Diccionario Bíblico
Texto Del Nuevo Testamento
Letra T
El Nuevo Testamento se escribió en un período de cien años. El lenguaje original en el que se escribió fue el griego. Esta parte de la Biblia nos habla de la venida de Cristo, su vida y ministerio, y el crecimiento de la iglesia primitiva.
El Problema
La finalidad de todo estudio del Nuevo Testamento debe ser proporcionarnos un conocimiento cada vez más profundo de la Palabra de Dios y de los métodos que permitan presentar eficazmente su mensaje. Para realizar tal finalidad es imprescindible la tarea de reconstruir, en la forma más exacta posible, el texto del Nuevo Testamento. Esta ciencia textual se ha llamado «crítica baja» para distinguirla de la «crítica alta», que tiene que ver más bien con las presuposiciones de los autores bíblicos. (→ Crítica bíblica.)
Lamentablemente, las copias originales, o autógrafas, del Nuevo Testamento se perdieron en fecha bastante remota, pues estaban hechas en frágil → Papiro. De los siglos I al III d.C. solo conservamos fragmentos, algunos de inmenso valor crítico, del texto del Nuevo Testamento. Los manuscritos completos del Nuevo Testamento solo se remontan a la segunda mitad del siglo IV, época en que se comenzó a usar el → Pergamino para copiar los textos bíblicos.
Una clasificación hecha en 1963 cuenta 76 papiros, 250 códices mayúsculos o unciales, 2.646 códices minúsculos o cursivos y 1.997 leccionarios o textos empleados en las lecturas de los cultos cristianos durante los primeros siglos. Ninguna otra obra literaria de la antigüedad se ha copiado tanto como el Nuevo Testamento. Es natural entonces que encontremos en esta inmensa masa de manuscritos un número impresionante de variantes, más de 250.000. Además, solo una pequeña porción de esos miles de manuscritos, por cierto los más antiguos, se han estudiado y coleccionado cuidadosamente. Falta mucho para que algunos pasajes textuales inciertos sean del todo esclarecidos. Estos sin embargo, constituyen solo una milésima parte de la totalidad del Nuevo Testamento y en ningún caso afecta una doctrina básica.
La crítica textual intenta reconstruir el estado primitivo de un texto del que solo se poseen copias que pueden contener variaciones. Las alteraciones del texto se pueden reducir a cuatro categorías: las omisiones, las añadiduras, las alteraciones y las inversiones.
Una omisión puede afectar a una letra, una sílaba, una palabra o todo un grupo de palabras. El problema inverso, la añadidura, puede producirse por la semejanza de una letra, o por la incorporación en el texto de alguna nota marginal, sílaba o palabra con otra. Las inversiones producen cambios en palabras, frases o versículos (por ejemplo, «Cristo Jesús» por «Jesucristo»).
Algunas alteraciones son involuntarias y otras intencionales. Las primeras pueden producirse por defectos visuales, acústicos o de memoria. Un copista, conociendo de memoria un texto determinado, podía sustituir involuntariamente otro pasaje paralelo por el que tenía delante. Los cambios intencionales pueden ser debido a preocupaciones de orden literario-gramatical o de estilo, deseos de armonizar textos paralelos o citas con los del Antiguo Testamento, o debido a prejuicios o posiciones doctrinales, ya para evitar alguna dificultad ya para evitar afirmaciones doctrinalmente comprometedoras para el copista o sus lectores.
Las dificultades con las que se enfrenta la crítica textual son enormes. No sabemos cuántas copias se hicieron de un texto entre la redacción original y los manuscritos que hoy poseemos; ni qué era lo que pensaban el autor del texto o los copistas. Hay factores históricos y sicológicos que actuaron en el proceso y a los que conviene atender.
A veces descubrimos la mano de uno o más correctores que alteraron el manuscrito y reconocemos en algunas correcciones la intención de armonizar un manuscrito con otros. Este proceso aplicado a muchos manuscritos se llama «recensión» y trata de eliminar las divergencias.
Cuando una de estas recensiones llegaba a adquirir cierta autoridad, ya sea por prestigio de quienes la habían realizado o por la oficialización eclesiástica, de ella se derivaba toda una serie de copias sucesivas. Estas formaban una «familia» de manuscritos con las mismas características. Cada una de las familias que discernimos hoy presupone la existencia de un manuscrito básico, ya desaparecido.
Y para complicar el problema del investigador moderno, un copista pudo haber trabajado con más de un texto. Al comparar un manuscrito con otro, tomaba lo que le parecía mejor. Esto dio origen a las «contaminaciones».
Se comprende cuán difícil es establecer las interrelaciones entre los diferentes manuscritos. ¿Cómo distinguir los textos de la familia A contaminados por los de la familia B de los que se derivan exclusivamente de B? ¿Cómo descubrir el texto básico del cual se derivan los demás?
Para hacer frente a este problema es necesario conocer bien la crítica textual y la historia del texto griego del Nuevo Testamento. Un mejor conocimiento de las culturas del antiguo Oriente y de sus lenguas nos ha ayudado en tal tarea.
Historia Del Texto Griego
La historia del texto del Nuevo Testamento puede dividirse en dos períodos: desde el siglo I hasta la invención de la imprenta en el siglo XV; y desde el siglo XV hasta el día de hoy. El primer período se caracterizó por una serie de ensayos de revisión para depurar el texto de las alteraciones que ya en el siglo II habían aparecido. El segundo se caracteriza por la publicación de ediciones cada vez más perfeccionadas en virtud de la aplicación de la ciencia de la crítica textual.
Las principales fuentes del texto se clasifican en:
Ostracon
Pequeñas piezas de barro cocido usadas como material de escritura (se empleaban frecuentemente para emitir el voto en sentencia de destierro, de aquí se deriva la palabra ostracismo). Contienen menos fragmentos del Nuevo Testamento y por lo mismo carecen de valor para la reconstrucción del texto.
Papiros
Aunque no son muy numerosos, son de inmenso valor para la historia del texto del Nuevo Testamento debido a su gran antigüedad. En conjunto datan del siglo II al VIII, si bien más de la mitad provienen de los siglos III y IV. Los más importantes son:
La colección Chester Beatty, compuesta por los papiros p45, p46, p47. Se escribieron en el siglo III y contienen respectivamente: epístolas paulinas, fragmentos de los Evangelios y Hch, y Ap 9:10–17:2. El p46 tiene la particularidad de colocar a Heb entre Ro y 1 Co.
El p52, es un fragmento del Evangelio de Juan encontrado en Egipto. Es el papiro más antiguo encontrado hasta la fecha, data de ca. 140 d.C., contiene Jn 18:31ss,37s. Es propiedad de la Biblioteca John Rylands, de Manchester, Inglaterra, por eso se llama Papiro Rylands.
Los p66 y p67, llamados también Bodmer II y Bodmer III, datan del año 200 d.C., y aunque son un texto muy corregido por el copista son de suma importancia para el estudio del Evangelio de Juan pues lo contienen casi íntegro.
Los grandes códices
Encuadernados en forma de → Libro, forman la serie más numerosa de testimonios del texto del Nuevo Testamento. Son de inmenso valor por ser testimonios directos del texto original al cual reproducen más o menos fielmente. Se conservaron bien porque están hechos en pergamino. Los códices se dividen en unciales (escritos en letras mayúsculas gruesas, no ligadas, sin espacios entre las palabras y sin puntuación) y minúsculos (escritos cursivamente en letras minúsculas). Los unciales prevalecían entre los siglos III y VIII; los minúsculos a partir del siglo IX. Hay más de doscientos unciales o fragmentos de ellos; esto es significativo si se toma en cuenta que ni de la Ilíada ni de la Odisea de Homero hay ningún uncial, y que el manuscrito más antiguo es un minúsculo del siglo X; de Platón hay dos o tres manuscritos del siglo X. Muchos de los códices reciben el nombre del lugar en que aparecieron o del lugar en donde están actualmente. Se designan con una combinación de letras o de números, según sea el sistema que se use para clasificarlos.
Los códices más apreciados son:
1. Vaticano = B: Compuesto en la mitad del siglo IV, probablemente en Alejandría o en Cesarea de Palestina. Contiene ambos Testamentos y los apócrifos excepto Macabeos; lamentablemente perdió las epístolas pastorales, parte de Hebreos y Apocalipsis. Los críticos lo consideran como esencial para la crítica textual. Lleva tal nombre porque apareció en la biblioteca del Vaticano.
2. Sinaítico = álef: De extraordinario valor por contener el Nuevo Testamento en su totalidad. Se escribió a principios del siglo IV probablemente en Alejandría, como el Vaticano, con quien comparte muchas particularidades. La historia de su descubrimiento en Sinaí por Von Tischendorf es fascinante.
3. Alejandrino = A: Del siglo V, escrito en Egipto. Contiene ambos Testamentos pero con muchas lagunas. Incluye las cartas 1 y 2 de Clemente de Roma. Su texto de los Evangelios es la etapa más antigua del llamado «Texto Koiné», base de la versión RV.
4. Ephraemi Rescriptus = C: Se escribió en el siglo V en Egipto. En el siglo XII borraron este pergamino para copiar sobre él los escritos de San Efrén (de ahí su nombre). El texto bíblico fue restaurado por Tischendorf mediante métodos químicos. Contiene fragmentos del Antiguo Testamento y la mitad del Nuevo Testamento.
5. Beza (también llamado Cantabrigense) = D: Es el códice bilingüe más antiguo que se conoce (siglo VI). Contiene los textos griego y latino de los sinópticos, fragmentos de Juan y Hechos. Su característica bilingüe afecta al texto por la tendencia a armonizar el griego con el latín o viceversa.
En cuanto a los códices cursivos podemos decir que existen más de 2.000 bien catalogados. Los que provienen de una buena copia son de mucho valor para la crítica textual, pues presentan un texto mucho más antiguo y mejor conservado que el de muchos unciales. Unos 50 cursivos contienen el Nuevo Testamento íntegramente. Datan del siglo VIII en adelante.
Las versiones o traducciones
Son testigos indirectos del texto original, pero no por ello menos importantes. A veces representan un texto más antiguo que el de los códices; pero para que tengan valor crítico debe haber la seguridad de que conservan el texto tal como salió de las manos del autor; solo así es fiel reflejo del texto original. Las versiones más importantes son:
1. Del siglo II, la Siríaca y la Latina Africana.
2. Del siglo III, la Latina Itálica y la Copta Saídica.
3. Del siglo IV, la Vulgata y la Gótica.
4. Del siglo V, la Siríaca Peshita, la Etiópica y Armenia.
Las citas de los escritores eclesiásticos o Padres de la Iglesia
Actualmente los críticos conceden gran importancia a estas citas que datan de los siglos II y III (de Ireneo, Clemente de Alejandría, Orígenes, Tertuliano y Cipriano), no solo por la abundancia sino por la antigüedad que presuponen. Sin embargo, su valor crítico disminuye bastante por el hecho de que casi siempre citan el Nuevo Testamento de memoria, y esto introduce cierta inseguridad en la transmisión del texto.
Uno de los aportes más impresionantes de la crítica textual moderna ha sido la clasificación de la enorme masa de manuscritos del Nuevo Testamento en las llamadas «familias» textuales. J.A. Bengel fue el primero en distinguir dos familias de códices: la asiática y la africana. Posteriormente, J.J. Griesbach estableció tres familias distintas: la alejandrina, la occidental y la bizantina. Luego, B.F. Westcott y F.J.A. Hort distinguieron cuatro familias: la alejandrina, la siríaca, la occidental y la neutral. Hoy día, la mayoría de los críticos distinguen las siguientes cuatro familias textuales: La occidental, representada por el códice D; la Neutral representada por el códice B; la Cesariense representada por el códice C; y la Antioqueña, representada por el códice A.
En los siglos II y III, el texto de la familia occidental estaba muy difundido por todas partes. Lo utilizaron Justino Mártir, Ireneo y Clemente de Alejandría; aparece en p37 y p38, y sirvió de base para la versión Antigua Latina. Para el siglo IV había ya desaparecido. A comienzos del siglo III apareció en Egipto, posiblemente en Alejandría, la familia Neutral. Los principales códices de esta familia son el Vaticano y el Sinaítico. Al parecer es la que representa el texto más libre de impurezas y manipulaciones, aunque no está libre de cierta tendencia armonística.
En la lucha por imponerse entre la familia D y la B, apareció en Cesarea de Palestina un texto conciliatorio. La familia Cesariense la utilizó Orígenes en sus últimas obras; sus principales notas derivan de las familias D y B, a las cuales trata de armonizar. Por último, a principios del siglo IV apareció en Antioquía otra forma que desplazó a la Neutral. En esencia era el texto de la familia B pero retocado estilísticamente con el propósito de alcanzar al mundillo literario de la época.
Principios Elementales de Crítica Textual
La tarea fundamental de la crítica textual es doble. Por un lado se dedica a coleccionar, clasificar y estudiar los miles de manuscritos griegos, versiones y citas del Nuevo Testamento existentes hasta ahora. Por el otro, pretende desarrollar una teoría y métodos de investigación que permitan juzgar correctamente entre las múltiples variantes de un determinado texto.
Para realizar esta doble tarea no basta el empleo de técnicas aplicables en la investigación de cualquier documento de literatura antigua. El investigador cristiano trabaja con documentos estrechamente ligados a hechos históricos que configuran las grandes expresiones doctrinales del Nuevo Testamento. El investigador del Nuevo Testamento se convierte, en realidad, en un historiador del pensamiento cristiano. La actitud del crítico hacia la Escritura se condiciona por su formación religiosa, por el lugar y el tiempo en el cual vive, pero a la vez el crítico trata de emplear criterios científicos y objetivos. El crítico textual no debe pedir a la dogmática, por ejemplo, que le oriente en su juicio sobre determinado texto. En consecuencia, no debe apoyarse ni rechazarse ninguna variante solo por razones doctrinales.
La crítica textual aplica a una determinada variante los criterios externos e internos que están en favor o en contra. Por criterios externos se entienden los relacionados con los manuscritos griegos, versiones o citas que apoyen la variante. La variante mejor apoyada debe ser la más fiel al original. Además, se debe tomar en cuenta la relación que pudiera existir entre un manuscrito y otro. Los manuscritos deben ser confrontados entre sí para poder reconocer cualquier influencia, ya sea de citas paralelas o del Antiguo Testamento. Por último, es importante establecer las relaciones entre las variantes mismas.
Los criterios internos complementan el juicio basado en criterios externos. Por ejemplo, es comprensible que una lección difícil se haya reemplazado con una más fácil. Por esto, la lección difícil se debe tener por más fiel al original. También, la lección más corta es el original, puesto que un texto originalmente corto es más lógico que se amplíe y no lo contrario. El contexto es importantísimo como criterio interno. Una determinada variante debe armonizar perfectamente con él; y aún más, las demás variantes deben explicarse a base de la lección que se ha escogido como original.
Tenemos que reconocer, pues, que no se podrá nunca tener una solución para todos los problemas de la crítica textual del Nuevo Testamento. No obstante, la existencia de tan vasta cantidad de mss, y la seriedad científica que ha habido en su estudio, fortalecen nuestra plena confianza en el texto del Nuevo Testamento tal como lo poseemos hoy.
Las versiones castellanas más leídas (con excepción de la RV y, en parte las dos primeras ediciones de la VP) se han aprovechado de estos avances científicos. Los traductores de la VM y la HA, y los traductores católicos de las versiones BJ, NC, BC y otras, han transmitido en general los resultados de tal estudio, igualmente las versiones producidas por la cooperación interconfesional (la de Taizé y la tercera edición de VP).

