Diccionario Bíblico
Velo
Letra V
Traducción de una amplia terminología hebrea que denota una paño que cubre la cabeza y el rostro y a veces un manto amplio que envuelve todo el cuerpo.
1. Heb. 4304 mitpájath, מִטְפַּחַת = «manto» amplio de mujer; del vb. 2946 taphaj, טפח, «extender» (Rut 3:15; Is. 3:22); Sept. perízoma, περίζωμα; Vulg. pallium, linteamen. Manto con el que muchas mujeres orientales se envuelven el cuerpo al salir de casa, al que corresponde el gr. 4018 peribólaion, περιβόλαιον, lit. «algo echado alrededor»; de ahí, «cubierta, velo» (1 Cor. 11:15), o un manto alrededor del cuerpo.
2. Heb. 4533 masweh, מַסְוֶה = «velo», de la raíz sawah, סוה, «cubrir, ocultar», referido siempre al velo con que Moisés se cubrió el rostro después de bajar del monte Sinaí (Ex. 34:33–35). San Pablo lo designa con la palabra gr. correspondiente 2571 kálymma, κάλυμμα, «cubierta» (2 Cor. 3:13–16). Una palabra cognada, suth, סוּת, traducida por «manto» (Gn. 49:11), lleva a deducir que el masweh era un manto grande que podía cubrir la cabeza y el rostro cuando la situación lo exigía.
3. Heb. 4541 massekhah, מסֵּכָה, y 4539 masakh, מָסַךְ = «velo, manta», término general para cualquier tipo de cubierta o velo (Is. 25:7; 28:20).
4. Heb. 4555 mispejah, מִסְפְּחָה = «velo», del vb. 5596 saphaj, ספח, «extender». Indica el velo de los falsos profetas, «que para cazar las almas hacen velos de todo tamaño para las cabezas» (Ezq. 13:18, 21).
5. Heb. 6777 tsammah, צַמָּה, «velo, guedeja» (Cant. 4:1, 3; 6:7; Is. 47:2); de una raíz que sign. «cubrir».
6. Heb. 6809 tsáiph, צָעִיף, «velo», de una raíz que sign. «envolver», utilizado por las mujeres al salir a la calle o ante la presencia de extraños. Prob. era una manto amplio con pliegues sobre los hombros para cubrir el rostro cuando lo requerían las circunstancias (Gn. 24:65; 38:14, 19).
7. Heb. 7479 raalah, רַעֲלָה, «velo [largo]», pl. realoth, רְעָלוֹת, de 7477 raal, רעל, «bambolearse», velo ligero citado en Is. 3:19, como un prenda de adorno femenina: «En aquel día el Señor quitará los adornos de los tobillos, las diademas, las lunetas, los aretes, los brazaletes, los velos, los adornos de la cabeza». El mismo vocablo es aplicado en la Mishnah a los velos llevados por las mujeres árabes (Sab. 6:6).
8. Heb. 7829 radid, רָדִיד, «velo» que se extiende (Cant. 6:7; Is. 3:23), del vb. 7826 radad, רדד, «cubrir, extender». Aparentemente, un manto largo y amplio de material delicado.
En la antigüedad, el velo fue adoptado solo en casos excepcionales, primeramente como una prenda de adorno (Cant. 4:1, 3; 6:7) o de boda (Gn. 24:65; 29:25). En las leyes asirias, «velar a una mujer» ante testigos equivale a declararla solmemnemente como esposa legítima. En el caso de Tamar, esta se «veló» para no ser reconocida por su suegro (Gn. 38:14). La costumbre de desposarse con una mujer «velada» explica de algún modo el engaño de que fue víctima Jacob al consumar su matrimonio con Lea, pensando que era Raquel (Gn. 29:23–26).
En la vida cotidiana, las mujeres hebreas, casadas o solteras, aparecen en público a cara descubierta (Gn. 12:14; 24:16; 29:10; 1 Sam. 1:12). Solo muy tarde en la historia se impuso la costumbre generalizada del velo en las mujeres, hasta el punto de hacerse ley, especialmente en Oriente.
En el NT, Pablo argumenta al modo rabínico a favor del velo en la mujer en las reuniones de la comunidad. Establece que la mujer debe estar sometida al varón y llevar velo, peribólaion, περιβόλαιον, que cubra su cabeza, katakalypto, κατακαύπτω (1 Cor. 11:5, 6), como señal de la autoridad, exusía, ἐξουσία, que el marido tiene sobre su esposa y hasta por respeto a los ángeles (v. 10).
En sentido metafórico, el mismo Apóstol dice que el Israel que rechaza al Mesías tiene un velo en su corazón cuando en la actualidad lee la Ley, que debería remitirles a Jesucristo (2 Cor. 3:15); pero a su debido tiempo, Dios quitará ese velo, y verán a Cristo bajo las sombras de la Ley, y recibirán entonces a aquel a quien ahora rechazan. En contraste con aquella ministración en la que la gloria tenía que ser velada debido a la incapacidad de Israel de contemplarla, los cristianos pueden ahora contemplar la gloria del Señor, cuyo rostro está sin velo, y ser cambiados «en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor» (2 Cor. 3:13–18). Véase ADORNO, GLORIA, IMAGEN, VESTUARIO.

