Diccionario Bíblico
SINAÍ, Península de
Letra S
En la actualidad se conoce con este nombre al gran triángulo comprendido entre los dos brazos del mar Rojo que separan a Egipto de Palestina. El brazo noroeste se llama golfo de Suez, por la ciudad que se halla al extremo norte; tiene 300 km. de longitud y 30–45 de anchura. Partiendo de Suez hacia el norte, se extiende un valle de 110 km. de longitud, el cual en algunos lugares desciende a 15 m. bajo el nivel del mar. Termina en la proximidad de Pelusium, antigua ciudad marítima del Mediterráneo. El brazo nordeste se llama golfo de Elat o Aila, por la ciudad marítima de > Elat, sita en su extremo norte; su longitud es de 190 km. y su anchura de 15–20 km. Siguiendo la dirección marcada por este brazo, se extiende hacia el norte el valle de Arabah; su longitud es de 190 km.; en los 75 primeros, el terreno sube poco a poco, alcanzando una altitud de 240 m; luego desciende en los 115 km. restantes, hasta el mar Muerto, que está a 394 m. bajo el nivel del Mediterráneo. Los antiguos llamaron > Arabia Petrea al triangulo limitado por los dos golfos con los dos valles y por el país de Canaán al norte. Tiene una superficie de 56.000 km2. La Península de Sinaí —excluyendo por consiguiente la parte que está al norte de ambos golfos— tiene una extensión de 25.000 km2.
Solo la parte meridional es fértil, montañosa y habitable; el resto de la península es completamente desértica, inhóspita e inhabitable. Desde tiempos inmemoriales ha constituido el paso obligado de peregrinos y viajeros que en caravanas comerciales o religiosas soportan su inclemencia y aridez.
En medio del tercio sur de esta Península se yergue un macizo montañoso, que a 75 km. de la punta sur alcanza 2.600 m. de altitud; por el sur avanza este macizo hasta el mar Rojo, y se extiende por el nordeste y noroeste, paralelo a las costas, llegando por el oeste hasta Suez, y por el este hasta unirse con las montañas de Judá y Galilea y el monte Líbano. Al oriente de esta cadena corre paralelamente otra cordillera que nace al este del golfo de Elat, formando las montañas de > Idumea o > Seír, > Moab y > Galaad hasta el > Antilíbano. Las estribaciones del macizo antedicho forman un triángulo abierto hacia el norte, cuyos lados comprenden una altiplanicie; la parte oriental se llama desierto de > Farán (actualmente et-Tih), y la occidental, desierto de > Sur (hoy Djifar). Entre el golfo de Suez y la cordillera que, partiendo del macizo central, corre paralela a la costa, queda una zona desértica de anchura variable; su parte norte se llama desierto de Sur o de Etam (hoy desierto de Suez).
En el macizo central está el desierto de Sinaí, comprendiéndose bajo este nombre los distintos valles donde acamparon los israelitas durante un año para recibir la Ley, los preceptos, ceremonias y ritos, mediante los cuales fueron constituidos pueblo de Dios. Comprende el desierto de Sinaí las planicies siguientes: dos grandes mesetas, er-Raha (= descanso, estación), y es-Sebayeb, la primera al norte y la segunda al sur del monte en que se dio la Ley; el valle el-Ledja, que separa el monte de la Ley del monte el-Homr que está al sudoeste, y del monte de Santa Catalina (Djebel Katherin) que está al sur; el valle de Jetró o de Choaib, que separa el monte de la Ley del monte ed-Deir que está al nordeste; finalmente, el dilatado valle ech-Cheik, que comenzando al pie del monte Horeb, en el límite sudoeste de la planicie er-Raha, se extiende primero al nordeste, y luego al norte hacia Rafidim. Estos valles son aún hoy ricos en frutos y yerba. En ellos debieron de encontrar pastos abundantes los rebaños de Israel, pues en las cumbres se condensa abundante nieve y lluvia que proporcionan humedad a los valles que separan unos macizos de otros, gracias a lo cual aparecen cubiertos de vegetación.
A este sistema orográfico del vértice peninsular, llamado Sinaí en sentido lato, llaman los árabes Jebel et-Tur (Jebel significa «monte»; Tur, «monte, cordillera»). Los valles el-Ledja y es-Choaib lo dividen en tres montañas: una occidental o más bien sudoeste, llamada Jebel el-Homr, en la cual se encuentra la cumbre más alta de toda la península, de más de 2.600 m. de altura, el monte de Santa Catalina, llamado así, porque según la leyenda, allí fue trasladado el cuerpo de Santa Catalina de Alejandría. Desde esta cumbre el panorama es grandioso; la vista abarca toda la península con sus innumerables picachos, ambos golfos del mar Rojo. La montaña de más allá, hacia el norte, se llama actualmente Jebel ed-Deir, que quiere decir «monte del monasterio», porque en su base fue construido el monasterio de Santa Catalina; tiene una altura de 2.054 m. La tercera es el Sinaí propiamente dicho, u Horeb. Tiene muchas cúspides y cumbres; pero sobre todas destacan dos: el Horeb propiamente dicho al norte, y el monte de Moisés al sur. El primero, llamado hoy Ras es-Safsafeh = monte del sauce, por un sauce que antes allí había, se eleva a 600 m. verticalmente sobre la meseta er-Raha, alcanzando una altura de 1.994 m. sobre el nivel del mar. En la meseta, que tiene 6 km. de largo por 2–3 de ancho, estaba la mayor parte del campamento de Israel; allí podían presenciar los hebreos con facilidad los sucesos de la montaña que frente a ellos se erguía; allí era posible circunvalar el monte, para que nadie lo tocase; allí podía también el pueblo huir del monte con facilidad, cuando las apariciones divinas le llenaban de terror; allí adoró Israel el becerro de oro, el cual desmenuzaron en polvo y fue arrojado al arroyo que corre al pie del monte Horeb.
La otra cumbre, Jebel Musa o monte de Moisés, debe su nombre a una tradición del siglo VI d.C., cuando fue construido el monasterio de Santa Catalina; según ella, aquí es donde se promulgó la Ley: el Sinaí en sentido estricto. Se eleva verticalmente más de 700 m. sobre la meseta es-Sebayeh, alcanzando una altitud de 2.244 m. La meseta se extiende en semicírculo hasta otros montes de suave pendiente y llega hasta el pie mismo del Jebel Musa, que se puede tocar con la mano. Mide una extensión de 5 km.; puede muy bien ser el teatro de los acontecimientos descritos en Éxodo 19ss. Por tal la tienen no solamente los monjes griegos del monasterio del Sinaí, sino también muchos estudiosos.
La mayor parte de la geografía de la Península es impropia para la vida sedentaria, incluso ingrata al nómada. Solo en el oasis de Cadés puede darse algún cultivo. La zona central, de arenisca, con reducidas áreas cultivables, aptas para un limitado pastoreo, tampoco ofrece facilidades para la existencia. Tiene pocos oasis, aunque cuenta con algunas minas de cobre y turquesas explotadas por los egipcios en la antigüedad. En esta región existen inscripciones aún no enteramente descifradas y que han llamado la atención desde tiempos antiguos. Son inscripciones generalmente breves, de una o dos líneas, escritas en alfabeto cananeo del s. XV a.C. correspondientes al cananeo vulgar de los mineros allí instalados, semitas nordoccidentales, sin duda esclavos o cautivos de los egipcios (Albright). La zona granítica del sur reúne mejores condiciones para la vida sedentaria, con numerosos oasis y posibilidades de vegetación. La población actual de la Península se calcula en unos 5.000 árabes semi nómadas.

