Diccionario Bíblico
VIGILAR
Letra V
Heb. 5341 natsar, נצר = «custodiar, vigilar, guardar», aparece unas 60 veces en el AT; 8104 shamar, שׁמר = «guardar, atender», vb. común a la mayoría de las lenguas semíticas, aparece unas 470 veces en el AT; 6822 tsaphah, צפה, raíz prim. «inclinarse hacia adelante, atisbar, vigilar, acechar», aparece unas 37 veces en el AT; gr. 1127 gregoreo, γρηγορέω = «velar, vigilar, mantenerse despierto» (Mt. 24:43; 26:38, 40, 41); 69 agrypneo, ἀγρυπνέω = «estar sin dormir, mantenerse despierto», se emplea metafóricamente con el sentido de estar vigilante, velar (Mr. 13:33; Lc. 21:36; Ef. 6:18; Heb. 13:17). Este término no expresa solo el hecho de estar en vela, sino la actitud vigilante de aquellos que están dedicados a algo.
Natsar aparece por primera vez en relación con el carácter divino, «que guarda la misericordia en millares» (Ex. 34:7). Por lo general, la acepción de «guardar» se halla cuando el sujeto es el ser humano, p.ej. «guardar el pacto» (Dt. 33:9); «guardar la ley» (Sal. 105:45; Sal. 119); «guardar los mandamientos de los padres» (Prov. 6:20). Natsar tiene el sentido de «vigilar» o «custodiar» cuando hace referencia a algo, p.ej., una viña (Is. 27:3) o una fortaleza (Nah. 2:1). También se aplica al cuidado o vigilancia de la boca, lengua o labios (Sal. 14:1–3; 34:13; Prov. 13:3). Shamar es un vb. casi sinónimo, mucho más común; aparece por primera vez al comienzo del Génesis: «Tomó, pues, Yahvé Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase» (Gn. 2:15). En relación con Dios y su pueblo, se dice que Yahvé «guarda a Israel» (Sal. 121:4). Otras acepciones de shamar son «proteger, atender» (1 Sam. 26:15); «vigilar, observar» (1 Sam. 1:12; Gn. 18:19).
En ambos verbos se conjuga la experiencia humana de que quien vigila o custodia guarda lo vigilado; guardar la Ley es una manera especial de vigilar, de tener a la vista sus preceptos. A la vez, quien vigila, guarda y también «retiene», que es otra acepción de shamar: «Sus hermanos tenían envidia [de José], pero su padre guardaba [retenía] en mente el asunto» (Gn. 37:11). El mismo José, en previsión del hambre que sobrevendría a Egipto, almacenó víveres y los retuvo para una distribución posterior (Gn. 41:35).
Tsaphah aparece por primera vez en Gn. 31:49: «Vigile —atalaye— Yahvé entre tú y yo». Describe el acto de observar, de vigilar propiamente, con vistas a advertir cualquier irregularidad. Así se dice que los ojos de Yahvé «observan —atalayan— a las naciones para que los rebeldes no se enaltezcan contra él» (Sal. 66:7).
Por analogía, se dice Dios también vela sobre su pueblo, comenzando por la experiencia fundacional del éxodo (Ex. 14:24–25), hasta el cumplimiento de sus promesas: «Recibí esta palabra del Señor: ¿Qué ves, Jeremías? Respondí: Veo una rama de almendro. El Señor me dijo: Bien visto, porque yo velo para cumplir mi palabra» (Jer. 1:11–12) —en Israel, el > almendro es el símbolo de la vigilancia por ser el primer árbol que echa flores; es el heraldo que anuncia la presencia de la primavera—. «He aquí que yo hago una cosa nueva; pronto surgirá. ¿No la conoceréis?» (Is. 43:19).
En sus visiones, Daniel habla de un «vigilante» o «guardián», aram. 5894 ir, עִיר, que «descendía del cielo», perteneciente a una orden de «vigilantes» celestiales con poder delegado por Dios para supervisar los actos humanos y castigarlos (Daniel 4:13–17), equivalentes quizá a los seres angélicos de los caldeos encargados del gobierno moral de la humanidad, conocidos porpularmente por «ángeles de la guarda».
En el NT, aparte del uso común de mantenerse despierto, atento, vigilante, renunciar al sueño de la noche (p.e., Mt. 24:43; 26:38, 40, 41), gregoreo también tiene el sentido metafórico de estar alerta, de luchar contra la pereza y la negligencia a fin de conseguir aquello que se persigue. Es una actitud de alerta espiritual y expectación en contraste con la laxitud e indiferencia: «Vigilad; estad firmes en la fe; sed valientes y esforzaos» (1 Cor. 16:13). «Sé vigilante y refuerza las cosas que quedan y están a punto de morir» (Ap. 3:2), exhortación que tiene como propósito «guardar» lo recibido (cf. Hch. 20:31; Col. 4:2; 1 Tes. 5:6, 10; 1 Pd. 5:8; Ap. 16:15).
La vigilancia es la actitud fundamental del creyente en relación con el fin de este mundo. Es su actitud ante la «consumación» de todas las cosas, la naturaleza y la humanidad, que comienza ya en el tiempo presente con la inauguración del Reino de Dios: «El Reino de Dios está dentro de vosotros» (Lc. 17:21), y avanza hacia su consumación, con el retorno glorioso de Cristo, que es preciso esperar siempre vigilantes, despiertos (Mc. 13:35), ceñidos la cintura y encendidas las lámparas (Lc. 12:35), pues el Señor llegará de improviso, sin avisar (Mt. 24:42; Mc. 13:35), como un ladrón en la noche (v. 43; cf. Ap. 3:3). Con su primera venida, Cristo ha hecho presente el Reino de Dios entre los hombres, ya está aquí, ahora, en medio de la tierra, pero al marchar ha dejado unos talentos que hay que hacer fructificar mientras regresa (Mt 25:15–28). La vigilancia, pues, caracteriza la actitud del discípulo que espera y aguarda el retorno de Jesús, pero no de un modo pasivo, sino activo, en guardia contra las tentaciones cotidianas (cf. Mt. 26:41; 1 Cor. 16:13; Col. 4:2; Ef. 6:10–20; 1 Pd. 5:8); ocupado en buenas obras, que es el otro sentido de velar, «estar despierto, tener los ojos abiertos», ocupados en obras espirituales. Véase CONDUCTA, ORACIÓN, PARUSÍA.

