Diccionario Bíblico
SUICIDIO
Letra S
Es el acto mediante el cual uno mismo causa su propio deceso, sea destruyendo definitivamente la propia vida, u omitiendo hacer lo necesario para escapar de la muerte. La legislación hebrea no tipifica el caso del suicidio ni legisla contra el suicida. Curiosamente, hay que esperar al cristianismo para encontrar una condena clara de esta situación. Para los Padres, la afirmación de que la vida es un don de Dios y el hombre solo su administrador, lleva a la conclusión de que no se puede disponer libremente de ella; el suicidio es siempre una especie de homicidio. San Agustín, el que trata más por extenso el tema, parte de la idea de que quitarse la vida es rechazar el dominio de Dios sobre nuestra existencia, y por tanto malo en todo caso (Ciudad de Dios, Lib. I).
En Grecia, el suicidio podía ser justificado por motivos altruistas, de honor, por vejez o enfermedad y, en general, por una existencia desdichada. En cambio, fueron contrarios al suicidio Platón, que veía en él un acto de insubordinación contra la divinidad (Fedón, 6), y Aristóteles, que lo consideraba un acto vil, contrario al bien social (Ética a Nicómaco III, 11; V, 15). En Roma, por lo menos en los ámbitos más cultos, quitarse la vida fue un acto comprendido, autorizado, e inclusive recomendado en situaciones de sufrimiento físico o moral. La autoeliminación se condenaba si era por motivos nimios, amor o cobardía, mas no por las razones antedichas. Séneca, p.ej., condenaba el suicidio cometido solo por deseo de morir, mientras que lo aprobaba cuando era un gesto de dignidad y de valor. Por el contrario, los neoplatónicos veían en él un impedimento a la plena liberación del alma y al cumplimiento en la vida terrena de las posibilidades del hombre.
En la historia bíblica se registran algunos suicidios notables. Saúl y su escudero se traspasan con su propia espada para no caer en manos de los enemigos (1 Sam. 31:3–5); Ahitofel se cuelga después del fracaso de su intriga política (2 Sam. 17:23); Sansón hizo que el templo se derrumbara sobre él y los filisteos (Jue. 16:23–31). En ningún caso citado se pronuncia moralmente la Escritura. El sacerdote Razis es incluso alabado por haber elegido generosamente morir antes que caer en manos criminales y padecer ultrajes indignos de su cuna (2 Mac 14:37–46). Sin embargo, como queda dicho, la tradición cristiana ha condenado siempre el suicidio como gesto en que el hombre se atribuye unilateralmente un poder absoluto que pertenece a Dios.

