Diccionario Bíblico

VISITA, VISITAR

Letra V

Heb. 6485 paqad, פקד = «visitar», por analogía «supervisar, cuidar de»; gr. 1980 episképtomai, ἐπισκέπτομαι, prim. «inspeccionar» —una forma tardía de 1984 episkopeo, ἐπισκοπέω = «supervisar, cuidar»—, «visitar»; latín visitare = «ver con frecuencia, ir a ver».
1. Obligación y caridad.
2. Historia de la salvación como visita divina.
I. OBLIGACIÓN Y CARIDAD. La práctica regular de la visita de familiares y amigos es una de los costumbres y obligaciones más comunes de la antigüedad. Olvidarse de hacer visitas durante mucho tiempo, se consideraba un acto de mala educación y falta de interés y solicitud hacia los seres amados. El visitante era recibido con un saludo de bienvenida y lavado de sus pies (Gn. 18:4; 24:32; Jue. 19:21; 1 Sam. 25:41; Lc. 7:44, etc.). Se le ofrecía comida y bebida y se le invitaba a ocupar el mejor asiento. Se intercambiaban preguntas consagradas por la costumbre sobre el estado de salud, los negocios o el trabajo y el resto de los miembros de la familia. La visita se prolongaba bastante tiempo, sin dar muestras de impaciencia ni de prisa. Visitar a los enfermos y necesitados formaba parte de los deberes religiosos (cf. Eclo. 7:36; Mt. 25:36, 43; Stg. 1:27). El Talmud tiene un proverbio que dice: «Olvidarse de visitar al enfermo es igual a derramar sangre».
II. HISTORIA DE LA SALVACIÓN COMO VISITA DIVINA. En sentido figurado, se emplea el vb. «visitar» para denotar la intervención extraordinaria de Dios en su pueblo para bendecirlo o castigarlo (cf. Ex. 20:5; Dt. 5:9; Sal 89:32; Jer. 9:25; 11:22; 23:2; 29:3; 44:29; 46:25; 50:18). En sentido eminente, indica la intervención divina para salvarlo, de tal modo que la Historia de la Salvación es presentada frecuentemente como una sucesión de «visitas» de Yahvé a su pueblo, empezando por la liberación de la esclavitud de Egipto: «De cierto yo os he visitado y he visto lo que se os ha hecho en Egipto» (Ex. 3:16; 4:31; cf. Gn. 50:24ss). Previamente, Dios «visitó» a Sara haciéndola fecunda (Gn. 21:1ss), para cumplir la promesa hecha a Abraham de hacer de él el padre de una multitud. A lo largo de su historia, Israel será favorecido por las visitas de Dios, que manifiestan la fidelidad y la solicitad de Yahvé. En este contexto, se entiende que a veces las visitas de Dios adopten la forma de un castigo por la infidelidad del pueblo. Las victorias de Israel son visitas de Dios que bendice a su pueblo (Sof. 2:7); las desgracias son también visitas de Dios que viene a corregir los males con vistas a la restauración: «Solo te he conocido a ti entre todas las familias de la tierra, así te visitaré por todas tus iniquidades» (Am. 3:2; Os. 4:9; Is. 10:3; Jer. 6:15; 23:2–34). Las naciones vecinas que se oponen al cumplimiento del designio divino de salvación, serán también «visitadas» por Dios, que las juzgará y las castigará (Jer. 46:21; 48:44; 50:18, 27, 31). Como la liberación de Egipto, el regresp del exilio es obra de Yahvé: «Solo cuando se cumplan los setenta años otorgados a Babilonia os visitaré y cumpliré la promesa de traeros a este lugar» (Jer. 29:10; cf. 32:5; Sal. 80:14; Zac. 10:3).
El NT, en especial el Evangelio de Lucas, comienza celebrando la magna visita de Dios en Cristo, indicación de que ha llegado el cumplimiento del tiempo: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que ha visitado y liberado a su pueblo» (Lc. 1:68, 78). Juan el Bautista, el Precursor de Cristo el Mesías, es presentado a la luz de los oráculos de los profetas como el que viene a preparar los corazones para la venida o manifestación de Dios en Jesús (Lc. 3:6; cf. 1 Pd. 2:12). Cuando en la ciudad de > Naín Jesús resucitó al hijo de una viuda, todo el pueblo glorificó a Dios diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo» (Lc. 7:16). Con todo, el drama de Israel fue que no supo reconocer el «tiempo de la visita» (Lc. 19:43), o como dice San Juan: «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron» (Jn. 1:11). Esta falta hacia el huésped divino es presentada como el coronamiento de una larga serie de rechazo y desprecio de las visitas de Yahvé a través de toda la historia de Israel, la > viña escogida de Dios, cuyos arrendatarios se vuelven contra su Señor (Mt. 21:33–46; Mc. 12:1–12; Lc. 20:9–19).
La inclusión de los gentiles en la Historia de la Salvación es también presentada como la visita de Dios para tomar de entre ellos «un pueblo para su nombre» (Hch. 15:14). Véase SALVACIÓN, VIÑA.