Diccionario Bíblico
TERAFINES
Letra T
Heb. 8655 teraphim, תְּרָפִים, sustantivo colectivo de significado dudoso que se puede referir a un solo objeto o a varios. Aparece quince veces en el AT sin descripción precisa (Gn. 31:19, 34, 35; Jue. 17:5; 18:14, 17, 18, 20; 1 Sam. 15:23; 19:13, 16; 2 R. 23:24; Ez 21:21; Os 3:4; Zac 10:2); la Sept. traduce con una palabra diferente en casi cada libro en que aparece: eídola, εἴδωλα, y eídolon, εἴδωλον (Gn. 31); theraphín, θεραφίν ο to therapheín, τὸ θεραφείν (Jue. 17:5); kenotaphia, κενοτάφια (1 Sam. 19); glyptá, γλυπτά (Ez. 21:21); deloi, δῆλοι (Os. 3:4); apophthengómenoi, ἀποφθεγγόμενοι (Zac. 10:2). Algo semejante ocurre en la Vulg.: theraphim, statua, idola, simulacra, figurae idolorum, idololatria.
La palabra teraphim no aparece fuera de la Biblia, por lo que es difícil hacerse una idea correcta de su significado y naturaleza. Los especialistas han propuesto diversas etimologías, pero sin que ninguna haya sido aceptada generalmente. Unos la derivan de la raíz rp y la relacionan con el término «sanidad»; otros, de rph o trp, que conllevan la idea de «hundimiento, decaimiento», o del postbíblico trp, «ser vil», como en los escritos rabínicos, que leen teraphoth, תְּרָפוֹת, «viles, decadentes», sentido peyorativo rechazado por la etimología moderna. Muchos relacionan los teraphim con los etemmu, los espíritus de los muertos, y por lo tanto los conectan con el culto a los antepasados y, quizá, con la adivinación sagrada, según se desprende de algunos textos (cf. Ez. 21:26; Zac. 10:2). Los teraphim, pues, serían objetos cultuales y de invocación familiares, relacionados con los ancestros divinizados.
Tienen un papel importante en la historia de Jacob y Labán: Raquel se llevó los terâphîm de Labán sin saberlo Jacob (Gn. 31:19–34). Labán los tendría en su casa como imágenes de los antepasados protectores, garantes de la fecundidad de su tierra, de la prosperidad de la casa y, sobre todo, de la continuidad de la familia. Al parecer, eran pequeños, pues cupieron bajo la montura de Raquel, aunque también los había de gran tamaño, como en el caso de los que tenía Mical, mujer de David (1 Sam. 19:11–17). Se han encontrado figurillas de esta naturaleza, de entre 20 y 25 cm., en tumbas de Gozán (Tell Halaf), en Siria oriental.
Raquel engañó a su padre cuando este buscaba los teraphim desaparecidos. Se sentó sobre ellos y alegó no poder levantarse por estar con la regla (Gn. 31:33–35), con lo que estaba diciendo que se encontraba en situación de impureza y que no podía ser tocada (cf. Lv. 15:19–30). De esa forma, se llevó los teraphim de su padre, pero los puso en el lugar más impuro que un judío pueda imaginarse, manchados con la sangre de su regla. Es el recurso retórico del hagiógrafo para vincular los teraphim idolátricos con la impureza. «Raquel es la primera en poner en evidencia la insignificancia de las divinidades de su padre arameo en relación con el Dios de Jacob. Raquel lleva a cabo el primer acto iconoclasta de la Biblia» (D. Nocquet).
Basándose en textos de la Nuzi del II milenio a.C., algunos han relacionado los terafines con la palabra acadia ilani, «dioses». La traducción habitual de teraphim como «dioses domésticos» delata esta supuesta relación con Nuzi. Por los documentos legales hallados en Emar y Nuzi, sabemos que los terafines también jugaban un papel de suma importancia en el derecho privado, particularmente en la transmisión hereditaria. Constituían un título de herencia en determinadas circunstancias. Estos objetos son parte de las obligaciones que le caben al heredero principal tomar a su cargo, lo que implicaba tanto el cuidado del popio difunto como el de los dioses (ilani) del testador. Esto ayudaría a entender la razón por la cual los robó Raquel (Gn. 31:19). Por eso K. Spanier sugiere que la acción de Raquel tenía que ver con la permanente lucha con Lea por la primacía dentro de la familia de Jacob. Puesto que su marido desconocía por completo su actividad, el robo no podía ser para su beneficio directo. Tal vez Raquel consideró este hurto como un medio para establecer la prioridad de su hijo como heredero principal. Esta suposición, aunque especulativa, ofrece una interpretación razonable del acto de Raquel, la ira de Labán y, posiblemente, la ascendencia de José en la familia de Jacob.
La presencia de estos objetos idolátricos en el clan del patriarca, aunque finalmente los enterró debajo de una > encina que estaba junto a Siquem (Gn. 35:2), se repite en otros lugares del AT, lo cual indica lo arraigado de su uso. En la época de los Jueces, un hombre llamado Micaía poseía un santuario privado con sacerdote, efod, teraphim (Jue. 17:5) y también ídolos de metal (Jue. 17:4; 18:14). Unos hombres de la tribu de Dan los tomaron para su propio uso (Jue. 18:20). Samuel asimiló el culto a los terafines con la hechicería (1 Sam. 15:23), si bien más tarde fue practicado por los israelitas del reino del Norte (Os. 3:4). El rey Josías destruyó los terafines y los otros ídolos (2 R. 23:24). Después del exilio, había israelitas que aún consultaban a los terafines (Zac. 10:2). Véase ADIVINACIÓN, IDOLATRÍA, NUZI, RAQUEL.

