Diccionario Bíblico

TEOLOGÍA

Letra T

Gr. theología, θεογονία, de theós, θεός, «dios», y logos, λόγος, «palabra, discurso racional, estudio ordenado»; teología es, por lo tanto, un estudio ordenado o disertación racional acerca de la divinidad.
Los griegos llamaban «teólogos», theologoi, θεολόγοι, a los poetas Homero y Hesíodo —y sus continuadores e imitadores, por supuesto, que fueron muy numerosos en la Grecia clásica—, que habían disertado acerca de los dioses olímpicos, es decir, habían teologizado, pero de forma inconveniente, o sea, desde un punto de vista exclusivamente mítico, no racional. Platón entiende que una buena teología implicará una depuración de aquellos relatos absurdos e inmorales y presentará a la divinidad desde el punto de vista más elevado de la filosofía (cf. República, lib. II, 379).
En la misma línea, aunque con diferentes matices en ocasiones, proseguirá Aristóteles, con lo que la > filosofía clásica forjará una imagen de Dios como un Ser Eterno, perfecto en sí mismo, suma de toda la bondad, inmutable, infinito, impasible, omnisciente y omnipotente. Un Dios en realidad completamente alejado del mundo, del hombre y de sus problemas, que es completamente feliz en sí mismo y que no necesita nada de nadie. Es evidente que para los antiguos pensadores helenos la teología no era sino una parte de la filosofía —la metafísica—, una labor exclusiva del pensamiento, de la razón. Lo más similar a lo que en siglos posteriores se llamaría teología natural o teodicea. Los estoicos son los primeros que utilizaron el término teología con una connotación religiosa.
Durante el período helénico, el judío > Filón de Alejandría llama theólogos, θεόλογος a Moisés, en un intento de equiparar al legislador hebreo con los pensadores griegos, e incluso de superarlos. Moisés es un «teólogo» en cuanto narra la historia de la creación por Dios.
Entre los romanos, desde el tiempo de Numa Pompilio hasta el Imperio, el conocimiento de los dioses y el culto debido a ellos era una tarea del Estado. San Agustín habla de tres tipos de teología: la poética, practicada por los poetas; la física, por los filósofos, y la política, por los legisladores (De Civ. Dei, 6, 1). Por esta vinculación con el paganismo y el estado perseguidor, los primeros cristianos rechazaron durante siglos utilizar la palabra teología para expresar su dedicación al estudio de Dios tal como se revela en Cristo y las Escrituras. En su lugar, utilizaron otros términos ya presentes en el NT, en especial > doctrina, de donde «doctrina sagrada» o «estudio sacro». Eusebio fue el primero en aplicar el adjetivo theólogos a Juan, ya que en su Evangelio escribió una «eminente doctrina sobre Dios». En confrontación o en diálogo con la filosofía pagana, la teología cristiana también se llamó «sabiduría verdadera», alethé philosophía.
En los siglos III y IV comienza a utilizarse la palabra teología en relación con la doctrina de la divinidad del Logos. Poco después se extiende a la doctrina de la Trinidad. En el s. V, Teodoreto amplió su aplicación para cubrir todo el campo teórico de la enseñanza religiosa. Dionisio establecerá una distinción que permanecerá hasta nuestros días: teología mística —simbólica, escondida— y otra teología más manifiesta y racional. Finalmente, en el s. XII, Abelardo dará a la palabra teología el sentido comprehensivo que tiene hoy; en su obra Theologia Christiana la presenta como un estudio que cubre, no solo los aspectos doctrinales y místicos, sino también los prácticos, todo lo que tiene que ver con la explicación de la verdad critiana. San Alberto Magno y, sobre todo, santo Tomás de Aquino, introducen la noción de teología como «ciencia sagrada», que ordena el conjunto de verdades de la fe en una síntesis racional. Esta Scientia rerum divinarum, o conocimiento de las cosas divinas, opera racionalmente, pero se fundamenta no tanto en la razón, como en la Revelación Divina contenida en las Escrituras del AT y del NT. No se trata ya de disertar acerca de Dios, sino que sea el mismo Dios el que hable y prestar atención a lo que él diga. De esto se deriva un conocimiento analógico, no propio; Dios siempre está por encima de las imágenes, símbolos y metáforas del lenguaje; por esto la teología reconoce humildemente que todo su saber acerca de la Divinidad no es sino una docta ignorantia que cubre todos los aspectos de la fe y práctica del cristiano. «Teología —escribe Raimundo Lulio— es la ciencia que habla de Dios… Esta ciencia de teología es más noble ciencia que todas las demás. Y como sea que esta ciencia es preferentemente cultivada y amada por los hombres religiosos, por eso son tan honorables. Esta ciencia es de tres maneras. La primera es cómo se adquiere conocimiento de Dios; la segunda, cómo se conocen las obras de Dios; la tercera, el conocimiento de cómo se puede amar a Dios y evitar las penas infinitas». A partir de ese momento y hasta el día de hoy, la teología se ha convertido en una disciplina académica con sus diferentes especializaciones. Véase CONOCIMIENTO, DOCTRINA, ENSEÑANZA, MITO.