Diccionario Bíblico
UNIVERSO
Letra U
Del latín universum = «conjunto de todas las cosas»; gr. 2889 kosmos, κόσμος, designa el mundo en su totalidad, reflejo de un orden (Mt. 13:35; 24:21; Lc. 11:50; Jn. 17:5, 24; Hch. 17:24; Ro. 1:20); en una ocasión, el término 165 aión, αἰών, prop. «edad, período de tiempo, siglo», es traducido «universo»: «En estos últimos días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por medio de quien, asimismo, hizo el universo» (Heb. 1:2). Los hebreos carecen de un término para «universo»; cuando quieren expresar la totalidad del mundo visible, hacen uso de la expresión «cielos y tierra» (Gn. 1:1; Prov. 8:26; Jer. 10:12).
Según el pensamiento bíblico, el mundo entero, «los cielos y la tierra», han sido creados por Dios (Gn. 1:1), a lo que siglos después se añadirá la aclaración «de la nada» (2 Mac. 7:28), para evitar cualquier desliz en sentido gentil o helénico, que hablaba de «emanación» a partir de una materia primordial. Lo que esta cláusula pretendía enseñar es que al lado de Dios no existía ninguna materia, independiente o subordinada, a partir de la cual creara el universo.
Lo más excelso del pensamiento griego, con Platón y Aristóteles a la cabeza, enseñaba que el universo es un animal vivo engendrado por Dios, a partir del cual hace o produce este universo sensible.
Conforme a la visión helénica de la belleza como armonía en el orden, kosmos pasó a significar también lo bello, y de modo particular el adorno femenino (significado que se encuentra también en algunos lugares del N.T: 1 Tm. 2:9; 1 Pd. 3:3). En los ambientes filosóficos se aplicó la palabra kosmos al universo, para expresar la belleza, la armonía y el orden que reinan en él. Por kosmos se entiende, pues, en griego, el universo concebido como un todo ordenado e interiormente trabado, dotado de leyes inmanentes a las que debe su armonía y su uniformidad.
En la filosofía griega, que no llegó nunca a una afirmación absolutamente neta de la trascendencia divina, la división de la belleza y orden del mundo no se prolonga en una comprensión del universo como hecho para la gloria de Dios, en la línea del pensamiento bíblico: «los cielos narran la gloria de Dios» (Sal. 18:2; 99:3–5; Ecclo. 16:24; 17:8) y está, por tanto, expuesta a caer en una consideración del universo como realidad cerrada y completa en sí misma, de la que forma parte la propia divinidad, que queda reducida así a una función puramente cosmológica, es decir, a fuerza o logos inmanente a un kosmos que, desarrollándose según la ley de un eterno retorno, da razón de todas las cosas. En la Escritura, por el contrario, a partir de la clara afirmación de Dios trascendente, se desarrollan las nociones de > creación y de > historia, expresando la primera la distinción entre Dios y el cosmos y la dependencia de este con respecto a aquel, y la segunda, el proceder del universo bajo la providencia divina, hacia la consumación o plenitud escatológica a que Dios lo ha destinado.
Al asumir los hebreos la palabra kosmos, la incorporaron a su vocabulario en un contexto creacionista, como lo manifiesta claramente el hecho de que la casi totalidad de las veces que aparece el término en el AT para designar sin más al universo, es con la intención de subrayar el dominio de Dios sobre la totalidad de las cosas producidas por su palabra creadora. Véase CREACIÓN, MUNDO, SIGLO.

