de los monarcas. Los zigurats eran, en suma, lugares mágicos donde los dioses se ponían en contacto con los hombres para cederles parte de sus portentosos atributos. A lo largo de más de un milenio, los zigurats se levantaron en la tierra de > Sumer, que pronto se llamaría Babilonia, y en la de Asur, entre los ríos del norte, Tigris y Éufrates, de modo que todo este territorio estaba poblada por una red de “Torres de Babel”, nombre con que la Biblia conocía a la antigua ciudad de Babilonia.
La base del zigurat podía tener forma rectangular, oval o cuadrada. El interior, no expuesto a la erosión de la intemperie, estaba construido de ladrillos hechos con arcilla secada al sol (debido a la falta de madera y piedra), mientras que la parte exterior estaba revestida de ladrillos cocidos, los cuales podían además estar vitrificados con diferentes colores. El acceso se realizaba a través de escaleras situadas a los lados o que ascendían en espiral hasta la cima. Uno de los mejor conservados es el de Choga Zambil en el actual Irán, en el territorio que ocupó el antiguo reino de > Elam, cerca de Susa. El zigurat más antiguo que se conserva es el de Kashán, datado en el 5 milenio a.C. El de Ur, con sus 21 m. de altura, es otro ejemplo de magnífica conservación; formaba el núcleo de un recinto sagrado en honor del diosluna Nanna/Sin. Se conocen en total 32 zigurats, cuatro de ellos en Irán y el resto mayormente en Irak.
Ejemplo de un gran y complejo zigurat es el dedicado a > Marduk en Babilonia, la “Torre de Babel” del AT, culminación de la arquitectura religiosa de Mesopotamia. Desafortunadamente, no ha quedado gran cosa de esta magna estructura, sepultada por más de 20 m. de ruinas, pero las prospecciones arqueológicas y las noticias históricas que de ello tenemos, nos hablan de un zigurat de siete niveles pintados de diferentes colores, coronado con un templo de bellas proporciones. El templo parece haber estado pintado de color índigo, al igual que el último nivel. Se sabe que había tres escaleras que llevaban al templo, dos de las cuales, las laterales, solo ascendían hasta la mitad de la altura del zigurat. La torre fue destruida por Jerjes en el año 479 a.C. Su altura, muy por encima de la media de otros zigurats, se debía a que el monumento pertenecía al poderoso dios Marduk, que había superado en importancia tanto a Anu como a Enil. Fue sin duda uno de los monumentos más destacados de la poderosa Babilonia, ciudad sagrada, donde confluían 53 templos dedicados a los grandes dioses, 55 capillas a Marduk, 300 capillas a divinidades terrestres, 600 a las celestes, y 400 altares.
Los zigurats no eran el lugar en que se realizaban actos públicos o ceremonias, sino que, como queda dicho, se les consideraba la morada de los dioses; la casa o palacio del dios en persona, donde pernoctaba una sacerdotisa, que era «visitada» por el dios. De esta manera se aseguraba la fertilidad y riqueza de la tierra. Según Heródoto, «en la última torre se encuentra una capilla, y dentro de ella una gran cama magníficamente dispuesta, y a su lado una mesa de oro. No se ve allí estatua ninguna, y nadie puede quedarse de noche, fuera de una sola mujer, hija del país, a quien entre todas escoge el dios, según refieren los caldeos, que son sus sacerdotes» (Hist. 1). Cada ciudad tenía su propia divinidad, su patrón. Solo los sacerdotes tenían acceso al interior del zigurat para atender a las necesidades de los dioses, lo cual hacía de ellos un elemento poderoso de la sociedad. Véase BABEL, Torre de, HIEROGAMIA, MESOPOTAMIA, TEMPLO, UR DE LOS CALDEOS

