Diccionario Bíblico

TEMPESTAD

Letra T

Heb. 5591 saar, סער, prim. «arrojar», de donde se derivan los sentidos de «tempestad» o «huracán» (Sal. 55:8; 83:15; 107:29; 148:8; Is. 29:6; Jer. 23:19; 25:32; Am. 1:14; Jon. 1:4, 12); 8183 searah, שְׂעָרָה; acádico saru, «viento, huracán» (Job 9:17; Sal. 50:3; Dan. 11:40); gr. 2978 laîlaps, λαῖλαψ, «huracán, torbellino», traducido «tempestad» (Mc 4:37; Lc. 8:23; 2 Pd. 2:17); 5494 kheimón, χειμών, «invierno, tempestad invernal» (Mt. 16:3; Hch. 27:20); 2366 thýella, θύελλα, «huracán, ciclón, torbellino» (Heb. 12:18); 2830 klydon, κλύδων, «ola, golpe de mar» (Stg. 1:6); 4578 seismós, σεισμός, «conmoción» (Mt. 8:24).
Fenómeno meteorológico en el cual los elementos de la naturaleza actúan con gran fuerza y vilencia, produciendo viento, lluvia, huracanes, etc. En la Escritura, la tempestad tiene el sentido impreciso y popular que comprende toda perturbación del tiempo en la tierra y en el mar, de donde la variedad de términos para describirla. Los pueblos de la antigüedad veían en todos los fenómenos violentos de la naturaleza física otras tantas intervenciones de la divinidad. El rayo, el trueno, el granizo, el torbellino, las tormentas y tempestades, manifiestan el poder y la ira de Dios, que controla y dirige los acontecimientos físicos, como la tormenta que asustó a los marineros que llevaban a Jonás, y que fue interpretada como indicación de alguna ofensa a la divinidad (Jon. 1:4ss). Dios utiliza los fenómenos meteorológico para castigar (cf. Sal. 107:25; Is. 29:6; Nah. 1:3). Jesús apaciguó una tempestad en el mar de Tiberíades con su sola palabra (Mc. 4:37). En sentido figurado, la tempestad ilustra la turbación de ánimo, la inconstancia (Stg. 1:6).
Véase TERREMOTO, TORBELLINO, TURBIÓN.