Diccionario Bíblico

Sueño

Letra S

En sentido de actividad onírica, heb. 2472 jalom, חֲלוֹם = «sueño» (Gn. 20:3; 28:16; 31:10, 24; 37:5; etc.); gr. 3677 ónar, ὄναρ, de donde se deriva el término castellano «onírico», denota una visión tenida en sueños, en contraste con una visión en estado de vigilia (Mt. 1:20; 2:12, 13, 19, 22; 27:19); 1798 enypnion, ἐνύπνιον, lit., aquello que aparece en el sueño (Hch. 2:17). En sentido fisiológico de descanso, la raíz heb. 3462 yashán, ישׁן = «dormir», se utiliza en relación con el «sueño profundo» de Adán provocado por Dios para crear a Eva (Gn. 2:21); 8142 shenah, שֵׁנָה = «sueño, reposo» (Jue. 16:14; Sal. 76:5; 132:4; Prov. 3:34, etc.); gr. 5258 hypnos, ὕπνος = «sueño» (Hch. 20:9), metafóricamente se usa del estado adormecido del alma, de conformidad espiritual con el mundo, del que los creyentes son exhortados a que despierten (Ro. 13:11).
1. Sueño y descanso.
2. Sueños en la historia.
3. Sueños en el Antiguo y NT.
I. SUEÑO Y DESCANSO. El sueño sucede al estado de vigilia y constituye el reposo tras los quehaces y trabajos del día. El hombre antiguo seguía el ritmo de la naturaleza, se acostaba pronto y pronto se levantaba. Al alba comenzaban las tareas, dando de comer y aparejando los animales para el trabajo; esta era la primera faena del nómada madrugador (cf. Gn. 19:2; Jue. 19:8; 2 Sam. 15:2). La Ley se preocupa de que el sueño del pobre sea reparador y prohíbe por ello que se le tome en prenda el > manto con que se arropa y protege del frío de la noche.
Las preocupaciones por las riquezas, la enfermedad o la mala conciencia producen un sueño inquieto, mientras que el justo duerme en paz bajo la protección de Dios (cf. Is. 5:27; Sal. 3:6; 4:8; 32:4; 121:3–4; Prov. 3:24; 6:22; Eclo. 31:1s).
En una sociedad donde el trabajo manual era agotador, privarse de sueño representaba un gran sacrificio. Sin que se condene el descanso legítimo, y precisamente por su extrema importancia, en la Escritura abundan exhortaciones a la vigilia, a dedicar tiempo a la oración. Jesús, p.ej., pasaba noches enteras en oración (Mc. 1:38; Lc. 6:12).
Yahvé no duerme, porque él es el guardián de Israel (Sal. 121:4), mientras que los ídolos fabricados por el hombre duermen y tienen necesidad de ser despertados (cf. 1 R. 18:27).
II. SUEÑOS EN LA HISTORIA. El sueño como efecto del soñar son imágenes que se presentan mientras una persona está dormida. Modernamente se ha descubierto que los sueños reflejan la totalidad de la psiquis. Desde la antigüedad los sueños han jugado un papel muy importante en la vida del individuo y de la sociedad. Existen referencias documentadas sobre la importancia que tuvieron los sueños, su interpretación y mensaje, para los egipcios, asirios, caldeos, chinos, fenicios, griegos, judíos y romanos. En el antiguo Egipto se invocaba a los dioses antes de dormir para evitar que > Set, el demonio planetario, enviara sueños nefastos. Por lo general se pedía protección a Bes, dios benevolente del sueño y de los sueños. Al despertar, la persona invocaba ciertas fórmulas mágicas para alejar los efectos maléficos que podrían provocar algunos sueños, esparciéndose cerveza y mirra en el rostro. En la India se aconsejaba quedarse dormido después de un mal sueño, sin contarlo a nadie, con lo que se neutralizaría todo lo maligno. Por otra parte, los egipcios también usaron los sueños con fines predictivos, para lo que se sirvieron de técnicas de interpretación, como la asociación de ideas o la correspondencia entre el sueño y el simbolismo, y creían además que, a veces, lo que era expresado en un sueño, podía tener un significado totalmente opuesto.
Entre los sacerdotes de Babilonia la tradición onírica es antiquísima. En los orígenes de la civilización mesopotámica, eran las sacerdotisas quienes consultaban a los dioses. Los griegos utilizaban los sueños con fines terapéuticos y predictivos. Creían, según Homero, que los sueños provenían de Zeus, aunque posteriormente Sócrates advirtió que eran tan solo expresión de deseos. La curación por medio de consejos provenientes de los sueños tuvo su apogeo en los templos dedicados a Asclepios o Esculapio. Los enfermos iban a formular consultas sobre sus problemas y se sometían a una serie de ritos. Para los romanos la interpretación de los sueños era un servicio del Estado. El Senado romano discutía y analizaba los sueños cuando la ocasión lo exigía.
III. SUEÑOS EN EL ANTIGUO Y NT. En la Biblia aparecen los sueños como una vía normal por la que Dios se comunica con los hombres, mandando, aconsejando, avisando, prometiendo e instruyendo. Así se comunica con Abimelec (Gn. 20:3); Jacob (Gn. 28:12; 31:10); Labán (Gn. 31:24); José (Gn. 37:5, 9, 10, 20); el copero y el panadero de Faraón (Gn. 40:5); el Faraón (Gn. 41:7, 15, 25, 26); Salomón (1 R. 3:5); Nabucodonosor (Dn. 2:1, 4, 36; 4:1, 2); Daniel (Dn. 7:1); José, el prometido de María (Mt. 1:20); y los magos (Mt. 2:12). En total hay más de 1800 referencias a sueños y visiones.
Los sueños que contenían revelaciones eran sometidos a criterios que desvelaban su naturaleza. Si eran sueños inmorales, eran declarados falsos; el que, mediante sueños, tratara de apartar a Israel del culto a Yahvé, debía ser muerto (Dt. 13:1–5; cf. Jer. 23:25–32; 29:8; Zac. 10:2).
En el NT solo Mateo entre los evangelistas alude a los sueños como medio de comunicación: un ángel anuncia en sueños a José que su desposada María espera un hijo engendrado por el Espíritu Santo (Mt. 2:20). Por sueños los magos se enteran de que no deberían regresar a la casa de Herodes (2:12); también es por un sueño que se aconseja José huir a Egipto, y por otro sabe de la muerte de Herodes y que puede retornar a Galilea (2:13, 19, 22). La mujer de Pilatos percibe en sueños la inocencia de Jesús (27:19).
En medio de las primeras comunidades cristianas se manifiestan trances, ekstaseis, ἐκστάσεις, y visiones, optasíai, ὀπτασίαι, horámata, ὁράματα; los sueños ya no son designados como medios de revelación. «Contra lo que ocurría en el mundo ambiental, el cristianism primitivo se muestra reservado ante el fenómeno de los sueños en lo que respecta a su valoración religiosa» (C. Gancho).
Los sueños aparecen como una manifestación del Espíritu Santo en los últimos días (Hch. 2:17), fortalecen y guían al apóstol Pablo en su misión, pero no le aportan ningún mensaje doctrinal (Hch. 16:9; 23:11; 27:23). El tiempo de los profetas del AT llegó a su fin (Mt 11:12–13; Lc. 16:16y, ahora toda la revelación está subordinada a la palabra de Jesús. Véase DORMIR.