Diccionario Bíblico
Uva
Letra U
Heb. prop. 6025 enab, עֵנָב, «uvas» de parra (Gn. 40:10, 11; 49:11; Lv. 25:5; Nm. 6:3; 13:20, 23; Dt. 23:24; 32:14, 32; Neh. 13:15; Is. 5:2, 4; Jer. 8:18; Os. 9:10; Am. 9:13); gr. 4718 staphylé, σταφυλή = «racimo de uvas», o «uva» (Mt. 7:16; Lc. 6:44); 288 ámpelos, ἄμπελος = «uva» (Ap. 14:18, 19). Otros términos como peret, פֶּרֶט, denota las uvas caídas espontáneamente de la vid, dejadas para los rebuscadores (Lv. 19:10); leloth, לֵלוֹת, denota la uva madura de finales de vendimia (Jue. 8:2; Is. 17:6; 24:13; Jer. 49:9; Ab. 5; Miq. 7:1); y semadar, סְמָדַר, la uva en su punto, la «uva en flor» (Cant. 2:13, 15; 7:12). La uva aún no madura, «agraz» o «ácida», se llama 1154 béser, בְּסֶר, en Job 15:33, y 1155 boser, בֹּסֶר, «uva agraz» en Is. 18:5; Jer. 31:29, 30 y Ez. 18:2). Las «uvas silvestres» reciben el nombre de beushim, בְּאֻשִׁים, mencionadas en sentido metafórico por el profeta Isaías respecto a la decepción de los frutos producidos por Israel, la viña de Dios: «La había desherbado y despedregado. Luego había plantado en ella vides escogidas. Había edificado en ella una torre y también había labrado un lagar. Esperaba que diese uvas buenas, pero dio uvas silvestres» (Is. 5:2, 4).
Producto de la vid, la uvas son usadas en sentido figurado en muchos pasajes bíblicos, p.ej. el mencionado pasaje de Isaías que contrasta las «uvas buenas» con las «silvestres» para referirse a las obras del pueblo elegido ajenas a los mandamientos divinos (Is. 5:2–4). En un imaginario semejante se expresa el profeta Oseas, cuando compara a Israel con uvas halladas en el desierto, como el fruto temprano de una higuera primeriza, pero que en lugar de agradecer la provisión de Yahvé, acudió al Baal de Peor, «se consagraron a la vergüenza y se volvieron tan detestables como aquello que les apasionaba» (Os. 9:10; cf. Dt. 32:8–35). Del Israel apóstata se dice que procede de la vid de Sodoma y de los campos de Gomorra, cuyas «uvas son uvas venenosas; sus racimos son amargos» (Dt. 32:32).
Por ley, los caminantes podían entrar en las viñas ajenas y comer las uvas que quisieran, hasta saciarse; pero no las podían poner en una cesta, lo que equivaldría a robo (Dt. 23:24). Las uvas que se desgranaban de los racimos de la vid y caían a tierra debían dejarse en suelo para los rebuscadores, como una provisión para el sustento de los pobres (Lv. 19:10). El refrán popular que decía «Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos sufren la dentera» (Ez. 18:2), hace referencia a la ley de causa y efecto moral extendido hasta los descendientes de los culpables, semejante a la disposición que se expresa en otro lugar como «castigo la maldad de los padres sobre los hijos» (Ex. 20:5; 34:7; Nm. 14:18; Dt. 5:9; Jer. 32:18) y que el profeta Jeremías interpreta en un sentido de responsabilidad individual a partir de la Nueva Alianza: «En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos sufren la dentera. Cada cual morirá por su propio pecado. Los dientes de todo hombre que coma las uvas agrias sufrirán la dentera» (Jer. 31:30). Véase REBUSCO, VENDIMIA, VID, VINO.

