Diccionario Bíblico

Usura

Letra U

Heb. 7235 tarbith, תִּרְבִּית = «multiplicación, ganancia» (Lv. 25:36; Prov. 28:8); 4768 marbith, מַרְבִּית = «aumento, interés [sobre capital], ganancia»; 4855 mashshá, מַשָּׁא = «préstamo, recargo de una deuda»; 5392 néshekh, נֶשֶׁךְ, lit. «mordida, interés, usura» (Neh. 5:7, 10; Prov. 28:8); gr. 5110 tokos, τόκος = «interés, usura» (Mt 25:27); Vulg. usura.
El término «usura» se utiliza por regla general para referirse al abuso sobre un deudor cuando los tipos de > interés que se le aplican son desmesurados o excesivamente altos en relación con la deuda. Y de hecho, el término hebreo néshekh (de una raíz que significa «morder, devorar») parece que va en este sentido. El problema, sin embargo, hablando en términos bíblicos, está en que los vocablos hebreos no permiten precisiones exactas acerca de su significado, y siendo que la Ley Mosaica prohíbe el cobro de intereses, se hace imposible una distinción precisa, no tan solo entre interés razonable y abusivo, sino incluso entre interés y usura. Lo que ha hecho que a lo largo de los siglos haya habido en el seno de la Iglesia cristiana clara división entre quienes distinguen el cobro legítimo de intereses de la usura, y quienes opinan que toda forma de cobro de intereses es usura.
De hecho, el Comentario sobre las leyes de Inglaterra de Sir William Blackstone (1723–1780), se expresa en los siguientes términos: «Cuando el dinero se presta mediante contrato para recibir de vuelta, no solo el importe prestado, sino también un aumento sobre el mismo en concepto de compensación por el uso, al incremento que se recibe dan el nombre de interés aquellos que piensan que es lícito, y de usura los que piensan que no».
Lutero condenó abiertamente esta práctica, sin diferenciar específicamente entre interés y usura. En los Artículos de Smacalda, afirma: «Además de estos asuntos eclesiásticos necesarios, hay también en los aspectos políticos innume-rables asuntos de gran importancia que es preciso mejorar: El desacuerdo entre los príncipes y los estados; la usura y la avaricia que han irrumpido como un diluvio, convirtiéndose en algo habitual y legal [y son defendidas como un derecho]; la lascivia, la lujuria, y la extravagancia en el vestir, la gula, el juego, y la holgazanería, con todos los malos hábitos y maldad que conlleva».
De modo que la distinción más clara entre interés y usura la encontramos en Calvino a través de sus comentarios:
«Si queremos emitir un juicio justo, la razón nos obliga a decir que todo tipo de usura debe ser condenada sin excepción» (Comentario a Éxodo 22:25 en La armonía de la Ley: Éxodo, Levítico y Números).
«De lo que deducimos que si quien presta su dinero a interés, adquiere su ganancia sin causar daño a nadie, no corresponde aplicarle el calificativo de usura» (Comentario al Salmo 15:5).
«David menciona, entre otras cosas “quien su dinero no dio a usura” (Sal. 15:5). Parece ser, pues, en base a estos dos pasajes, que la usura es ilegal en sí misma. Pero debido a que la ley de Dios abarca una justicia completa y perfecta, debemos concluir que el cobro de intereses, a menos que sea contrario a la ley divina, no es del todo condenable, ya que de lo contrario estaríamos atribuyendo ignominia a la ley de Dios que no prescribió una regla de conducta verdadera y completa por la que podamos vivir justamente» (Comentario a Ezequiel 18:8).
Es evidente, pues, que la ley que prohíbe el cobro de intereses y la práctica de la usura no es una ley absoluta y general, ni proscribe el cobro de intereses en todos los casos y bajo cualquier concepto y circunstancia, sino que se inscribe en el contexto de una economía de supervivencia sometida a los vaivenes de las catástrofes naturales: sequías, inundaciones, incendios, plagas, etc., y humanas: guerras, violencia, robo, etc., a las que la persona se ve sometida involuntariamente. Está pensada como una medida de protección de aquellos miembros de la comunidad que, por una u otra causa, caen en desgracia y ruina económica y se ven obligados a recurrir a una ayuda. En este caso, cobrarles algo por aquello que es necesario para su subsistencia es un atentado a la fraternidad y un acto de violencia contra el débil: «Si tu hermano se empobrece y se debilita económicamente con respecto a ti, tú lo ampararás; y vivirá contigo como forastero y advenedizo. No le tomarás usura ni intereses; sino que temerás a tu Dios, y tu hermano vivirá contigo. No le prestarás tu dinero con usura ni le venderás tus víveres con intereses» (Lv. 25:35–38). Es una ley de solidaridad y justicia frente a la opresión del débil. «El que aumenta sus riquezas con usura e intereses, acumula para el que se compadece de los pobres» (Prov. 28:8). A estos mismos principios obedecen las leyes sobre la condonación de la deuda y el año jubilar. Cuando alguien no podía pagar una deuda, debía colocarse como siervo de su acreedor durante un período determinado, pero en el año del jubileo las deudas debían ser perdonadas y devueltas las propiedades que habían sido vendidas (Lv. 25:10).
El sistema de préstamo a un interés considerado como razonable era una realidad cotidiana en el mundo antiguo, y admisible en transacciones comerciales con margen de beneficio; por tanto, hay que entender que lo que la Ley condena no es el cobro legítimo de intereses, sino el espíritu de aprovechamiento y despojo del prójimo, el cobro de tasas abusivas, la incomprensión frente a situaciones imprevistas y difíciles que dejaban al deudor incapaz de responder a sus obligaciones. El hombre justo se distingue del resto, entre otras cosas, en que no presta con usura ni cobra intereses (Sal. 15:5; Jer. 15:10; Ez. 18:8, 13, 17), es decir, no especula ni trafica con la necesidad ajena. Tras el desastre de la cautividad, con el estado en ruinas, el Templo desolado, la vida social desmantelada por completo, debieron producirse graves situaciones de injusticia respecto a la práctica de la usura a juzgar por las decisiones de Nehemías, al conocer las quejas del pueblo que por causa del hambre habían empeñado sus tierras, sus viñas y sus casas para comprar grano, habian tomado prestado dinero para el tributo del rey, y al no tener con qué pagar, se vieron obligados a dar sus hijos e hijas como esclavos, sin conmover las entrañas de los usureros, que eran sus hermanos de raza («de ser nuestra carne como la de nuestros hermanos y nuestros hijos como sus hijos»). Después de reunir una gran asamblea, Nehemías reprendió a los principales y a los magistrados y les solicitó que renunciaran «a la usura que les demandáis por el dinero, por el grano, por el vino y por el aceite» (Neh. 5:3–13). Véase DEUDA, EXTORSION, INTERÉS, JUBILEO, PRÉSTAMO.