Diccionario Bíblico

Zaqueo

Letra Z

Gr. 2195 Zakkhaîos, Ζακχαῖος; prob. del heb. 2140 Zakkay, זַכַּי = «puro»; Vulg. Zachaeus. Nombre de dos personajes bíblicos.
1. Uno de los jefes del ejército de Judas Macabeo, dejado en Sidón para hacerse con dos torres bien fortificadas, donde se habían refugiado mercenarios de los sirios (2 Mac. 10:19).
2. Jefe de los recaudadores de impuestos de la ciudad de Jericó. Siendo de pequeña estatura, y queriendo ver a Jesús, se subió a un sicómoro para lograrlo (Lc. 19:1–10). Este relato es propio en exclusiva de Lucas.
Zaqueo era judío, a juzgar por el saludo de Jesús, «hijo de Abraham», huiós Abraam, υἱὸς Ἀβραάμ, lo cual no se puede interpretar con un significado espiritual, sino como el modo que Jesús tenía de indicarle que, a pesar del desprecio que sentían por él sus conciudadanos, por motivo de su oficio, él lo contaba entre los miembros del pueblo elegido, es decir, que no lo marginaba ni lo minusvaloraba.
La profesión de Zaqueo en un núcleo urbano de la importancia de Jericó, y la más que desahogada situación económica que tenía, explican su decisión ético-económica del final del relato. A este respecto, es importante saber que la recaudación de impuestos era en Palestina un asunto de particulares judíos, quienes compraban en subasta el derecho de recaudar los impuestos que Roma determinaba. Esta peculiar forma de fisco encarecía sobremanera unos impuestos ya de por sí gravosos, puesto que al importe del impuesto exigido por Roma había que añadir el importe del propio negocio del recaudador, que siempre resultaba lucrativo. Por eso, el evangelista añade que Zaqueo era «rico» (plusios, πλούσιος) como resultado de su oficio. Se trataba de una profesión criticada por los fariseos porque los recaudadores estaban en permanente contacto con extranjeros y con monedas profanas, mientras que el pueblo veía en ellos unos esquilmadores. En el caso de Zaqueo, la cosa se agravaba todavía más por tratarse de un «jefe» fiscal («principal de los publicanos», arkhitelones, ἀρχιτελώνης), ayudado por subalternos, telonai, τελῶναι, en la ejecución de sus funciones.
El evangelista añade además que era de baja estatura, para acentuar los múltiples impedimentos que hacían difícil su acceso a Jesús, debido a la multitud que lo despreciaba y no le dejaba ver al Señor. No tuvo otra opción que trepar a un árbol, pues no quería perderse el ver a «Jesús que pasaba» (v. 4). De todos modos, quedó alejado del Maestro. Jesús se percató de la situación y lo llamó para que hospedarse con él. La decisión de quedarse en la casa del jefe de los publicanos provocó airadas reacciones. Ninguno de los que se creían israelitas puros (Zaqueo lo era de nombre) podía entender que un profeta y maestro aceptase entrar en la casa del mayor de los pecadores. Zaqueo tomó nuevamente la iniciativa y no trató de justificarse ante las críticas de los demás, sino que se comprometió a enmendar su comportamiento. Reconoció que se había enriquecido con la pobreza ajena, por lo que decidió devolver cuanto había conseguido legal pero injustamente. Sus bienes irían a parar a las manos de los pobres, de donde originalmente habían salido: «Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado» (v. 8). Jesús es recibido en la casa de Zaqueo con reverencia y alegría, lo que ponen de manifiesto en la vida de Zaqueo su verdadera conversión, su arrepentimiento. Ha encontrado la salvación y está dispuesto a corregir lo torcido, anhela comenzar una vida nueva. Jesús debió pasar la noche en casa de Zaqueo, a juzgar por los datos de la narración (meînai, μεῖναι, v. 5, y katalysai, καταλῦσαι, v. 7), antes de volver a emprender el camino a Jerusalén. Véase PUBLICANO, TRIBUTO.