Diccionario Bíblico

Voto

Letra V

Heb. 5088 néder, נֶדֶר, término técnico para «voto» y «ofrenda votiva», aparece 60 veces en el AT y a menudo se usa junto con el vb. del que procede, p. ej. «ni tus votos [néder, נֶדֶר] que prometieres [nadar, נדר], ni tus ofrendas voluntarias» (Dt. 12:17). El vb. 5087 nadar, נדר = «hacer voto», aparece en varias lenguas semíticas: ugarítico, fenicio y arameo; en las inscripciones fenicio-púnicas a menudo se refiere a sacrificios humanos, y en sentido general a «ofrendar»; 2171 eukhé, εὐχή, prop. «deseo», expresado como «petición» a Dios, o en obligación votiva, traducido como «oración» en Stg. 5:15, y «voto» en Hch. 18:18; 21:23; lat. votum = «promesa que se hace a los dioses, ruego ardiente, deseo», de vovere = «prometer, desear, rogar a los dioses».
Promesa hecha a Dios libremente para conseguir un favor o para agradecer alguno ya recibido. También se hace por razones de purificación moral o de propia entrega a Dios a modo de consagración. Los votos son un fenómeno muy común y extendido en la experiencia religiosa de todos los pueblos (cf. Homero, Ilíada 1, 64, 93; 6, 93, 308; Odisea 3, 382; Jenofonte, Anábasis 3, 2, 12; Virgilo, Geórgicas 1, 436; Eneida, 5, 234; Horacio, Carm. 1, 5, 13; 3, 29, 59; Tito Livio, 22, 9, 10; Cicerón, Epístolas a Ático 8, 16).
El primer voto mencionado en la Biblia es el de Jacob en Bet-el. En él le prometió a Dios el diezmo de todos sus ingresos, y levantarle un lugar de culto si lo bendecía en su viaje (Gn. 28:18–22). Moisés, por tanto, no introdujo la ley sobre los votos, sino que reguló su práctica. Ningún israelita estaba obligado a hacer votos, pero cuando se hacían voluntariamente, estaba en la obligación de cumplirlos puntualmente (Dt. 23:21–23; Sal. 50:14; Ecl. 5:4, 5; Nah. 1:15; etc). La Ley daba también instrucciones acerca de los casos excepcionales en los que fuera imposible su cumplimiento (cf. Nm. 30:2–14).
Tanto hombres como mujeres podían hacer votos (Nm. 6:2; 30:3, 9–10). Los había incondicionales y condicionales. El primero era un juramento no ligado a ninguna petición determinada, mediante el cual la persona ofrecía sus dones y se ofrecía a sí misma para gloria de Dios sin esperar recompensa, por lo que estaba obligado a cumplirlo. Una vez pronunciada, la palabra votiva tenía la misma fuerza de un juramento que, en la mayoría de los casos, no podía violarse (Nm. 30:2). El voto condicional generalmente iba unido a una petición de cuya obtención dependía su cumplimiento. Si la oración no era escuchada, no quedaba obligación alguna (cf. Gn. 28:18–22).
Por lo general, los votos se emitían en situaciones de crisis, en momentos de incertidumbre presente y futura, en peligro de muerte y otras circunstancias adversas que se pretendían conjurar. Es el caso de Jacob antes de salir para Padam-aram. Jefté hizo un voto antes de salir para la batalla a fin de conseguir la victoria sobre los hijos de Amón (Jue. 11:30). Ana hizo su voto para tener el niño que deseaba de todo corazón (1 Sam 1:11). Los marineros de la nave donde iba Jonás hicieron votos ante el peligro mortal de la tormenta (Jon. 1:16). Una vez hecho el voto, no se debía retrasar su cumplimiento, en cuyo caso se incurría en pecado. (Dt. 23:21); por tanto, el consejo del sabio es: «Cuando hagas un voto a Dios, no tardes en cumplirlo; porque él no se complace en los negligentes. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, a que prometas y no cumplas» (Ecl. 5:4–5; comp. Sal. 66:13ss.; 76:11; 116:18; Jon. 2:9; Nah. 1:15).
La Ley ofrecía la alternativa de «redimir» el voto, pagando el equivalente de su valor en plata (Lv. 27:1–25). Si la persona era demasiado pobre para pagar la tasa de redención de su voto, se presentaba al sacerdote para que lo valorara conforme a su capacidad (Lv. 27:8; Dt. 21:5).
Un voto especial, que de algún modo ofrece el sentido más profundo que el hombre puede dar a una promesa, es el de la consagración durante un tiempo a Dios; tal era entre los hebreos el nazareato (Nm. 6:2).
Los votos jugaban un papel muy importante en la religiosidad hebrea (Job 22:27; Prov. 7:14; Sal. 22:25; 50:14; 56:12; 66:13; 116:14, 16; 126:6; Is. 19:21; Hab. 1:15). Al llegar a los Evangelios, llama la atención el silencio que guardan al respecto, pese a la frecuencia de los votos, no solo entre los judíos, sino también entre los griegos y romanos de la época. Solamente de Pablo se menciona el cumplimiento de un voto, al parecer relacionado con la consagración al nazareato: «En Cencrea se rapó la cabeza, porque había hecho un voto» (Hch. 18:18). La única mención del voto en labios de Jesús es para condenarlo, ya que, en un caso concreto, servía para sustraerse a la obligación de mantener a los padres (Mt. 5:33; Mc. 7:9–13). Véase NAZIREO.