Diccionario Bíblico

Unigénito

Letra U

Gr. 3439 monogenés, μονογενής = «único engendrado», de monos, «solo, único», y genos, «descendencia»; lat. unigenitus, de unus, «único» y genitus, «engendrado». Se usa en sentido literal de «hijo único» (Lc. 7:12); «hija única» (Lc. 8:42); «el único que tengo» (Lc. 9:38). En los escritos de Juan hace referencia Jesucristo como «el unigénito Hijo de Dios» (Jn. 1:14, 18; 3:16, 18; 1 Jn. 4:9). Aquí el énfasis recae sobre su singularidad más que en su naturaleza de Hijo, aunque ambas ideas están ciertamente presentes. Él es el Hijo de Dios de una manera que nadie más puede ser.
Desde el punto de vista filológico, monogenés aplicado a Jesús denota que él es «único» en el sentido de que es Dios por el Padre. Su relación filial con Dios es absolutamente singular por participar de una misma naturaleza divina. Indica que, como Hijo de Dios, es el único representante del ser y naturaleza de aquel que le envió (cf. Jn. 1:14, 18). En el original se omite el artículo determinado tanto delante de «unigénito» como delante de «Padre», y su ausencia en cada caso sirve para destacar la característica a que se hace referencia en los términos empleados. La palabra «engendrado» no implica un inicio de filiación, no es un evento temporal, por muy remoto que se quiera, sino un hecho independiente del tiempo. El Hijo no vino a ser, sino que necesaria y eternamente es Hijo, del mismo modo que el Padre es eternamente Padre, y puesto que nunca ha dejado de ser Padre nunca ha habido un momento en que no tuviera al Hijo. Este no es «después del Padre», sino que el uno hace al otro Padre e Hijo respectivamente desde la eternidad y para la eternidad. El Hijo procede del Padre, tiene su origen en el Padre, pero no hay que confundir «origen» con «principio»; el Hijo de Dios «nunca comenzó a ser»; es tan eterno como el Padre, pero tiene su origen en el Padre desde toda la eternidad. Véase ENCARNACIÓN.