Diccionario Bíblico

TRISTEZA

Letra T

Traducción de numerosas palabras hebreas y griegas, algunas de las cuales son:
Heb. 1671 deabón, דְּאָבוֹן = «languidecimiento» (Dt. 28:65); 3015 yagón, יָגוֹן = «dolor, noche, tristeza» (Est. 9:22; Sal. 13:2; Is. 35:10); 3708 kaas, כַּעָס, también escrito כַּעָשׂ = «aflicción, pesar» (Sal. 31:9); 6089 étseb, עֶצֶב = «dolor, aflicción»; 8077 shemamah, שְׁמָמָה = «soledad, desolación» (Ez. 7:27); 8424 tugah, תּוּגָה = «depresión, ansiedad, congoja» (Prov. 10:1).
Gr. 3077 lype, λύπη = «dolor», de cuerpo o de mente (Mt. 19:22; Lc. 22:45; Jn. 16:6, 20; 2 Cor. 2:1, 4, 5, 7; Fil. 2:27; 1 Pd. 2:19); 2726 katépheia, κατήφεια = «tristeza» (Stg. 4:9), denota prob. una mirada abatida, o semblante decaído, como en el caso de Caín (Gn. 4:5, 6).
Sentimiento de aflicción y pesadumbre, en ocasiones muy doloroso. Las causas pueden ser personales, de origen melancólico, pero mayormente provocadas por situaciones y circunstancias que llevan a la tristeza, y en ocasiones al enfado (1 R. 20:43; 21:4), la depresión (1 R. 21:5) y la enfermedad (Prov. 17:22). Alguien puede sentir tristeza por sí mismo, o por otra persona, p.ej., Jonatán se puso muy triste por causa de David porque su padre le había afrentado (1 Sam. 20:34; cf. el sentimiento de Pablo por sus hermanos de raza, Ro. 9:2). En ocasiones, la tristeza es resultado o reflejo de una contrariedad, como la del joven rico ante la respuesta de Jesús, que se alejó triste, abatido, porque tenía muchas posesiones (Mt. 19:22; Mc. 10:22; Lc. 18:23). Jesucristo mismo experimentó la tristeza más aguda poco antes de ser entregado: «Mi alma está muy triste, hasta la muerte» (Mt. 26:38; Mc. 14:34). El vocablo gr. perílypos, περίλυρος, denota el dolor profundo, intenso, que le llevó a la > agonía posterior.
El profeta asegura a sus compatriotas que Yahvé hará volver a los desterrados y «entrarán en Sion con cánticos. Y sobre sus cabezas habrá alegría perpetua. Alcanzarán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido» (Is. 35:10; 51:11).
Cuando Jesús anunció a sus discípulos que por su causa serían perseguidos, e incluso asesinados, se pusieron muy tristes (Jn. 16:6), tristeza que se convierte en angustia al decirles a continuación que dentro de poco no le verían, para dar paso al gozo del futuro: «Tendréis angustia, pero vuestra angustia se convertirá en gozo», porque «yo os veré otra vez. Se gozará mucho vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo» (vv. 14–15).
La tristeza no es deseable, excepto cuando lleva al autoexamen y la búsqueda de la gracia. En este caso se trata de lo que San Pablo llama «tristeza que es según Dios», la cual genera arrepentimiento para salvación, de lo que no hay que lamentarse; pero «la tristeza del mundo» degenera en abatimiento y muerte (2 Cor. 7:9). Dios ama el espíritu alegre (Dt. 28:47; 1 Cro. 16:27; 29:17; Sal. 4:7; 43:4; 66:1; 97:11; 100:2; Is. 9:3; 55:12; 2 Cor. 9:7; cf. Prov. 17:22). Véase ALEGRÍA, CONTRISTAR, GOZO.