Diccionario Bíblico
Tarso
Letra T
Gr. 5018 Tarsós, Ταρσός; Vulg. Tarsus.
Capital de la provincia romana de Cilicia, en Asia Menor, a 38 km. al norte de Adna, sobre una colina artificial de 27 m. de altura, a ambas riveras del río Cnido, a 19 km. del Mediterráneo. Antiguamente estaba al lado de un lago unido por un canal con el mar y era un puerto. Constituía la ruta principal desde Siria hasta el Asia Menor Central.
Tarso era una ciudad de gran antigüedad mencionada en los registros hititas del II milenio a.C. Fue destruida durante las invasiones de los «pueblos del mar» alrededor del año 1200 a.C., pero tiempo después fue fundada de nuevo por colonizadores griegos. Por cortos períodos de tiempo cayó bajo el control de Asiria. Salmanasar II la menciona hacia el año 833 a.C. En 696 fue arrasada por Senaquerib. Bajo el Imperio persa disfrutó de una autonomía considerable como capital de la satrapía de Cilicia, acuñando su propia moneda. En 333 a.C. fue conquistada por Alejandro Magno, que se bañó en el río Cnido y estuvo a punto de morir por culpa de unas fiebres. Posteriormente, fue adjudicada a los Seléucidas. En 30–32 los de Tarso y la ciudad de Mallos se sublevaron conra Antíoco IV Epífanes, porque habían sido dados en regalo a Antióquida, concubina del rey (2 Mac. 4). La sedición fue prontamente sofocada. En el año 54 a.C. fue anexionada al Imperio romano y convertida en residencia del gobernador de la nueva provincia de Cilicia Oriental. Marco Antonio otorgó a Tarso los privilegios de ciudad libre y la eximió de impuestos. Las monedas de Tarso llevaban con orgullo la acuñación: «Metrópoli libre». El mismo apóstol Pablo se sentía orgulloso de ella y la llama: «Ciudad no ciertamente sin prestigio» (Hch. 21:39).
Era una urbe próspera, de mucha actividad cosmopolita, cruce de importantes rutas comerciales que no solo intercambiaban productos, sino cultura. En ella se daban cita comerciantes del Asia Menor, Macedonia, Egipto, Grecia y Roma. Era célebre el > gimnasio de la ciudad, que no se reducía al atletismo, sino que era una especie de «escuela superior» para los que habían superado los estudios elementales que iban de los 7 a los 15 años. Dice Estrabón, contemporáneo de Pablo, que los hombres de Tarso eran tan celosos en el estudio de la filosofía, que sobresalían sobre los demás. Jóvenes estudiantes acudían atraídos por la fama de los pensadores de Tarso, como Crisipo, Néstor, que sería el preceptor de Cicerón, Atenodoro, y sobre todo Hermógenes, maestro de retórica. De manera que las escuelas de Tarso rivalizaban con las de Atenas y Alejandría (Estrabón, Geog. 14, 673).
Los judíos residían en Cilicia desde el día que pasaron a formar parte del reino de Siria (cf. 1 Mac. 11:14; 2 Mac. 4:36; Judit 1:7, 12; 2:21, 25). El apóstol Pablo nació en Tarso (Hch. 21:39; 22:3) y volvió a visitarla después de su conversión (Hch. 9:30; 11:25). Por parte de padre, Pablo era ciudadano romano, y aunque fue instruido en la Ley, estaría al tanto de las principales corrientes filosóficas del mundo de su tiempo, que circulaban ampliamente en la ciudad. Por lo que sabemos de su actividad comercial, es probable que Pablo procediese de una familia de fabricantes de tiendas, cuya materia prima sería el lino que crecía en la planicie fértil alrededor de la ciudad, y también una tela tejida de pelo de cabra que protegía del frío y la humedad. Véase CILICIA, PABLO.

