Diccionario Bíblico

Tribunal

Letra T

Heb. 8179 sháar, שַׁעַר = «puerta» de una ciudad, por lo general amurallada; gr. 968 bema, βῆμα, prim. «paso», lit. «lugar para el pie», que indicaba un lugar elevado, una tarima o plataforma donde estaba la asamblea, más tarde empleado para designar un tribunal (Mt. 27:19; Jn. 19:13; Hch. 12:21; 18:12, 16, 17; 25:6, 10, 17).
En la antigüedad las puertas de acceso a las ciudades eran el lugar habitual para celebrar juicios, dirimir pleitos y administrar justicia, de ahí la expresión heb. «puerta de juicio» (cf. Dt. 16:18; 17:8; 21:19; 22:15; 25:6, 7; Rut 4:1; 2 Sam. 15:2; 19:8; 1 R. 22:10; Job 29:7; Prov. 22:22; 24:7; Lam. 5:14; Am. 5:12; Zac. 8:16). El homicida involuntario tenía que presentarse a la puerta de la ciudad de refugio y exponer su caso a oídos de los ancianos del lugar (Jos. 20:4).
La razón de esta costumbre se debe a que en las ciudades amuralladas las puertas eran la única vía de acceso, y por tanto lugares muy concurridos; la integridad de los jueces y magistrados parecía más segura ante tan gran concurrencia pública. Con todo, los profetas denuncian la corrupción de los procesos debida al soborno, de modo que los jueces «a los pobres en la puerta hacen perder su causa» (Am. 5:12). «Aborreced el mal, y amad el bien, y poned juicio en la puerta» (Am. 5:15).
En las puertas indicadas, los jueces tomaban asiento (cf. Job 29:7). Magistrados inferiores y jueces superiores plantaban su tribunal en las puertas (Prov. 31:23; Lam. 5:14). Baruc leyó para el libro de Jeremías a oídos de todo el pueblo a la entrada de la puerta nueva del Templo (Jer. 36:10). A veces los reyes tomaban asiento a las puertas para juzgar determinadas actuaciones, p.ej.: «El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, vestidos con sus vestiduras reales, estaban sentados, cada uno en su trono, en la era a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos» (1 R. 22:10; 2 Cro. 18:9). En Neh. 3:31 se hace referencia a «la puerta del Juicio» de Jerusalén, que debía servir de tribunal, aunque no exclusivamente. Después de la construcción del segundo Templo, los juicios eran celebrados por el gran > Sanedrín en el interior del Templo, sin que eso significase la abolición de los tribunales locales a las puertas de las ciudades.
Homero dice que los troyanos se reunían con sus ancianos en las puertas de la ciudad para determinar las causas pendientes (Ilíada, 1, 198ss.; cf. Virgilio, Eneida, 1, 509 ss.). Los atenienses tenían la colina Pnyx, donde se reunía asamblea; eran provistos dos magistrados, uno para la acusación y otro para la defensa. Los romanos empleaban para este efecto la Porta Capena (Juvenal, Satir. 3, 11).
Por analogía se habla del «tribunal de Dios», último tribunal en que todos comparecerán (Ro. 14:10). Se le llama también «el tribunal de Cristo» (2 Cor. 5:10), a quien el Padre ha dado todo juicio (Jn. 5:22, 27; cf. Mt. 25:31). Ante este tribunal, la vida y obra de los creyentes han de quedar manifiestos, para que cada uno «reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o malo». Allí recibirán sus recompensas por su fidelidad al Señor. Todo lo que en sus vidas haya sido contrario a su voluntad les significará una pérdida (1 Cor. 3:15). Véase JUICIO, TRONO.