Diccionario Bíblico
TOBÍAS-TOBIT, Libro de
Letra T
En la Sept. el libro es llamado simplemente Tobit, Τωβίτ, o Tobeít, Τωβείτ. Posteriormente, la frase con la que comienza la obra, Biblos logon Tobit, Βίβλος λόγων Τωβίτ, «libro de las palabras de Tobit», fue tomada por título; lat. Liber Thobis.
1. Autor y época.
2. Texto original.
3. Canonicidad.
4. Doctrina.
5. Contenido.
I. AUTOR Y ÉPOCA. No sabe nada acerca del autor de este libro; tampoco el texto ofrece indicios suficientes para identificarlo. Se presenta como un judío versado en la historia sagrada, que posiblemente vivió después de la cautividad. La fecha y el lugar de composición son dudosos: algunos afirman que fue escrito en Egipto entre los siglos IV y III a.C., mientras que otros se inclinan por el siglo II a.C. o los comienzos del siglo I a.C. (entre el 200 y el 50 a. C.) en Palestina. Esta última fecha se enfrenta a la dificultad de que en las páginas del texto no aparece ninguna de las preocupaciones político-religiosas de entonces, internas o externas. De lo que no puede haber duda es que fue escrito antes de la rebelión macabea. Su idioma original, como el de todos los libros de este período, parece ser el hebreo o el arameo, como lo prueban los muchos semitismos presentes en el libro.
II. TEXTO ORIGINAL. Se conserva en su traducción griega, latina, siríaca, judeo-aramea y dos versiones hebreas tardías. Las traducciones griegas no lo han transmitido de modo uniforme. Entre los códices hay dos formas, con frecuencia bastante diferentes: por una parte, el Vaticano y el Alejandrino, por otra el Sinaítico. Los primeros dan una versión breve; el Sinaítico, una más larga, con tendencia parafrástica, con la cual coinciden los fragmentos arameos y hebreos, y que se considera actualmente la más cercana al texto original. En el Sinaítico faltan las secciones 4:7–19 y 13:8–11. Este texto es la base usada para las traducciones latinas a partir de la Vetus latina, que ocupa un lugar intermedio entre la corriente breve y la amplia, lo que permite deducir que el traductor tuvo ante sí ejemplares griegos representantes de las dos corrientes, decidiéndose por una o por otra, según juzgaba conveniente. San Jerónimo lo tradujo sin mucha convicción en versión libre a partir de un manuscrito arameo, hoy perdido, que a su vez le fue traducido al hebreo por un rabino.
En Qumrán se han encontrado fragmentos del libro en arameo e incluso en hebreo que apoyan la versión del Sinaítico. Otros textos en hebreo o arameo que se han encontrado parecen más bien ser traducción del griego.
Las versiones más antiguas conocidas del libro de Tobit son varios fragmentos en arameo (4Q196 a 4Q199) y uno hebreo (4Q200) que fueron encontrados entre los manuscritos del mar Muerto.
III. CANONICIDAD. El libro no está recogido en el canon judío palestinense, aunque goce de respeto ancestral por los valores que contiene. La negación judía de su inspiración determinó su impugnación a través de los siglos dentro del cristianismo. San Jerónimo, influido por ambientes rabínicos, lo consideró como un libro edificante, pero no inspirado (PL 29:23–24). Las iglesias católica, ortodoxa, armenia, copta, etíope, y las demás confesiones orientales históricas, defienden su valor canónico, sagrado, divino e inspirado, clasificándolo entre los > deuterocanónicos. En las Biblias católicas va después de Nehemías y antes de Judit. El protestantismo, aunque generalmente admite que este, como los otros libros llamados > apócrifos, tiene material de mérito literario y de valor histórico. Son escritos que «la iglesia debe leer como ejemplo de vida e instrucción de comportamiento, pero que no deben ser utilizados para establecer doctrina alguna» (Declaración de los 39 Artículos, art. VI).
IV. DOCTRINA. Se ha dicho que el libro de Tobit es una condensación de la teología judía tradicional, y su personaje principal, Tobías, «la encarnación del observante judío de la diáspora» (G. Ravasi). Ilustra cómo tiene que comportarse un judío ejemplar que vive en la diáspora, en medio de un mundo pagano.
El fin religioso primario del libro es poner de manifiesto la > providencia de Dios en relación con la > retribución del justo en esta tierra. El autor profesa la teología tradicional: «Si obras rectamente, tendrás éxito en tus empresas» (4:6); «haced el bien, y no os ocurrirá ninguna desgracia» (12:7); pero esta doctrina está atemperada por la ineludible realidad del sufrimiento del justo. También los justos experimentan temporalmente calamidades físicas y morales, hasta el punto de desear la muerte. Los males del justo se explican como pedagogía purificadora y providencial de Dios. Las desgracias son solamente pruebas enviadas por Dios para acrisolar la virtud. Dios escucha la oración de los piadosos y acude en su auxilio, de modo que, tarde o temprano, recuperarán su bienestar perdido.
La universalidad del Dios de Israel está presente en toda la narración. Dios no queda limitado por las fronteras del pueblo elegido, sino que se le puede servir también en el destierro.
La angelología da un paso importante en el libro de Tobías. Por vez primera se habla aquí de los ángeles que tienen entrada ante la majestad de Dios, que le asisten y presentan las oraciones de los justos (12:12–20; cf. Ap. 8:2). A fin de poner término a los males de Tobit y Sara, Dios mandó a > Rafael para que los cure (12:14). En el viaje señala al joven Tobías la virtud de la hiel y del hígado, remedios eficaces contra la enfermedad de los ojos que padecía su padre; el hígado y el corazón del pez, puestos sobre las brasas, tienen la virtud de paralizar a > Asmodeo, un demonio maligno. Finalmente, Rafael se presenta a Tobit como ángel mediador, que le asistía «cuando enterraba a los muertos». Es la primera vez que se habla de la categoría especial de los siete ángeles, que se mencionan de nuevo en Ap. 8:2. El nombre de tres consta en el AT: Miguel (Dn. 10:13–21; 12:1; 1 Tes. 4:16; Jue. 9; Ap. 12:7), Gabriel (Dn. 8:16; 9:21; Lc. 1:19) y Rafael (Tob. 3:17; 12:15); los de los otros provienen del libro IV de Esdras y de Henoc.
La > limosna ocupa un lugar muy importante en el libro (4:7–11; 12:9). Tobit inculca particularmente a su hijo esta práctica, que ha constituido la nota característica de toda su vida (1:3, 16; 2:2–14; 12:8). La limosna, según el texto, libra de la muerte y del sheol, expresiones estas últimas que deben tomarse en sentido sinónimo (12:9; 14:10–11; cf. Prov. 10:2; 11:4; Dn. 4:24). Tobit insiste en el deber de proveer a las necesidades de los que tienen hambre y no tienen con qué cubrirse. Lo sobrante de los bienes de fortuna de que dispone pertenece en cierta manera al pobre, a quien debe entregárselo alegremente (4:16–17).
V. CONTENIDO. Tobit es un israelita de la tribu de Neftalí, deportada a Nínive, hombre piadoso, extremadamente observante de la Ley, y caritativo (1:3–8). Estaba casado con una mujer de su tribu, llamada Ana, y tenían un hijo, Tobías. Por su extremada piedad, Dios lo bendijo, concediéndole el favor de Salmanasar, y Tobit llegó a ser procurador suyo en Media, logrando una importante fortuna. Luego, bajo el reinado de Senaquerib, su suerte cambió. Fue denunciado ante el rey por haber enterrado los cuerpos de algunos compatriotas ejecutados, y el monarca, en represalia, determinó matarlo. Tobit tuvo que escapar con su familia, y todos sus bienes fueron confiscados.
Bajo el reinado de Asarjaddón, Tobit pudo regresar a Nínive, donde siguió practicando fielmente la Ley de Dios y la caridad con sus hermanos. Pero un día, al caerle excremento de gorriones en los ojos, queda ciego. Su mujer tuvo que salir a trabajar. Tras regañarla injustamente pensando que había robado un cabrito, ella se enoja y le reprocha su suerte: «¿Dónde están tus limosnas y tus buenas obras? ¡Ahora se ve todo bien claro!» (2:14). Tobit, agobiado por los sufrimientos, suplica a Dios que lo haga morir (3:1–6). Al mismo tiempo, el libro narra la historia de Sara, la hija de un pariente de Tobit llamado Ragüel, que vivía en Ecbáctana.
La historia comienza cuando una de las esclavas de Ragüel insulta a Sara, riéndose de su infortunio: la joven se había casado ya siete veces, pero el demonio Asmodeo había matado a los siete maridos antes de que llegasen a unirse con ella. La joven había pensado en ahorcarse, pero desistió por no ocasionar tristeza a su padre, y eleva a Dios una súplica angustiada, pidiéndole que ponga fin a sus días o a su humillación (3:11–15). Dios escucha la oración de Sara y de Tobit, y envía al ángel Rafael a curar a ambos (3:16–17). El joven Tobías será el actor principal en las escenas siguientes:
Su padre le da prolijos consejos, que hacen del cap. 4 una pequeña colección de proverbios sobre las buenas obras. Luego lo envía a recuperar una suma importante dejada en depósito a un cierto Gabael en las lejanías de Media (5:1–3). Entonces Rafael, bajo el nombre de Azarías, se ofrece a servir de guía al joven (5:4–22), y ambos parten, en medio de las angustias y los temores de la madre de Tobías (5:18–20). El ángel, yendo de camino, enseña a Tobías los remedios contra la ceguera de su padre (6:3–9) y le pondera los encantos de su prima Sara, en cuya casa van a alojarse, y lo invita a que la pida por esposa, recordándole que a él le corresponde desposarla según la Ley de Moisés (6:10–14). Tobías, que conocía lo que sucedía con los hombres que intentaban unirse a ella, no quiere pedir su mano. Rafael, entonces, le indica cómo contrarrestar los maleficios del demonio Asmodeo (6:14–18).
Tobías, llegado a Ecbátana, se apresura a pedir la mano de su prima (cap. 7) y, con gran estupefacción de los padres, que ya habían hecho cavar una tumba por si acaso (8:9b–12), la primera noche transcurre sin accidentes. Dos semanas de regocijos no parecen demasiado para festejar a los felices esposos (8:20). En el intervalo, el mismo Azarías va a recuperar el dinero y vuelve con Gabael (cap. 9).
Durante este tiempo, en Nínive, Ana y Tobit se preocupan viendo que no regresa su hijo; así pues, Tobías acelera la partida y emprende el camino de vuelta con su esposa, todavía guiado por el ángel. La alegría del regreso llega a su clímax cuando Tobías devuelve la vista a su padre gracias al remedio que le había indicado Rafael. Nuevos regocijos se prolongan para festejar a los jóvenes esposos (caps. 10–11).
Rafael revela su identidad antes de desaparecer, no sin antes dar en forma de proverbios nuevas enseñanzas sobre las buenas obras; finalmente, invita a sus oyentes a dar gracias a Dios (cap. 12). Tobit se apresura a cumplir este deber con un himno que se extiende en visiones proféticas sobre la gloria futura de Jerusalén (cap. 13). El final del anciano es como el de los patriarcas. En su lecho de muerte revela a su hijo el porvenir, le recomienda la piedad filial, la práctica de las buenas obras y el temor de Dios (14:1–11).
Tobías, después de haber prestado a su padre y luego a su madre los últimos deberes, se traslada a Ecbátana para rodear allí de las mismas solicitudes los últimos días de sus suegros. Él mismo muere colmado de días, después de haber tenido el consuelo de ver realizadas las profecías de padre (14:12–15). Véase ÁNGELES, LIMOSNA, PROVIDENCIA, RETRIBUCIÓN.

