Diccionario Bíblico

Tebas

Letra T

Gr. clásico Thebe, Θήβη, Thebai, Θῆβαι. Ciudad principal del Alto Egipto, llamada por los egipcios Wasit o Niut, «la Ciudad», y después, Niwt-‘Imn, «ciudad de Amón», nombre con el que aparece varias veces en la Biblia, heb. No-Amón, נאֹ אָמוֹן; Sept. merís Ammón, μερὶς Ἀμμών (Nah. 3:8) y No, נֹא; los griegos también la conocieron como Dióspolis, «ciudad celestial», y así traduce la Sept. Dióspolis, Διόσπολις (Jer. 46:25; Ez. 30:14, 15, 16), los mismos griegos añadían la mención especial de «la grande», he megale, ἡ μεγάλη, denotando que era la sede de Júpiter-Amón, y distinguiéndola de Dióspolis «la menor», he mikrá, ἡ μικρά. Los nombres No y No-amón aparecen con frecuencia en los monumentos.
Estaba situada a ambos lados del río Nilo, a unos 725 km. al sur de la actual ciudad de El Cairo. Actualmente se encuentra parcialmente ocupada por las ciudades de Karnak y Luxor. El origen de la ciudad se pierde en la prehistoria. La arqueología ha sacado a la luz restos de un pequeño centro situado a la derecha del Nilo, cuyo dios local recibía el nombre de Amón; originalmente representaba las fuerzas de generación y reproducción y, después, como Amón-Ra, se convirtió en el «rey de los dioses»; además, se veneraba a Mut y a Khonsu, que formaban la divina tríada tebana. Se han descubierto tumbas que datan de faraones de la VI Dinastía (c. 2407–2255 a.C.) en la necrópolis que se encuentra en la orilla occidental del río Nilo. La primera alusión histórica a Tebas se encuentra en la Ilíada de Homero (91, 381–385), donde se la llama «la ciudad de las cien puertas», por las innumerables puertas abiertas en sus murallas, urbe de gran riqueza y poder. Heródoto dice que llegó a ella nueve días después de haber salido de On, remontando el Nilo (Hist. 2, 9). Tebas sucedió a > Menfis (c. de 2050 a. C.), como capital durante la XI Dinastía egipcia, siendo durante más de mil años la capital del Antiguo Egipto, residencia de faraones, ciudad sagrada y morada de los sumos sacerdotes de Amón. Se estima que en su momento de mayor auge (Imperio Nuevo), pudo tener más de 650.000 habitantes. Mantuvo constantes disputas contra los gobernantes de los nomos vecinos, primero para obtener zonas de influencia, después para controlar todo el territorio egipcio. Mentuhotep II, cerca de 2025 a. C., tras la conquista de Heracleópolis Magna unificará todo Egipto bajo su mando; comienza así el Imperio Medio de Egipto, cuyos faraones instalan la capital en su ciudad nativa de Tebas. Se erigieron numerosos templos, la avenida de las esfinges, varias tumbas y muchos otros magníficos monumentos en toda la ciudad y sus alrededores.
Durante la invasión y gobierno de los > hicsos (1800–1550 a.C.), la capital se trasladó a Avaris, en el delta del Nilo, pero Tebas mantuvo su autonomía sobre sus vecinos, pagando tributos a los reyes del Norte. Ahmosis I arrojó a los > hicsos de Egipto, reorganizando y desarrollando a continuación el imperio, devolviendo la capitalidad a Tebas, agrandándola y embelleciéndola. Cada faraón rivalizaba con sus antecesores en dotarla de monumentos cada vez más importantes. Las mercancías llegaban desde el golfo Pérsico por el camino de Coptos, en Nubia a lo largo del Nilo, y de los oasis occidentales, que a su vez enlazaban con las regiones lejanas del desierto.
Durante el breve reinado de > Akenatón (1352–1337 a.C.), que instauró el monoteísmo y se enfrentó a la poderosa casta sacerdoctal tebana, se construyó una capital de nueva planta, en la actual zona de Tell el-Amarna. Desaparecido este faraón, Tebas recupera su capitalidad. Sin embargo, a partir de ese momento empieza a decaer, debido a que necesidades políticas y militares obligan a Seti I y Ramsés II trasladar el centro de gravedad de su imperio al Norte. Poco a poco la ciudad decae, la población disminuye, y solo mantienen su prestigio los templos de los grandes dioses. Para mayor desgracia, dos invasiones asirias azotaron la ciudad; primero Esar-hadón, que se apodera de Egipto el año 671 a.C. Después > Assurbanipal, su hijo y sucesor, que durante la expedición del año 663 a.C., saqueó y destruyó la ciudad después de derrotar las tropas de Tirkana (cf. Nah. 3:8). «Conquisté —dice— en su totalidad la ciudad de Tebas con la ayuda de Asur y de Eistar. Me apoderé de plata, oro, piedras preciosas, todas las posesiones de su palacio, telas multicolores, caballos, hombres y mujeres, dos grandes obeliscos de brillante oricalco, de 2.500 talentos de peso, los pilonos de la puerta del templo los arranqué de sus fundamentos y los llevé a Asiria. Me llevé de Tebas un inmenso botín incalculable».
De este desastre, Tebas solo conservó el prestigio de su gloria pasada, en especial de sus templos (Heródoto, Hist. 2, 3; 3, 10; cf. Jer. 46:25; Ez. 30:14–16). En la época persa, la ciudad se vio de nuevo inmersa en las luchas de la época. Cambises pasó por allí en su expedición hacia el sur y, según Diodoro, renovó el saqueo de los asirios. En la época helenística fue sitiada por Ptolomeo Látiro y conquistada por > Alejandro Magno (332 a.C.). Sus sucesores, los faraones de la dinastía Ptolemaica, gobernarán desde > Alejandría, la nueva capital de Egipto. Finalmente, el romano Cornelio Galo destruye Tebas (entre el año 30 y el 29 a.C.), porque se había unido al Alto Egipto en rebelión contra las exacciones romanas. Los templos se abandonaron, y en algunos se instaló el culto cristiano.
Subsisten vestigios espléndidos de esta ciudad en Luxor y Karnak, sobre la orilla derecha del Nilo: templos, obeliscos, esfinges, etc. También hay monumentos en Kurna y en Medinet-Habu, sobre la ribera derecha. En una garganta al oeste de la ciudad antigua se han hallado, tallados en la roca calcárea, los sepulcros de sus reyes.
Las ruinas de Tebas se hallan, innegablemente, entre las más notables del valle del Nilo. El templo de Karnak es una maravilla, y su arquitectura representa un prodigio de capacidad mecánica. Su gran sala hipóstila, la más grande del mundo, tiene 134 columnas, las mayores de las cuales con 23 m. de altura y 3,65 m. de diámetro. La sala misma mide 100 m. de longitud y 54 de anchura. Las inscripciones son tan numerosas que corre el dicho de que «cada piedra es un libro, y cada columna una biblioteca». Véase AMARNA, NO, EGIPTO, HICSOS.