Diccionario Bíblico

TESTIMONIO

Letra T

Del lat. testimonium, vinculado a una prueba, afirmación o comprobación de la verdad de algo, traducción del heb. 5715 eduth, עֵדוּת = «testimonio, ordenanza»; aparece 89 veces en el AT; y del gr. 3141 martyría, μαρτυρία, «declaración de un testigo, testimonio», que aparece 37 veces en el NT; 3142 martyrion, μαρτύριον, «testimonio»; vb. 3140 martyreo, μαρτυρέω = «dar testimonio», aparece 76 veces.
Como la palabra «testigo», «testimonio» pertenece al campo del ámbito legal, jurídico. Tiene tres acepciones principales: a) declaración que hace una persona para demostrar o asegurar un hecho; b) prueba que sirve para confirmar la verdad o la existencia de una cosa, c) documento legalizado en el que se da fe de algo.
El testimonio tiene una función notarial. El ejemplo más antiguo en el AT aparece en Gn. 21:30, cuando Abraham entregó siete corderas a > Abimelec como «testimonio» de que él había cavado un pozo en litigio. Aparece, además, en relación con un «pacto» mutuo (v. 27). «Testimonio» y «pacto» pertenecen al campo de la experiencia humana y sirven para expresar las relaciones fundamentales entre Dios y el hombre. Así como un majano es «testimonio» de la alianza entre Jacob y Labán (Gn. 31:48), unas piedras erigidas en altar, testifican que Yahvé es Dios de los hijos de Rubén y de los hijos de Gad (Jos. 22:34). En los tiempos mesiánicos «habrá altar para Yahvé en medio de la tierra de Egipto, y monumento a Yahvé junto a su frontera. Y será por señal y por testimonio a Yahvé de los ejércitos en la tierra de Egipto» (Is. 19:19–20).
El > Décalogo, en tanto que signo resumen de la > Alianza, es el «testimonio» por excelencia del pacto entre Dios e Israel. Las tablas de piedra se convierten en testimonio material de la alianza de Dios con su pueblo (Ex. 31:18). En otros pasajes, estas tablas son referidas solamente como «el testimonio» (Ex. 25:16); en virtud de ser guardadas en el > arca, esta se llegó a conocer como el «arca del testimonio» (Ex. 25:22), o simplemente «el testimonio» (Ex. 16:34). A veces, el > Tabernáculo, donde se guardaba el arca con las tablas de la Ley, es denominado «tabernáculo del testimonio» (Ex. 38:21; Nm. 9:15; cf. Ap. 15:5).
Por su misma naturaleza, los signos del testimonio proclaman con su sola presencia la realidad y la naturaleza del pacto. Señalan a Dios e indican al pueblo su compromiso de fidelidad, obediencia y justicia. Por esta razón se condena con fuerza el falso testimonio. Yahvé, el Dios de la alianza, es un Dios veraz, fiel (Dt 7:9: 32:4), y espera una respuesta de fidelidad entre todos y cada uno de los miembros de su pueblo, especialmente en los juicios, cuando lo que está en juego es el buen nombre y la vida del prójimo. «Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas. Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Yahvé» (Zac 8:16–17). El falso testimonio, entre otros vicios, contamina al hombre, dirá Jesús (Mt. 15:20).
En el juicio de Jesús, las autoridades religiosas buscaron testimonio contra él para entregarle a la muerte, pero no lo hallaron, «porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban» (Mc. 14:55).
En el cuarto Evangelio, el concepto de «testimonio» juega un papel muy importante en su presentación de la historia de Jesús. > Juan Bautista aparece como testimonio de la luz, que es Cristo (Jn. 1:6–7, 32). Jesus mismo habla frecuentemente del testimonio que él da de la verdad, confirmada por el Padre y por las Escrituras (Jn. 3:11, 33; 5:31–39; 7:7; 8:13–18; 18:37). El testimonio del Padre es para él el sello de su verdad: «Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero» (Jn. 5:32, 37; cf. 8:16–18; 1 Jn. 5:9).
El Espíritu Santo da testimonio de Jesús (Jn. 15:26) y lo hace por medio de los apóstoles que han estado con él desde el principio (v. 27). El descenso del Espíritu Santo sobre los gentiles es el testimonio divino de su admisión en el nuevo pueblo de Dios (Hch. 15:8). Los mártires son aquellos que han «sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían» (Ap. 6:9; 12:11; 20:4). Véase ALIANZA, DECÁLOGO, FIDELIDAD, MÁRTIR, TESTIGO.