Diccionario Bíblico

Zarza

Letra Z

Heb. 5572 seneh, סְנֶה, de una raíz inusitada que sign. «pinchar»; «zarza» espinosa, que aparece en el bien conocido pasaje de Ex. 3:2–4 (cf. Dt. 33:16) de la «zarza ardiente» donde Dios se manifestó a Moisés; Sept. y NT 942 batos, βάτος (Mc. 12:26; Lc. 6:44; Hch. 7:30); Vulg. rubus.
Arbusto espinoso de difícil identificación, pese al esfuerzo de muchos estudiosos para lograrlo. Muchos exegetas creen que puede tratarse de la acacia seyal, pero de tamaño más pequeño. El heb. seneh parece ser equivalente al egipcio senh, la acacia nilótica, muy semejante a la acacia seyal. Es un arbusto seco, espinoso, con hojas lobuladas y flores blancas; llega a casi 4 m. de altura y se extiende por numerosas regiones de África, Palestina y las riberas del mar Muerto, además de por la península del Sinaí. Exuda una sustancia por el tronco y las ramas que se endurece con el aire y se comercializa bajo el nombre de goma arábiga.
Ahora bien, cuando en la Biblia aparecen explícitamente mencionadas las acacias, se utiliza el término de origen egipcio shittah, שִׁטָּה, por lo que hay que pensar que el autor del Pentateuco no quiso suministrar una clasificación botánica de la planta llamada seneh, y la menciona solo como la «zarza ardiente». El otro término heb. para «zarza» es 329 atad, אָטָד, y hace referencia a un árbol espinoso mencionado en la parábola de > Jotam, referente al parlamento de los árboles para elegir un rey sobre ellos (Jue. 9:8–15). Por esta razón se ha explicado que seneh debe su nombre al monte santo del Sinaí, aunque no exista relación etimológica, pues se trata de la morada de Yahvé; debido a ello, la variedad específica de zarza que crecía en el Sinai pasaría a denominarse seneh, la que sin duda se distinguiría del resto de plantas espinosas conocidas por los israelitas.
Sea como fuere, Dios escogió la zarza para manifestarse a Moisés de manera indirecta, ya que la sola visión de la grandiosa majestad de Dios basta para matar a cualquiera (cf. Ex. 10:28; Jue. 6:22; Is. 6:5). Llama la atención que Dios decida hacerse presente en un elemento humilde y común del desierto, pero lo más extraño de la elección es que la zarza y, por extensión, todas las plantas espinosas, disfrutaban de una baja apreciación entre los israelitas, signo y señal de la maldición de Dios por causa del pecado (cf. Gn. 3:18). Esta planta, seneh, sin embargo, es elevada a la categoría de signo revelador (teofánico) al recibir la presencia de un fuego que la hacía arder sin consumir. El fuego ha sido utilizado en general por todas las culturas de la historia como un elemento representativo de la divinidad. Es un símbolo del poder y la majestad de Dios (cf. Dt. 5:24). En Ex. 13:21 Dios aparece guiando a los hebreos desde Egipto hasta el mar Rojo en la forma de una columna de humo que de noche se convertía en columna de fuego, y en Ex. 19:18, cuando Moisés sube al Sinaí para recibir de Yahvé las tablas de la Ley, se nos dice que «todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahvé había descendido sobre él en fuego y humo». Véase ACACIA, FUEGO.