Diccionario Bíblico

Vestidos

Letra V

En el pueblo hebreo la forma y estilo de vestir se conservó igual a través de los siglos desde los tiempos del Antiguo Testamento hasta los del Nuevo Testamento. Las principales prendas eran: la túnica interior, muy ajustada al cuerpo, y un → Manto exterior; los usaban igualmente hombres y mujeres (Job 30:18; Cnt 5:3; Gn 37:3). A esas dos prendas a veces se agregaba un → Cinto, una capa (para la lluvia) y unas → Sandalias (Is 3:24; Mt 5:40). Las mujeres usaban, además, un → Velo, la prenda que más distinguía a la mujer del hombre en lo referente a vestuario. Era prohibido que la mujer usase prendas de hombre y viceversa (Dt 22:5).
La túnica era de lino o de algodón, y se llevaba directamente sobre el cuerpo. Tenía agujeros para los brazos (y algunas veces mangas anchas y abiertas) y llegaba hasta abajo de las rodillas. La de las mujeres llegaba hasta los tobillos. La túnica se ataba al cuerpo con un ceñidor. Algunas veces era tejida sin costura alguna, como la de Jesús (Jn 19:23). La vestidura de encima, o sea el manto, era una pieza de tela más gruesa, de 1, 30 X 1, 2 m aproximadamente, con la cual se arropaban el cuerpo. Se ataba sobre los hombros o se dejaba suelta. El que deseaba tener libres los brazos podía quitársela fácilmente (Mt 24:18; Hch 7:58; 22:23). A veces, cuando un hombre no llevaba puesto su manto se decía que estaba «desnudo» (1 S 19:24; Is 20:2ss; Jn 21:7). Podía arreglarse de manera que fuese fácil llevar algunas cosas en el → Seno (Sal 79:12; Is 65:6; Lc 6:38). De noche, los pobres podían usar el manto para cobijarse en la → Cama (Éx 22:26a; Job 22:6).
Otro vestido exterior es el meil (traducido igualmente manto) generalmente de tela fina (1 Cr 15:27). Lo llevaban personas distinguidas (1 S 2:19; Esd 9:3, 5; Job 1:20).
La cabeza se llevaba generalmente descubierta. A veces, para resguardarla del sol quemante o de la lluvia, se tapaba con un doblez del manto exterior (2 S 15:30; 1 R 19:13; Est 6:12). Los → Sacerdotes usaban una mitra, bonete o turbante sagrado; y después del cautiverio todos los judíos adoptaron hasta cierto punto el turbante. Las mujeres usaban diversas clases de abrigo de cabeza, sencillos o adornados.

Foto de Gustav Jeeninga
Beduino con un tocado para protegerse del sol. El sumo sacerdote de la nación de Israel también usaba un tocado, que algunos traducen como tiara (Éx 28.40).
La piel de los animales sirvió como primer material para vestir y cubrir el cuerpo de los nómadas. En la Palestina el vestido era similar al usado en el resto del Cercano Oriente. En Egipto la piel de leopardo se usaba para el atuendo de los sacerdotes. La → Lana fue tanto para los hebreos como para los sirios el material preferido para vestir al pueblo. Los vestidos de → Seda probablemente importados de Persia o China, se consideraban de lujo (Ez 16:10). La Ley prohibía la mezcla de lino con lana (Lv 19:19).
El atuendo de los sacerdotes era tan complicado como simbólico. En Éx 28 se expone detalladamente parte por parte tales vestiduras.
Las vestiduras reales eran igualmente simbólicas, elegantes y artísticas. Es de notarse que el → Efod era una prenda de vestir que daba al portador, sacerdote, levita o rey, una dignidad especial. Pero también el efod se veía con superstición o se le relacionaba con algún culto idolátrico (Jue 8:24–27; 17:5; 18:17).
Un rey como David vestía «de lino fino» incluyendo el efod (1 Cr 15:27). Los reyes de Judá e Israel, como Acab y Josafat, se ataviaban espléndidamente cada vez que salían a las plazas públicas o cruzaban las puertas de la ciudad donde estaba el trono. Un turbante cónico (→ Corona) y una capa «cubretodo» eran prendas esenciales del rey (cf. Hch 12:21). Las princesas reales, como Tamar hija de David, portaban como símbolo de su virginidad una «túnica con mangas» (2 S 13:18, BJ). La misma «túnica con mangas» expresa la parcialidad con que Jacob amó a José (Gn 37:3, BJ). Las mangas largas anunciaban que su portador no tenía que hacer trabajos manuales.
La preferencia de brillante colorido fue característica de los pueblos, como el hebreo, que vivían en regiones áridas y lóbregas. Los términos «resplandecientes» y «espléndido» parecen aludir a este tipo de vestiduras (Stg 2:2s; Hch 10:30). Especialmente en las fiestas, la ropa era de telas más caras (Mt 22:11s; Lc 15:21), preferentemente de color → Blanco, → Púrpura o → Escarlata. Las mujeres se adornaban de joyas (→ Piedras preciosas).
No obstante lo monótono y reducido del vestir hebreo de todos los días, debido a lo limitado del material textil, la gente mostró siempre mucho interés en su apariencia externa. Un hombre valoraba más su vestido que su cabalgadura. Cuando pasaba la noche en algún mesón extraño, dormía con todas sus prendas puestas, inclusive sandalias, para no exponerlas a un robo. El valor que se daba al vestido era casi comparable con el de la moneda. Dar «una muda de vestir» era pagar un alto precio o dar un premio. Nótese esto en los incidentes relacionados con Sansón (Jue 14:13, 14), Naamán y Giezi (2 R 5:22s, 26), y Sísara (Jue 5:30). Los soldados romanos repartieron los vestidos de Jesús y echaron suertes sobre su manto (Jn 19:23s).
A través de vestidos de luto (→ Duelo) y de → Arrepentimiento se expresaba visiblemente la pena interior. El desgarrar los vestidos era una señal especial de luto (Gn 37:24; 2 S 3:31; Job 1:20) provocado por una desgracia (2 S 13:19), una blasfemia oída (Jer 36:24; Mc 14:63 //), etc. En otros sentidos también el vestido participa en las cualidades de la persona que lo lleva; por ejemplo, cortar los vestidos por la mitad de unos emisarios es una afrenta (1 Cr 19:4); los vestidos de Jesús resplandecen en la → Transfiguración (Mc 9:3). Como parte de las → Riquezas que posee el hombre, los vestidos no han de preocuparle demasiado (Mt 6:25–34) ni usarse para ostentación (Mt 23:5), sino deben distribuirse equitativamente (Mt 25:36; Lc 3:11).
Desde el momento en que se originan los vestidos en el paraíso (Gn 3:7), la ropa y la desnudez son signos de la condición espiritual del hombre (Gn 3:21). La muda de vestido simboliza el cambio espiritual (Col 3:10; Ef 4:24) y aun la → Resurrección se describe como un revestir al hombre de un vestido incorruptible (1 Co 15:37, 42; 2 Co 5:3ss). Tal como el pueblo de Dios actuó en el pasado como una → Esposa infiel, vestida de → Prostituta (Ez 16:15ss; Os 2:9ss), el pueblo triunfante lavará sus túnicas y las blanqueará «en la sangre del Cordero» (Ap 7:14; 22:14), y la esposa se ataviará para las nupcias (Ap 19:7; 21:2).