Diccionario Bíblico

TOBIT

Letra T

Sept. Tobeíth, Τωβείθ, Tobeít, Τωβείτ, Tobit, Τωβίτ; Vulg. Tobias. Uno de los protagonistas del libro de Tobías, también llamado de Tobit.
Era hijo de > Tobiel y padre del joven > Tobias (Tobit 1:1, etc.). El nombre parece corresponder al heb. Tobí, טוֹבִי, que ocurre con frecuencia en tiempos posteriores, y no a Tobiyyah, טוֹבִיָּה. La etimología de la palabra es oscura, puede significar simplemente «mi bondad».
En el libro deuterocanónico de Tobías, es presentado como un piadoso israelita, de la tribu de Neftalí, que fue deportado a Nínive en los días de Tiglatpileser (745–727) o el reinado de Sargón (722–705), aunque hay que tener en cuenta que el autor del libro no pretende ser fiel a los datos históricos, sino ofrecer un relato edificante y ejemplar sobre un trasfondo histórico.
En el destierro, Tobit permaneció fiel a sus deberes religiosos y se dedicó preferentemente a la obra de misericordia de sepultar los cadáveres de sus compatriotas ajusticiados arrojados en una fosa común, junto a los muros de Nínive (Tob. 1:17), para ser pasto de los perros y aves de rapiña (Jer 8:1; 14:16; 29:19). Es la primera vez que en la Biblia se considera como obra de misericordia el dar sepultura a los muertos (2 Sam. 2:4–7). Con el fin de asegurar el honor y el descanso del alma de los muertos (2 Sam. 21:10; 1 R. 14:11; Is. 14:19), era costumbre que, en caso de que los familiares del difunto no pudieran cumplir con este deber, realizaran este acto de misericordia individuos de la misma tribu (1 Sam. 31:11; 2 Sam. 2:4; Ez. 39:13; Eclo. 7:3, 31; 38:16).
Era costumbre denegar la sepultura a los cadáveres de los condenados a muerte, con el fin de que su espíritu no hallara reposo. El monarca comprobó que los cadáveres de los judíos que él había hecho matar, desaparecían. Un ninivita hizo saber al rey que era Tobit quien los enterraba. Al enterarse Tobit de la denuncia, continuó practicando la piadosa obra con más cautela y a escondidas. Pero pronto se enteró de que el rey le buscaba para matarle, por lo cual, temiendo por su vida, buscó refugio en otra parte (1:19–20).
A las penalidades que tuvo que sufrir de parte de los gobernantes y de los que se mofaban de sus obras de caridad, se añade la pérdida de la vista, con la consiguiente imposibilidad de atender a la manutención de su familia y de consagrarse, como hasta entonces, al servicio de los menesterosos. Habiendo dado sepultura a un muerto, Tobit se quedó a dormir en el patio para no contaminar su casa (cf. Nm. 19:22). En lo alto del muro junto al cual se había acurrucado, bajo el alero del tejado, había pájaros (struzia), que dejaron caer sobre sus ojos estiércol caliente, lo que le produjo unas manchas blancas (leukómata). El contacto de los excrementos cargados de sales amoniacales determinó la formación de escamas o manchas blancas en la córnea del ojo, opacándola (11:12) y causando de este modo la ceguera.
Tobit envió a su hijo Tobías a Rages, ciudad de Media, en busca de una suma de dinero que había prestado a un tal Gabael. Ignorante del camino, Tobías se hace acompañar de un apuesto joven, Rafael, que en realidad es un ángel (5:4–9), el cual le salva de ser devorado por un pez de gran tamaño. Según indicaciones del ángel, Tobías descuartiza el pez, separa el corazón y el hígado con la hiel, que pone cuidadosamente aparte; tira las entrañas, y, como se trataba de un pez con escamas, del cual podían comer los hebreos (Lv. 11:9–12; Dt. 14:9–10), asan sus carnes y las comen (6:2–5).
De regreso a casa, Tobías aplica la hiel del pez a los ojos de Tobit su padre, y este recupera la vista. Inmediatamente da gracias a Dios por su bondad (11:9–15).
De entre las virtudes cultivadas preferentemente por Tobit se especifican las siguientes: la oración, el ayuno y la limosna (14:3–11). Las tres son como el compendio de las obligaciones para con Dios, para consigo mismo y para con el prójimo. A semejanza del patriarca Jacob (Gn. 49:32), Tobit dictó sus últimas recomendaciones a su hijo desde el lecho donde yacía por razón de su vejez extraordinaria, falleciendo tan pronto como terminó de inculcar a su hijo la práctica de la limosna, que había sido la virtud principal de toda su vida (14:11). Véase RAFAEL, TOBÍAS, Libro de.