Diccionario Bíblico

TESTAMENTO, Género literario

Letra T

1. Literatura intertestamentaria.
2. El género «testamento».
3. Testamentos en el AT.
4. Testamentos en el NT.
5. Testamentos en la literatura apócrifa.
I. LITERATURA INTERTESTAMENTARIA. Los testamentos son literatura intertestamentaria. El «discurso de adiós», la «escena de despedida» o, simplemente, los «testamentos», son tres formas distintas de denominar un género de la Sagrada Escritura y de la literatura extrabíblica que se conoce como «género testamentario». Los «testamentos» que han llegado hasta nosotros a través de la literatura bíblica y fundamentalmente apócrifa, son obras que tienen como denominador común un trasfondo apocalíptico que caracteriza a toda la producción de la época. A nivel general podemos afirmar que los testamentos pertenecen a ese momento —difícil de precisar cronológicamente— en el que se sitúan una amplia serie de escritos de estilo bíblico que no han entrado a formar parte del canon (judío o cristiano) y que se sitúa entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el momento de la historia de Israel que denominamos > Período Intertestamentario, con sus propias y determinadas características. El trasfondo apocalíptico —común en todos los testamentos que han llegado hasta nuestros días— es una de las características más notables de la literatura intertestamentaria. Todas estas obras han sufrido diversas modificaciones y actualizaciones, lo cual dificulta su datación cronológica. Los textos originales son muy antiguos, y a lo largo de diferentes épocas sufrieron toda clase de interpolaciones, primero de los mismos judíos y, finalmente, de los primeros cristianos, y así han llegado hasta nosotros.
II. EL GÉNERO «TESTAMENTO». Las obras consideradas testamentos o discursos de adiós, tienen en común una serie de características que las convierten en un género propio y particular con una estructura similar y una misma atmósfera que se mantiene como telón de fondo en cada una de ellas. Este trasfondo común hace que hoy podamos hablar de los testamentos como un género literario.
1. Intencionalidad. Las obras testamentarias narran los últimos momentos de la vida de destacados personajes de la tradición israelita, y desarrollan una exhortación de carácter moral cuyos primeros destinatarios son sus descendientes. El testamento es, por tanto, un género de carácter narrativo que describe la herencia espiritual que el creyente recibe de sus antepasados. En cada una de las obras de este género, el autor toma como modelo la personalidad de una figura destacada del AT, pero sin llegar a identificarse con ella, y narra una historia ficticia.
2. Estructura. La estructura de estos escritos es uno de sus signos de identidad. Comienzan con la presentación del personaje en cuestión en el lecho de muerte y se describen, de forma narrativa, algunos de los momentos más destacados de su vida, con carácter doctrinal. De ahí se pasa a una exhortación moral en la que se ofrecen una serie de recomendaciones sobre el comportamiento correcto. Acto seguido se anuncia, con cierto sentido profético, el futuro y las consecuencias de una buena o mala gestión de las obras.
3. Trasfondo. En todas las obras de este género hay un fondo común que las caracteriza e identifica: el apocalíptico, muy habitual en el período intertestamentario, pero especialmente presente en este tipo de discursos de adiós o escenas de despedida, en donde sale a la luz a través de las imágenes y el lenguaje utilizado. La > apocalíptica consiste en la revelación hecha por Dios, directa o indirectamente, sobre la persona a la que se atribuye la obra; sin embargo, esta figura, lejos de presentare como un nuevo profeta, asume el ambiente apocalíptico y, desde esa atmósfera, anuncia el futuro a través de las consecuencias que se derivarán de las acciones de sus descendientes.
III. TESTAMENTOS EN EL AT. El género testamentario se puede encontrar tanto en el AT como en el NT y en la literatura apócrifa. En el AT hay una colección de textos con las características testamentarias antes reflejadas, entre los que destacan:
1. Testamento de Jacob. El final del libro del Génesis contiene el testamento que Jacob deja a sus doce hijos (Gn. 49:1–33). En la narración, los hijos de Jacob están al lado del lecho de muerte de su padre, representando a la totalidad de las tribus de Israel. En el texto bíblico —seguramente uno de los más antiguos de este género— y en sus características, se inspiraron posteriormente muchos de los autores que escribieron sus testamentos o discursos de adiós. El hecho de que el relato no siga con precisión y rigor una estructura fija, propia del género literario (faltan, por ejemplo, las habituales exhortaciones paternales), permite confirmar la hipótesis de su antigüedad, aunque eso no ayude a precisar la fecha de composición del texto, que hay que situar en torno a la época de la primera monarquía.
2. Testamento de Moisés. También al final del libro del Deuteronomio se encuentra otro testamento o discurso de adiós (Dt. 33:1–29). Se trata del testamento de Moisés, quien, a punto de morir, bendice —de la misma manera que lo había hecho Jacob en Gn. 49— a las doce tribus de Israel. La tradición ha identificado las bendiciones de despedida de Moisés con las de Jacob (Gn. 49) y las interpreta como profecía o visión de futuro. La imprecisión de una estructura todavía no determinada permite sospechar que el relato es muy antiguo, tal vez de la época de los Jueces, aunque eso no exime al texto de manos redaccionales posteriores.
3. Testamento de David. El rey, en los instantes inmediatos a su muerte y con motivo de su sucesión en el trono, narra detalladamente los acontecimientos más importantes de su vida, dejando, a modo de legado, una colección de normas y prescripciones primeramente al que será nuevo rey y, posteriormente, a sus descendientes y a todo el pueblo en general (1 R. 2:1–10). La intencionalidad del testamento es la de asegurar la sucesión al trono, de manera que el relato podría titularse: «Historia de la sucesión y testamento de David».
4. Testamento de Josué. Se encuentra al final del libro que lleva su nombre; se trata de la descripción de los últimos instantes de la vida de Josué, cuando, reunidos sus descendientes en torno a su lecho de muerte, escuchan las recomendaciones del anciano y asumen el contenido de sus palabras como herencia y legado (Jos. 23:1–16). Es un relato antiguo (que se puede situar entre los años 650–600 a.C.) en el que se aprecia cómo la estructura del género testamentario está presente en muchos de los elementos y características principales del texto.
5. Testamento de Matatías. El primero de los libros de los Macabeos comienza con un relato que describe los últimos instantes de vida de Matatías, uno de los promotores de la insurrección macabea contra el poder establecido y los judíos renegados. En su testamento, Matatías reúne a sus hijos, que liderarán las revueltas, y les anuncia su muerte inminente exhortándoles con acontecimientos de su vida (1 Mac. 2:49–70). El texto podría haber sido escrito entre los años 120–100 a.C., con lo que podría situarse en el período intertestamentario, época de mayor esplendor de este género literario.
IV. TESTAMENTOS EN EL NT. Influido, sin duda, por corrientes intertestamentarias, el NT contiene una serie de textos que pueden enmarcarse en el ámbito de este género. En realidad, se podría decir que todo el NT es un discurso de adiós o testamento de Dios, que tiene a Jesús como personaje central: Jesús reúne a sus discípulos y seguidores —en tanto que herederos— y, por medio de sus exhortaciones evangélicas, les deja todo su legado. No en vano, para denominar a toda la obra en su conjunto, se recurre al género literario y se le llama Nuevo Testamento. Junto a esta visión general, hay dentro del NT una serie de textos que, a su vez, contienen las características propias del testamento como género literario. Las cartas apostólicas, p.ej., pertenecen al género epistolar, pero no les faltan elementos para formar parte, también, del género testamentario.
1. Primer Testamento de Pablo. Hay muchos textos, localizados en los últimos instantes de la vida de Pablo, en los que el Apóstol exhorta, a modo de despedida, a todos sus seguidores y a los miembros de las primeras comunidades cristianas como sus propios herederos. Sin embargo, tenemos un documento representativo del género en el discurso de despedida que Pablo manda a Timoteo, su hijo en la fe (1 Tim. 4:1–16). Precisamente, la existencia de la segunda carta a Timoteo confirma que este testamento no fue su obra de despedida definitiva, lo que no obsta para que Pablo escribiese el texto utilizando este género literario, tal vez convencido de que aquel iba a ser su último escrito, despedida o testamento.
2. Segundo Testamento de Pablo. En la segunda carta a Timoteo, Pablo instruye a su discípulo Timoteo con todas las características de un testamento. Se trata de la última carta que Pablo escribe a este amigo y colaborador, convencido del peligro que corre su vida, pues siente que va a morir (2 Tim. 3:1–4, 10). La narración paulina conserva todos los elementos y las características de los discursos de adiós de la época, esto es, del período intertestamentario, por lo que puede considerarse el texto como el auténtico «Testamento de Pablo» a Timoteo.
3. Testamento de Pedro. La segunda carta de Pedro, en su totalidad, está catalogada como una epístolatestamento o testamento espiritual, de manera que puede identificarse con este género. El autor considera cercana su muerte y reúne a los suyos para darles las últimas recomendaciones con ejemplos del pasado y previsiones de futuro. Toda la obra sigue el esquema del género literario con exhortaciones y predicciones de la siguiente manera: Saludo (1:1–2); exhortación inicial (1:3–11); recuerdos del pasado (1:12–21); exhortación sobre los falsos maestros (2:1–22); exhortación sobre el Día del Señor (3:1–10); exhortación sobre la vida sana (3:11–16); conclusión (3:17–18).
4. Nuevo Testamento de San Pablo. En el libro de los Hechos, Lucas relata un discurso de Pablo con carácter testamentario: el de Mileto, destinado a los dirigentes de la Iglesia de Éfeso (Hch. 20:17–38). Es un documento sin estructura definida, pero en el que convergen una serie de elementos y características comunes a los escritos de género testamentario. Pablo hace un rápido recorrido por su vida pasada y explica las razones de su cautividad, convencido de que los cristianos de Éfeso no lo verán más. Por esta razón comienza una serie de exhortaciones y consejos de cara al futuro y a la permanencia en la fe.
5. Testamento de Jesús. El acontecimiento de la pasión y muerte de Jesús parecía inminente y el evangelista Juan, a través de la simbología del tiempo y de la > hora, describe el último discurso de Jesús como su propio testamento y legado a sus discípulos y seguidores (Jn. 13–17). Previo al relato de la pasión, el evangelista narra la última cena de Jesús (lavamiento de pies, traición de Judas y las despedidas, el discurso del pan de vida, el anuncio del Paráclito y de su retorno, así como la oración final) como todo un testamento en el que se recogen los elementos y características del género.
V. TESTAMENTOS EN LA LITERATURA APÓCRIFA. El género testamentario tiene su máxima expresión en la literatura apócrifa de la época intertestamentaria. Los siglos II a.C.–II d.C. son los siglos de oro de la creación literaria testamentaria o discursos de adiós. Nos ha llegado una colección de obras que, bajo el título de Testamentos, sigue una estructura y una temática común. Son textos que no han entrado a formar parte del canon de la Biblia y han quedado como documentación paralela que ayuda a comprender los escritos sagrados. Consideraremos brevemente los más destacados. Hay otros escritos que se suelen enmarcar dentro de esta categoría, a saber, El Testamento de Adán, El Testamento de Rebeca, El Testamento de Noé, El Testamento de Amram, El Testamento de Coat, etc., de muy reducidas dimensiones y de autenticidad dudosa.
1. Los Testamentos de los Doce Patriarcas. Bajo este título se agrupa una colección de doce testamentos que llevan los títulos de los doce hijos de Jacob: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Dan, Neftalí, Gad, Aser, José y Benjamín. La totalidad de la obra mantiene, en sus doce documentos, una misma estructura literaria y de contenido, lo que la convierte en el mayor exponente del género literario en la literatura apócrifa intertestamentaria.
Pretende relatar las recomendaciones que cada uno de los doce hijos de Jacob dirigió a sus respectivos hijos antes de morir, con una trama apocalíptica. En ellos aparecen dos mesías: el uno salido de Judá, el otro de origen sacerdotal, como en Qumrán. El origen del libro es discutido. Los críticos antiguos han admitido durante largo tiempo que la obra había sido compuesta desde el principio por un cristiano. Esta tesis ha sido aceptada de nuevo por Jonge, para quien habría habido un redactor cristiano en arameo, de tal manera que los elementos cristianos y judíos de este escrito quedan unidos entre sí. J.T. Milik está de acuerdo con esta tesis y ve una confirmación en el hecho de que no se han encontrado los Testamentos entre los manuscritos de Qumrán, pues los fragmentos arameos del Testamento de Leví son bien distintos del de los doce patriarcas, a los que aquel habría servido de fuente. La tesis clásica comúnmente admitida es que esta obra es de autoría judía, escrita en hebreo o arameo, a la que autores cristianos harían interpolaciones. La semejanza con los escritos de Qumrán lleva a considerar el conjunto del libro como una obra esenia.
2. El Testamento de Job. Siguiendo la estructura del género testamentario, Job siente que va a morir de inmediato y reúne a todos sus hijos para anunciarles su partida, relatarles algunos de los acontecimiento más importantes de su vida y darles los últimos consejos. La obra, un libro amplio de 53 capítulos, es de carácter judío, y todo parece indicar que fue redactada en griego en la época helenística. Los especialistas sitúan la redacción final de la obra en torno al año 60–75 d.C. El Testamento de Job es una de las más representativas de este género en su época. Aborda temas como el de la resurrección, el concepto de Dios y la conversión, para la cual Job es un modelo de conducta. Como telón de fondo hay un tema común al género testamentario, que es el carácter apocalíptico que rodea a la narración.
3. El Testamento de Moisés. Confundido en algunas ocasiones con la Asunción de Moisés, obra de similares características, el Testamento de Moisés intenta dar solución al enigma planteado en el AT: Tras la muerte de Moisés (Dt. 34:5–6) ¿qué pasó con su cuerpo? La pregunta queda sin respuesta, ya que el texto que ha llegado hasta nosotros está incompleto. Sin embargo, las características del escrito nos obligan a situarlo dentro del género testamentario. A la luz de su contenido, podemos situarlo en torno a los años 10–30 d.C., con lo que es, por tanto, contemporáneo de Jesús. Algunos han querido situarlo dentro del marco de la literatura de Qumrán por su estilo y contenido, aunque esta valoración no deja de ser una hipótesis discutible.
4. El Testamento de Abraham. Se trata de una obra de raíces judías, pero con interpolaciones cristianas posteriores. Nos ha llegado en griego en dos ediciones independientes, una más amplia que la otra. Su estilo y contenido permite situarla cronológicamente en el siglo I de nuestra Era, sin poder precisar más. Sigue la estructura habitual que la sitúa dentro del género. El ángel Miguel comunica a Abraham que se acaban sus días y este, inicialmente, se resiste a aceptarlo. Al final, Abraham se presenta ante sus hijos como un modelo de vida a través de sus exhortaciones y prescripciones últimas. El trasfondo apocalíptico es el denominador común de la obra, como sucede con todos los escritos de este género. Temáticamente, destaca la misericordia de Dios en el juicio tras la muerte.
5. El Testamento de Isaac. Como en las obras anteriores, narra la muerte de Isaac con una serie de exhortaciones a Jacob como su descendiente directo y heredero de todo su legado espiritual. Se desconoce en qué lengua fue escrito originariamente, pues nos ha llegado en copto. Se cree que estamos ante una obra tardía; algunos especialistas lo sitúan hacia el año 400 d.C. Su contenido teológico revela la presencia de una o varias manos cristianas que introdujeron en el escrito numerosas interpolaciones, hasta tal punto que hoy resulta muy difícil diferenciarlas. Temáticamente, anuncia los castigos del infierno.
6. El Testamento de Jacob. Describe los últimos instantes de la vida de Jacob y el anuncio, por parte del arcángel Miguel, de su muerte inminente. Las exhortaciones y descripciones de acontecimientos de la historia del personaje preceden a una serie de premoniciones y bendiciones del patriarca antes de su muerte. Toda la obra se mueve en medio de la característica atmósfera apocalíptica de estos escritos. Temáticamente, la obra se centra en la visión de los bienes del cielo.
7. El Testamento de Salomón. Se trata de una obra tardía (siglo III d.C.), escrita, con toda seguridad, por un judeocristiano. Narra los últimos instantes de la vida del rey Salomón y cómo se arrepiente de sus pecados antes de morir. Con el trasfondo apocalíptico característico, desarrolla el tema de los demonios y las formas para dominarlos. Véase APOCALÍPTICA, Literatura, GÉNEROS LITERARIOS, PERÍODO INTERTESTAMENTARIO.