Diccionario Bíblico

Trueno

Letra T

Heb. prop. 7482 ráam, רַעַם = «trueno» (Ex. 9:28, 29, 33, 34; 19:16; 20:18; 1 Sam. 7:10; 12:17, 18; Job 28:26; 38:25); 6963 qol, קוֹל, de una raíz que sig. «llamar en voz alta», de ahí «sonido, voz, trueno»; pl. qolim, קוֹלִים (Ex. 9:23; 1 Sam. 12:17, etc.); gr. 1027 bronté, βροντή = «trueno»; Vulg. tonitruus.
Junto al rayo, el relámpago y demás elementos de una tormenta, el trueno acompaña las > teofanías de Dios en el AT; estuvo muy presente en la manifestación del Sinaí (Ex. 19:16; cf. Ap. 4:5). La la voz de Yahvé es representada poéticamente por el trueno (Job. 37:2–5; 40:9; Sal. 29:3–9). En un pasaje se dice que Dios «responde en lo oculto del trueno» (Sal. 81:7; cf. Sal. 18:13; 2 Sam. 22:14).
A diferencia del politeísmo, la religión hebrea no diviniza los fenómenos atmosféricos, sino que los presenta como una manifestación del obrar divino en orden de continuidad con la gran obra de la > creación: «Él hizo la tierra con su poder; estableció el mundo con su sabiduría y extendió los cielos con su inteligencia. Cuando él emite su voz, se produce un tumulto de aguas en los cielos. Él hace subir la neblina desde los extremos de la tierra. Hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos» (Jer. 10:13; cf. Job 28:26; 38:25; Sal. 77:18; Eclo. 43:17). Al movimiento de la vara de Moisés hacia el cielo, Yahvé envió truenos y granizo sobre Egipto, intensificando así el horror de la séptima plaga (Ex. 9:23). Samuel invoca a Yahvé para que envíe truenos como una señal de su desaprobación de los pecados del pueblo (1 Sam. 12:17–19).
Los enemigos de Yahvé son amenazados con la destrucción mediante el trueno en un acto de juicio divino (1 Sam. 2:10; 2 Sam. 22:14, 15). Así pereció el ejército de Senaquerib: «De parte de Yahvé de los ejércitos serás castigada con truenos, con terremotos, con gran estruendo, con torbellino, con tempestad y con llama de fuego consumidor» (Is. 29:5–7; cf. 30:30–33). Es común en las religiones antiguas representar a la divinidad como señor del trueno y del rayo (cf. Homero Ilíada, 8, 75, etc.; 17, 594). Yahvé hace oír su voz potente, atronadora, en medio de la guerra (Is. 30:30), al igual que los generales en el fragor de la batalla (Job 39:25). Por vía de contraste y con estilo poético, Job dice que de Dios hemos oído un «leve murmullo», «pero el trueno de su poderío, ¿quién lo podrá comprender?» (Job 26:14).
Después de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, pidió a su Padre que glorificara su nombre. Entonces vino una voz del cielo, que fue interpretada por la multitud presente como un trueno (Jn. 12:28). En los escritos joánicos, el trueno está siempre en conexión con la divinidad, especialmente en el Apocalipsis, que en número de siete logra su máxima potencialidad (cf. Ap. 4:5; 6:1; 8:5; 10:3, 4; 11:19; 14:2; 16:18; 19:6).
En el Evangelio de Marcos se dice que Jesús llamó a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, > Boanerges, que interpretado para sus lectores romanos es «hijos del trueno» (huioí brontês, υἱοί βοντῆς, Mc. 3:17). Sin duda, hace referencia al carácter fiero de ambos (cf. Mc. 9:38 y Lc. 9:54). Quizá en el caso de Jacobo fuera lo que llevara a su ejecución. El nombre y su interpretación han causado muchas dificultades; algunos sugieren el significado de «los mellizos». Teofilacto dice que recibieron este nombre por ser grandes predicadores y teólogos (hos megalokérykas kaí theologikotatus, ὡς μεγαλοκήρυκας καὶ θεολογικοτάτους), pues los clásicos a veces asociaban el trueno con la elocuencia. Sin embargo, es más probablemente el equivalente del término arameo bene re‘em— como aparece en el margen de algún códice, «hijos del tumulto»; el último de los dos términos se refería indudablemente al trueno en el arameo palestino; de ahí el significado «hijos del trueno». Véase RAYO, TORMENTA.