Diccionario Bíblico
TIPOLOGÍA
Letra T
Del gr. typos, τύπος = «sello, forma», en sentido abstracto, «modelo, imagen, figura»; lat. figura. Término usado por los exegetas bíblicos para denotar el uso particular que el NT hace del Antiguo. Representa una de las modalidades interpretativas fundamentales de la Biblia, que es posible observar en la hermenéutica de los judíos y de los apóstoles, seguidos por la exégesis patrística posterior. Toda vez que la Escritura es considerada sagrada e inspirada por Dios, cada texto, relato o historia, es tomado por indicio de realidades futuras, de un género análogo, pero de mayor significación. La hermenéutica, y también la homilética del período neotestamentario, está plenamente convencida de que algunos objetos, personas o acontecimientos, aparte de su significado inmediato, contienen otro sentido que vá más allá, lo cual se interpreta teológicamente como ordenado y dispuesto providencialmente por Dios para significar anticipadamente unas verdades análogas, pero elevadas a un plano superior. En modo alguno esto puede significar que el sentido típico represente un sentido extraño a los textos bíblicos, diferente y hasta opuesto al sentido literal, sino un significado más pleno que, por disposición providencial, en sentido cristiano, procede a partir de sujetos e instituciones de la historia judía como vía preparatoria y mensaje figurado del misterio de la salvación en Cristo. No se trata de una modalidad deducida o impuesta por la teología eclesial, sino que tiene su fundamento en la misma Escritura, tanto del AT como del NT, la cual se amplía en la exégesis cristiana sucesiva, teniendo en cuenta esto, «que el sentido típico del AT no concierne directamente a la exégesis de los libros sagrados, sino a la reflexión teológica sobre las cosas del AT» (P. Grelot).
Esta práctica se remonta indudablemente al mismo Jesús y a sus discípulos, los cuales consideran la historia y texto del AT como «tipo», typos, τύπος (1 Cor. 10:6, 11), «sombra», skiá, σκιά (Heb. 10:1; Col. 2:17), «alegoría», allegoría, ἀλληγορία (Gal. 4:24), o incluso «parábola», parabolé, παραβολή (Heb. 9:9; 11:19), de la historia y doctrina concerniente a Cristo. Una y otra vez, Jesús aparece en los Evangelios señalando el cumplimiento de las Escrituras del AT en su propia vida y afirmando que estas dan testimonio de él (Mt 21:42; 22:29; 26:54; Mc. 12:24; 14:49; Lc. 24:27; Jn. 5:39; cf. Hch. 10:43). Ello conduce a los autores apostólicos a hacer una lectura de corte espiritual y simbólica de toda la tradición religiosa que les precede. No se trata propiamente de una lectura tipológica formal, sino más bien analógica. Se buscan analogías en personas, nombres, acontecimientos y objetos, que sirven para poner en relación dos realidades que pertenecen a diversos contextos cronológicos. Esta era una práctica común en la interpretación judía de la época. Se pueden descubrir precedentes en el mismo AT, al observar en los profetas la interpretación de corte tipológico de los sucesos del Éxodo y el desierto, para actualizar la relación primitiva entre Dios y su pueblo (cf. Is. 40–55; Jer. 16:14–15; 31:31–34; Os. 2:17). La cristología del NT procede de modo tipológico. Jesús es interpretado en relación tipológica con algunos relatos del AT, a saber, la persona de Jonás en el vientre del cetáceo como tipo de su permanencia en las entrañas de la tierra (Mt. 12:39); el maná como figura de Jesús, Pan de Vida (Jn. 6); la serpiente de bronce, figura anticipada de la cruz y su efecto salvífico (Nm. 21:8; Jn. 3:14); el cordero pascual, figura de su inmolación (Ex. 12:46; Jn. 19:36). A la salida de Israel de Egipto corresponde la salida del Jesús infante de Egipto (Os. 11:1; Mt. 2:15).
La definición paulina de Adán como «tipo», typos, τύπος, o «figura» de Jesucristo, el «antitipo», antítypon, ἀντίτυπον (Ro. 5:14), establece una conexión histórica entre dos personas, en la que una representa el pasado, el tipo, la huella dejada, y la otra el presente, desde el cual el pasado es iluminado. El acento, por tanto, recae en el antitipo; por eso, en la relación tipológica entre Adán y Cristo, el peso de la demostración no recae en Adán en cuanto tipo, sino en Cristo, que representa su antitipo. El mismo procedimiento se observa en otro pasaje que, partiendo del bautismo cristiano, lee el paso por el mar Rojo en clave bautismal, en base a la fácil analogía del agua que el pueblo hubo de atravesar y la nube que les guiaba en el desierto (1 Cor. 10:1, 2), y que por la misma razón puede rertrotraerse hasta las mismas aguas del diluvio (1 Pd. 3:21).
La patrística, que siguió los pasos dejados por la lectura apostólica del AT, ahondó en el método tipológico, en principio llamado indistintamente espiritual, místico, alegórico y simbólico, términos que solo estudios posteriores fueron distinguiendo. En la alegoría, p.ej., se buscan múltiples sentidos a partir del acontecimiento único y original, mientras que en la tipología se establece una correspondencia histórica entre un suceso anterior y otro posterior.
Teológicamente hablando, el sentido típico radica en las cosas y es únicamente conocido por Dios, desconocido por el autor sagrado, y solo puede detectarse por una revelación posterior, que para el cristianismo se da en Jesucristo, de modo que solo la centralidad de la vida y mensaje de Cristo es el criterio válido de la tipología del AT. Este, naturalmente, no queda «deshistorizado» por la tipología cristiana —sin olvidar que el AT representa ya una lectura teológica de la historia de Israel—, sino que adquiere un significado más profundo y real en línea con esa historia de la salvación que forma su trama, y que avanza hacia su plena realización en Jesucristo. Véase ALEGORIA, INTERPRETACIÓN, SÍMBOLO.

