Diccionario Bíblico

VICTORIA

Letra V

Heb. 3467 yasha, יָשַׁע = «victoria» (2 Sam. 8:6, 14; 1 Cro. 18:6); 8668 teshuah, תְּשׁוּעָה, también escrito תְּשֻׁעָה = «victoria, salvación» (1 Sam. 19:2; 23:10, 12; 1 Cro. 11:14; Sal. 144:10; Prov. 21:31; 24:6; Hab. 3:8); gr. 3529 nike, νίκη = «victoria» (1 Jn. 5:4); 3534 nikos, νῖκος = «victoria» (Mt. 12:20; 1 Cor. 15:54, 55, 57).
Triunfo sobre el adversario, resultado positivo en un combate, lucha o empresa. Es lo contrario a la derrota. En el AT domina una especie de «teología del éxito» que se mide por la victorias conseguidas en el campo militar gracias a la asistencia de Dios: «Porque Yahvé vuestro Dios va con vosotros, para combatir por vosotros contra vuestros enemigos y para daros la victoria» (Dt. 20:4). Israel se concibe a sí mismo como «el ejército de Yahvé» (Ex. 12:41; Jue. 5:13; 1 Sam 17:26), pues Yahvé combate por Israel y le proporciona el éxito (Ex. 14:14; 15:1–21; 17:8–16; Jos. 6:16; 10:10; Jue. 7:15; 1 Sam. 14:6; 2 Cro. 14:10ss; 20:15–29). En la mano de Dios está conceder la victoria (Job 12:16; Sal. 98:1). El éxito militar no está en los > caballos (Sal. 33:17; Prov. 21:31) o en las armas, sino en Dios (1 Cro. 29:11; 20:17), convicción que se enciende con los Macabeos y alimenta su voluntad de lucha contra los enemigos del pueblo y de la Ley (1 Mac 3:19; 2 Mac. 10:38; 13:15; 15:8–24). Yahvé aparece como el aliado invencible (Dt. 32:22–43; Jdt. 16:13; Is. 30:27–33; Nah. 1:2–8).
Si el éxito de los israelitas es otorgado por Dios, las derrotas sufridas a manos de sus enemigos (2 Cro. 21:14; 24:20; 25:8–20), y sobre todo la gran catástrofe y prueba del exilio (Jer. 15:1–9; 27:6; Ez 22), ponen de manifiesto, no la debilidad o deserción de Dios, sino todo lo contrario: la infidelidad del pueblo que Dios no puede tolerar, y por eso no vacila en combatir mediante otros pueblos que actúan como medio punitivo, con todos los problemas de fe que esto acarrea a profetas como Habacuc: «¿Por qué ves los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él?» (Hab. 1:13). Esto es así porque la victoria que Dios busca es de otro orden que el del éxito temporal; es la victoria sobre el mal y la injusticia, el triunfo del bien y la justicia. A esto apuntan los profetas postexílicos, que contemplan una victoria espiritual de orden paradójico, no alcanzada con las armas, sino con el sacrificio del siervo de Yahvé (Is. 52:13ss.; 53:11ss.). Los justos pueden adquirir ya esta victoria triunfando sobre el pecado. El énfasis se desplaza así de lo militar a lo ético (cf. Sab 4:1ss.).
Con Cristo se supera definitivamente esta concepción primitiva en aras de una victoria que pertenece al orden de la redención moral y espiritual, por la que Dios se alza sobre las fuerzas del mal y sobre Satán (Jn. 12:31). El plan de la redención incluye la victoria de Jesús sobre el tentador (Mt. 4:1; Mc. 1:13; Lc. 4:2), la lucha con el «hombre fuerte» en sus propios dominios (Mt. 12:29; Mc. 3:27; Lc. 11:14–22), es decir, > Satanás, príncipe de este mundo. La victoria es segura, tanto para él como para sus discípulos (Lc. 10:17–20; Jn. 16:33); en la batalla resulta herido, muerto, pero triunfa gloriosamente mediante la resurrección (cf. 1 Cor. 15:44–54; Col. 2:15). Por esta razón, recibe el título de «león de Judá» (Ap. 5:5), que es, al mismo tiempo y paradójicamente, el cordero inmolado (5:12). Gracias a él los apóstoles van de triunfo en triunfo (2 Cor. 2:14). Y no solo ellos, sino todos los cristianos nacidos de nuevo: «Porque todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe» (1 Jn. 5:4; cf. 1 Cor. 15:57), fe en el Hijo de Dios, quien vence al mundo (v. 4).
En medio de la lucha en este mundo, los creyentes comparten la victoria de Cristo, seguros del triunfo final, del que nada los puede separar (Ro. 8:35ss.). Para ellos está reservada en los cielos la > corona de vida (Stg. 1:12; Ap. 2:10), de gloria (1 Pd. 5:4), de justicia (2 Ti. 4:8); corona imperecedera, a diferencia de las que se obtienen en la tierra (1 Cor. 9:25). Los vencedores recibirán un > nombre nuevo (Ap. 2:17), comerán del árbol de la vida (Ap. 2:7), y serán columnas en el templo de su Dios (Ap. 3:12). Vencidos Satanás, el pecado y la muerte, la Historia de la Salvación se cierra con la victoria definitiva de Cristo Jesús (Ap. 20:13, 14). SALVACIÓN, TRIUNFO