Diccionario Bíblico

SOL

Letra S

Heb. 8121 shémesh, שֶׁמֶשׁ = «brillante, sol»; bab. Samas; ugar. sapas; árabe sams; gr. 2246 helios, ἥλιος; Vulg. sol.
Astro diurno creado por Dios y colocado en el firmamento el cuarto día de la creación (Gn. 1:16; Sal. 74:16; 136:8). Es mantenido y dirigido por Dios, dando a entender que no es una criatura independiente, con vida propia (Jer. 31:35; Mt. 5:45; Sal. 104:19). En los panteones semíticos, y sobre todo en el egipcio, figura como deidad, llamado Ra y posteriormente Atón. Pero el relato bíblico de la creación deja claro que es una criatura y la Ley prohíbe taxativamente rendirle culto (Dt. 4:19; 17:3). En Mesopotamia, el Sol, Uttu para los sumerios y Samás para los semitas, es el dios de la vida del mundo, el enemigo de las tinieblas que vela por la justicia e ilumina a los sabios e inspira a los adivinos.
Antes de la llegada de los israelitas a Palestina, los cananeos conocían un culto al Sol, común a todos los pueblos de la región. Parece, sin embargo, que no se desarrolló en Israel más que bajo la influencia de los asirio-babilonios. > Manasés de Judá y sus sucesores inmediatos le rindieron culto (2 R. 21:3, 5; Jer. 8:2), construyendo altares en el Templo de Jerusalén para presentar ofrendas a todo el ejército de los cielos (2 R. 4:5). En el Santuario había > caballos y un carro consagrados al sol (2 R. 23:11). La reforma de > Josías trató de atajar todos estos abusos idolátricos (2 R. 23:5, 11). Poco antes de la destrucción de la ciudad, Ezequiel percibía con indignación en el Templo veinte hombres que, vuelta la mirada hacia el oriente, se arrodillaban ante el sol (Ez. 8:16). Los nombres de Bet Semes, En Semes, Har Heres y Heres conservan la memoria del culto solar en Canaán. El dudoso término heb. jammanim, חַמָּנִים, ha sido traducido por «imágenes», columnas o estelas consagradas al sol (Lv. 26:30; 2 Cro. 14:5; 34:4, 7; Is. 17:8; 27:9; Ez. 6:4, 6), muestra de un temprano culto solar entre los hebreos, a imitación de sus vecinos cananeos, en especial fenicios, aunque ya tenían noticia de él durante su larga estancia en Egipto. En Palmira se ha descubierto un altar que llevaba un nombre relacionado con el heb. jammanim. Así, las «columnas solares», identificadas como «altares del incienso», pudieron más bien ser altares donde se quemaba incienso al sol (cf. Os. 4:13). En Meguido se hallaron altares similares, anteriores al siglo X a.C., y que se empleaban para el culto a Baal.
Desde el punto de vista científico, puede sorprender que la luz se haya creado independientemente del sol y antes que él (Gn. 1:4; Sal. 74:16). El israelita se representaba la luz, lo mismo que las tinieblas, como sustancias muy finas, mientras que el sol, la luna y las estrellas no era para él más que portaluces. Los escritores bíblicos comparan al mismo Dios con el sol (Sal. 84:12; 87:7). El esplendor de este astro y su brillo son los símbolos de todo lo que es bello, y especialmente de la gloria de los que aman a Dios (Jue. 5:31), de los justos y de la de Cristo en oración (Mt. 13:31; 17:2). Al final de los tiempos, el brillo del sol se oscurecerá (Ex. 13:10; Mt. 24:29; Ap. 6:12), pero en la ciudad futura los redimidos serán alumbrados por la gloria de Dios y del Cordero (Ap. 21:23).
Los autores sagrados consideran al sol como una de las obras más gloriosas del Creador (Sal. 74:16; 148:3); fuente de calor y de luz, favorece el crecimiento de las plantas, juntamente con la luna, lo cual es una bendición para tierra (Dt. 33:14; 2 Sam. 23:4; Eclo. 11:7). Al ser considerado una fuerza bienhechora, el eclipse es temido como una de las más terribles catástrofes, señal de la ira divina (cf. Is. 13:10; Joel 2:10; Mt. 24:29; Ap. 6:12).
Josué detuvo el sol hasta que los israelitas derrotaron a sus enemigos en Gabaón (Jos. 10:12). La sombra del sol se retiró unos diez grados en un reloj en señal de que el rey Ezequías no moriría (2 R. 20:8–11; Is. 38:7). El sol se entenebreció en el momento de la crucifixión de Jesús (Mc. 15:33; Lc. 23:44–49; Jn. 19:28–30). Otro tanto ocurrirá el día del retorno del Hijo del Hombre (Mt. 24:29; cf. Hch. 2:20). Véase ASTRONOMÍA, LUNA, ESTRELLAS.