Diccionario Bíblico
ZELOTE
Letra Z
Gr. 2208 Zelotes, Ζηλώτης = «celoso», transliteración del heb. o aram. qaneán, ק֧נְאָן, «celo» (Nm. 25:10–11; 1 R. 19:10). Miembro de un partido de patriotas judíos, partidarios de la independencia de Roma (Josefo, Guerras 4, 3, 9; 7, 8, 1).
1. Historia.
2. Jesús y los zelotes.
I. HISTORIA. El movimiento nacionalista de los zelotes surgió como resultado de las actividades de Judas el Galileo, originario de Gamala, ciudad al este del lago de Tiberíades, y un fariseo llamado Sadoc. De este Judas el Galileo se dice que se levantó en la época del primer > censo romano en Judea (Hch. 5:37; Josefo, Guerras 2, 118ss.; Ant. 18, 4–10), es decir, poco después del nacimiento de Jesús.
Su objetivo era una Judea independiente del Imperio romano mediante la lucha armada. Judas sostenía que el pueblo de Dios no podía ser censado por los romanos, paganos e impíos, con el fin de imponerle nuevos tributos. Fue el primero en difundir entre el pueblo la base religiosa que fundamentó en el siglo I todo tipo de rebelión antirromana en Israel: «No es posible que la tierra santa tenga más rey y señor que Yahvé; Israel es el país de Dios y solo hay que pagar tributos a sus representantes; los judíos tienen la obligación de cooperar, aunque sea violentamente con sus armas, a la implantación del reinado de Dios en la tierra que Dios ha otorgado al pueblo de su elección». El movimiento de Judas el Galileo fue aplastado con facilidad por las fuerzas romanas, pero su lema principal, «antes morir que permitir que la tierra de Yahvé pase a dominio de otro señor», y su ardor en la defensa y cumplimiento de la Ley, el llamado «celo por Yahvé», son las raíces de los movimientos religiosopolíticos como los zelotes. Fueron la facción más radical del judaísmo de su época, enfrentándose frecuentemente a otras facciones judías como los > fariseos y los > saduceos. Frente a la clase sacerdotal adoptaban una postura de rechazo por su aparente colaboracionismo. Con los fariseos compartían el ideario religioso, pero se diferenciaban de ellos por trasladar a la política y a la acción sus ideas, sin reparar en el uso de métodos violentos. Algunos historiadores los consideran como uno de los primeros grupos terroristas de la historia, ya que utilizaban el homicidio de civiles que a su entender colaboraban con el gobierno romano, para disuadir a otros de hacer lo mismo. Dentro del movimiento zelota, una facción radicalizada conocida como los > sicarios se distinguió por su particular virulencia y sectarismo (Josefo, Ant. 18, 1, 1, 6; Guerras 2, 8, 1; 17, 8; 4, 3, 9 ss). Se cree que el llamado «ladrón» (Jn. 18:40) y «sedicioso» (Mc. 15:7), de nombre > Barrabás, podría ser un líder zelote preso, preferido a Jesús por la muchedumbre, atestiguando así la popularidad de dicho movimiento.
Durante siglos los judíos habían vivido bajo dominación extranjera —babilonios, persas y griegos—, pero habían servido a su Dios, aceptándola como algo que la Divinidad permitía, o como un castigo; pero los zelotes rompieron con esta tradición y de esta ruptura dimanó su celo por la monarquía exclusiva de Dios y su resolución de padecer persecuciones, si era preciso, por ella, así como la de sacrificar el dinero, la hacienda o la vida por este credo. «Incluso con el martirio pregonaban su celo por Dios y expiaban los pecados de Israel. La conversión revistió en ellos la grave modalidad de negar obediencia a las potestades terrenas y de acatar únicamente la Ley de Dios. La repercusión de estas doctrinas fue tanto más grande cuanto que brotaba del meollo mismo de las creencias judías» (W. Grundmann).
Los judíos piadosos comenzaron a sentir con mayor viveza que nunca antes que estaban viviendo en un país ocupado; el control de los romanos sobre el territorio de Dios, sobre la ciudad santa y su Templo, se percibía como una abominación insoportable. Así, muchos comenzaron a desear en su corazón que tuviera lugar una guerra de liberación nacional, que Dios con su especial ayuda se encargaría de concluir felizmente.
Por otro lado, es incuestionable que el florecimiento de la doctrina zelota se explica en el contexto de una atmósfera ideológica fuertemente escatologizada y mesiánica, tal como existía en la Judea de aquellas décadas. Esta atmósfera había sido preparada por el florecimiento de la literatura apocalíptica desde el s. III a.C. hasta el s. II d.C., período en el que tuvieron lugar los enfrentamientos terribles entre los judíos y las potencias que los dominaban, griegos, primero, y romanos después. El fervor escatológico y mesiánico fue tan elevado como para que un pueblo minúsculo y casi sin ayuda se atreviera finalmente, al cabo de pocas décadas, a hacer frente a una Roma en la cúspide de su poder. El Imperio era como el último reino de las tinieblas, al que había que combatir para que amaneciera la nueva era mesiánica, el Reino de Dios.
El movimiento de los hermanos > Macabeos había sido estrictamente nacionalista, pero rápidamente cayó en la cuenta de que para subsistir había que proporcionar una base política a la insurrección. Ello les permitió acomodarse a la cruda realidad sin especiales dificultades. Los zelotes, por el contrario, eran un movimiento apocalíptico casi puramente religioso, lo que les condujo a la ceguera política y a una actuación abocada al suicidio.
Durante la guerra judía contra Roma del 66–73, los zelotes, dirigidos por Menahem, hijo de Judas el Galileo, tomaron el control de Jerusalén hasta que la ciudad fue tomada por los romanos, que destruyeron el Templo, y tres años más tarde ocuparon la fortaleza de Masada, el último refugio zelote, tras el suicidio de sus defensores. La experiencia zelota arrastró al judaísmo a su propia destrucción, a juicio de algunos estudiosos. Cuando los zelotas que lograron escapar de las tropas romanas trataron de refugiarse en Alejandría, sus propios compatriotas los entregaron a los romanos.
II. JESÚS Y LOS ZELOTES. En este marco reseñado de tensa espera escatológica hay que incluir también la predicación de Jesús acerca del Reino de Dios. Para la mentalidad apocalíptica el presente era el momento de la angustia de la era terrena, los últimos dolores de parto para el alumbramiento de un eón nuevo. Pero mientras que Jesús no debió de considerar efectiva la implicación personal, política y activa, para acelerar el Reino de Dios, el movimiento mesianista de los zelotes y luego de los sicarios (apoyados por una buena parte de los fariseos) llegó a pensar que la colaboración humana era imprescindible y habría de acelerar la venida del reinado de Dios.
A principios del siglo pasado fue común en algunos medios leer los Evangelios en clave zelota, equiparar los zelotas a los primeros cristianos. Jesús había sido crucificado como sedicioso por los romanos; permitió la presencia de armas de combate (espadas) en el grupo de sus seguidores; se hallaba rodeado de hombres que creían que estaba llamado a «restaurar el trono de Israel» (Hch. 1:6), y de sus discípulos uno se llamaba Simón «el zelota», y no hay duda de que una parte de sus contemporáneos había visto en él un candidato a la «realeza» de la que habla Josefo. Este mismo historiador dice que la ideología religiosa de los zelotes «concuerda con las opiniones de los fariseos», pero en el caso de Jesús no hay una postura más contraria al fariseísmo que la adoptada por él a lo largo de toda su vida. Desde esta perspectiva se hace difícil creer que Jesús sintiera simpatía por el zelotismo.
Respecto al mencionado Simón, no es tan segura su adscripción al grupo de los zelotes. Es Lucas quien lo designa como «el celote», gr. zelotes, ζηλώτης (Lc. 6:15), que contrasta con la trascripción griega kananaîos, καναναῖος, de Marcos (3:18), y kananites, κανανίτης, de Mateo (10:4). Según la teoría zelota, el Evangelio de Marcos, seguido por Mateo, hace una lectura despolitizada de la historia para no molestar a sus lectores romanos y no crear dificultades a los cristianos de la capital del Imperio. Marcos, contra su costumbre, no traduce el sobrenombre kananaîos, término arameo que significa «zelota» para evitar que se sepa que uno de los seguidores de Jesús había pertenecido al grupo de fanáticos enemigos de Roma causantes de la reciente guerra. Pero ni el término gr. utilizado por Lucas, zelotes, ni el arameo conservado por Marcos, designan necesariamente a un miembro del movimiento zelota; pueden significar simplemente «celoso» y designar así, a guisa de apodo, a alguien que se caracteriza o distingue por un celo especial, principalmente en las cosas relativas a Dios y su Ley. También cabe la posibilidad de que el apóstol Simón hubiera pertenecido en otro tiempo al grupo zelota propiamente dicho, y por ello le habría quedado el apodo. Se ha especulado también con que > Judas Iscariote era «Judas el sicario», pero sin ninguna prueba. Lo que la historia nos dice es que los primeros cristianos no hicieron causa común con los zelotes en la guerra judía, sino que se refugiaron al otro lado del Jordán (Eusebio, Hist. ecl. 5, 3). Igualmente, hay que observar que los romanos no procedieron contra los discípulos de Jesús hasta la persecución de Nerón. Véase JUDAÍSMO, MASADA, SICARIOS, SIMÓN, JUDAS.

