Diccionario Bíblico
Trono
Letra T
Heb. 3678 kissé, כִּסֵּא, prop. «cubierto [por un toldo], silla [de honor], trono»; aram. karse, כָּרְסֵא (Dan. 5:20; 7:9); árabe kursi; gr. 2362 thronos, θρόνος, «asiento de autoridad, trono»; Vulg. thronus.
Asiento que denota la autoridad de una persona y que suele ser privativo de los soberanos (cf. Gn. 41:40), aunque a veces puede ser ocupado por un sumo sacerdote (1 Sam. 1:9), juez (Sal. 122:5), jefe militar (Jer. 1:15) o gobernador (Neh. 3:7). En el Lugar Santísimo, en medio de los querubines, estaba el trono de Yahvé, el rey invisible de Israel (Ex. 25:22).
Por lo general, para indicar su realeza, el trono se cubría con un dosel y estaba colocado en un lugar elevado. Al de Salomón se accedía por seis escalones o gradas (1 R. 10:19; 2 Cro. 9:18). El trono de Yahvé es descrito como «alto y sublime» (Is. 6:1; cf. Homero, Odisea 1, 130; 4, 136). Los monarcas tenían asimismo tronos portátiles (1 R. 22:10). El mencionado trono de Salomón era una obra de arte con incrustaciones de marfil en madera recubierta de oro (1 R. 10:18–20; 2 Cro. 9:17–19). Su magnificencia sobrepasaba a la de otros soberanos.
El rey ocupaba el trono para las audiencias, para juzgar, para promulgar decretos (1 R. 2:19; 7:7; 22:10; 2 R. 11:19; Jon. 3:6). «Sentarse en el trono» implica el ejercicio de poder real (cf. Dt. 17:18; 1 R. 16:11; 2 R. 10:30; Est. 1:2). Símbolo, pues, de poder supremo y dignidad, la mención del «trono» en relación con Dios denota su omnipotencia y gobierno (Sal. 9:5, 8; Ez. 1:26; Heb. 1:8; Ap. 1:4). En una imagen muy gráfica se dice que Yahvé «tiene su trono en los cielos» (Sal. 11:4; 103:19; Is. 66:1; Hch. 7:49; Ap. 4:2), que, por otra parte y representativamente, se encuentra en Jerusalén (Jer 3:17) y su santo Templo (Jer. 17:12; Ezq. 43:7). En el NT se habla del «trono de la gracia» (Heb. 4:16; 8:1; 12:2; Ap. 1:4; 3:21; 4:2; 5:1; 20:12; 21:3), que define la naturaleza del reino espiritual inaugurado por la predicación evangélica. Jesucristo comparte el trono, es decir, la autoridad de Dios (Heb. 1:8; Ap. 3:21; 22:3); y a su vez hace que sus apóstoles escogidos compartan tronos escatológicos (Mt. 19:28; Lc. 22:30). Los veinticuatro ancianos de la visión celestial ocupaban otros tantos tronos en torno al trono divino (Ap. 4:4; 11:16), mostrando así la perfecta asociación y participación en la autoridad de los creyentes con Dios por medio de Cristo.
La expresión «trono de David» hace referencia a la dinastía inaugurada por este monarca, saludada con la bendición divina (2 Sam. 3:10; Jer. 22:2, 30; 36:30), que en la perspectiva mesiánica es una promesa del renacer futuro del gobierno de Israel (cf. Is. 9:7). Los autores del NT lo aplican a la persona de Jesús, que reconstruye el «trono de David», su padre (cf. Lc. 1:32, 69; Hch. 2:34; 13:34; 15:16).
Por metonimia, «tronos» designa a los principados y potestades angélicos (Col. 1:16). Véase AUTORIDAD, POTESTADES, JUICIO, TRIBUNAL.

