Diccionario Bíblico
Tesorería
Letra T
Heb. 214 gral. otsar, אוֹצָר = «depósito, tesorería, almacén»; a veces genazim, גְּנָזִים (Est. 3:9; 4:1), o aram. ginzín, גִּנְזִין (Esd. 5:17; 6:1; 7:20) = «tesorería, depósito» o «almacén». En 1 Cro. 28:11, la tesorería del Templo recibe el nombre de 1597 ginzakh, גִּנְזַךְ, que esencialmente significa lo mismo que el gr. korbanâs, κορβανᾶς, de Mt. 27:6, a saber, las ofrendas destinadas al mantenimiento del Templo. El arca donde se guardaba el tesoro recibe en el NT el nombre de gazophylakion, γαζοφυλάκιον, de gaza, γάζα, «tesoro» (Mc. 12:41; Lc. 21:1; Jn. 8:20; también Josefo, Ant. 19, 6, 1; Guerras, 5, 5, 2), siguiendo el ejemplo de la Sept. (Neh. 10:37; 13:4, 5, 8; Est. 3:9).
1. Tesorería sacerdotal.
2. El tesoro del Templo.
I. TESORERÍA SACERDOTAL. Recinto donde se guardaban los objetos valiosos, las ofrendas y diezmos del pueblo. En Jos. 6:19, 24 se menciona «el tesoro de Yahvé», en el que se incluyó el botín de Jericó. En el Templo de Salomón había cámaras del tesoro desde el mismo momento de su inauguración (1 R. 7:51; cf. 1 Cro. 28:11). En cada invasión se menciona el saqueo de sus tesoros (1 R. 14:25, 26; 2 R. 24:13). También había cámara del tesoro en el templo de Zorobabel, cuya función era guardar las ofrendas y los diezmos (Neh. 13:4 ss.; cf. Mal. 3:10). El tesoro recibía también la plata del rescate de los primogénitos, los votos, para los que existía una tarifa arancelaria precisa, y las ofrendas voluntarias.
En la reconstrucción del Templo llevada a cabo por > Herodes, este había situado la tesoría junto al llamado «atrio de las mujeres» (cf. Jn. 8:20; cf. Ex. 30:13ss). En la fachada exterior de este atrio había trece cepillos de madera, de forma cónica (como trompetas invertidas), donde los fieles echaban sus ofrendas. Siete de estos, donde se depositaban las limosnas obligatorias, tenían letreros en arameo indicando su finalidad: medio siclo del año en curso; medio siclo del año anterior; para tórtolas, pichones, leña, incienso; oro y plata para los utensilios del Templo. Los seis restantes llevaban la inscripción «a voluntad», especificando la intención: para sacrificio expiatorio, impurezas legales, simplemente como ofrenda, etc. El dinero de los siete cepillos, especialmente los destinados a palomas, tórtolas y holocaustos, era empleado por los sacerdotes, que ofrecían sacrificios según las sumas recaudadas. El de los seis últimos se destinaba a víctimas para holocaustos. Otra parte de los fondos costeaba diferentes trabajos de reparación y conservación del Templo y sus acueductos, y las torres y muros de la ciudad.
Se compraba también vino, aceite y harina, que se vendían, con una ganancia para el tesoro, a los particulares que deseaban hacer ofrendas. La administración estaba obligada a socorrer a los obreros del Templo que se quedaban sin trabajo. Además de los destinados a guardar las sumas en metálico, los locales que componían la tesorería eran numerosos: se guardaban en ellos los corderos de los sacrificios cotidianos, los panes de la dedicación y la sal de los sacrificios; había otros para curtir las pieles de los animales sacrificados y para lavar las entrañas.
II. EL TESORO DEL TEMPLO. En un principio, la plata, el oro y los utensilios de bronce y de hierro obtenidos como > botín de guerra, eran consagrados a Yahvé y pasaban a formar parte del tesoro del Santuario (Jos. 6:19, 24). David y los jefes de las casas paternas, los jefes de las tribus de Israel, los jefes de millares y de centenas hicieron ofrendas voluntarias de sus tesoros particulares para la futura construcción del Templo (1 Cro. 29:3–10). Lo mismo ocurrió, aunque a menor escala, en los días de Nehemías (Neh. 7:70–71). El tesoro del Templo siempre tuvo fama de grandioso y atrajo la atención y ambición de los reyes. En la primera época, bajo > Roboam, > Sisac, faraón de Egipto, se apoderó de él cuando entró victorioso en Jerusalén. Lo mismo hizo > Nabucodonosor. Pasó por muchas vicisitudes, provocadas incluso por los reyes de la nación; p.ej., > Asá de Judá tomó el oro y la plata del tesoro y se los envió a > Benadad, rey de Siria, para decidirlo a tomar partido contra > Basá, rey de Israel. Joás pagó con sus riquezas la paz del país. Después del exilio, el tesoro del Templo fue reconstituido por > Ciro, que restituyó los objetos sagrados, y por numerosas donaciones espontáneas. Del tiempo de los Macabeos se cuenta que, bajo el sumo sacerdote Onías, «los mismos reyes honraban el lugar santo, y engrandecían el templo con regalos magníficos; hasta el mismo Seleuco, rey de Asia, pagaba de sus entradas personales todos los gastos necesarios para los sacrificios litúrgicos», y un cierto Simón, administrador del Templo, informó al gobernador de Celesiria y Fenicia de que «el tesoro de Jerusalén estaba repleto de riquezas indescriptibles, tantas que era incontable la cantidad de ofrendas, y desproporcionada para el presupuesto de los sacrificios».
La información no parece exagerada si se tiene en cuenta que Antíoco IV Epífanes, que saqueó completamente el tesoro, se llevó de él unos cincuenta mil kilos de plata, cuatro veces menos que en tiempos de Craso (54 a.C., unos doscientos cuarenta mil). El tesoro hacía las funciones de banco; en él se depositaban bienes de particulares, sobre todo de la aristocracia de Jerusalén, en especial de las altas familias sacerdotales. Los fondos del Templo, unidos a sus propiedades en terrenos y fincas, hacían de él la mayor institución bancaria de la época. Véase BANCO, ORO, TESORO.

