Diccionario Bíblico

SIMÓN EL CELOTA

Letra S

Personaje cuyo nombre aparece en todas las lista de los apóstoles de los Evangelios y los Hechos. Para distinguirlo de San Pedro se le llama kananaîos, καναναῖος (Mc. 3:18), trascripción griega de una palabra aramea (kananites, κανανίτης, en Mt. 10:4), que Lucas traduce como zelotes, ζηλώτης (Lc. 6:15; Hch. 1:13), lo que ha llevado a pensar que este discípulo era miembro del partido zelota.
Ambos apodos, kananaîos y zelotes, tienen el mismo significado, y su traducción al hebreo y arameo es qaneaná, קַנְאָנָ, que significa «celoso»; de ahí que los sobrenombres «zelota» y «cananita» se apliquen a un mismo personaje, pues Lucas no hace sino traducir correctamente el término arameo qaneaná, en siríaco qanenyeh, tal como lo traduce la Peshitta.
San Jerónimo y otros asumen incorrectamente que Caná fue su lugar de nacimiento, y por eso pudo haber recibido el apodo de kanaîos. Incluso van más lejos y lo identifican, sin fundamento, con el novio de la boda de Caná, mientras que en el Chronicon paschale y en otras fuentes lo identifican como Simón Clopás. Los griegos, coptos y etíopes lo identificaban como Natanel de Caná. Pero «cananeo», como hemos dicho, corresponde al arameo qaneaná, que de ningún modo quiere decir «cananeo», o habitante de Caná. Según Brandon y otros, Lucas es más fiel a la verdad histórica al traducir «celote», mientras que Marcos, seguido por Mateo, hace una lectura despolitizada de la historia para no molestar a sus lectores romanos y no crear dificultades a los cristianos de la capital del Imperio. Decir «zelota» era recordar a los romanos la reciente guerra inicada por este grupo intransigente contra ellos. Marcos, contra su costumbre, no traduce el sobrenombre kananaîos para evitar que se sepa que uno de los seguidores de Jesús había pertenecido al grupo de fanáticos enemigos de Roma. Ahora bien, ni el término gr. utilizado por Lucas, zelotes, ni el arameo conservado por Marcos, designan necesariamente a un miembro del movimiento zelota; pueden significar simplemente «celoso» y designar así, a modo de apodo, a uno que se caracteriza o distingue por un celo especial, principalmente en las cosas relativas a Dios y su Ley. También cabe la posibilidad de que Simón el apóstol hubiera pertenecido en otro tiempo al grupo zelota propiamente dicho y por ello le quedó el apodo.
Aparte de esto, es poco lo que sabemos de este apóstol. En la lista de los Doce se le coloca en el último lugar. Es el último de los elegidos y nada sabemos de sus acciones y palabras en el Evangelio. Pero sea que su «celo» tuviera motivos puramente religiosos, o también políticos, de carácter nacionalista, el hecho de seguir a Jesús debió de costarle mucho a nivel personal para adaptarse a la vida que enseñaba y propugnaba el Maestro. El cambio abarcaba desde lo político a lo religioso, pues las críticas del Jesús a los fariseos son más aplicables aún a los zelotes. En lo personal fue todo un reto, pues Jesús predicaba con total claridad el mandamiento del amor al prójimo y al enemigo, y lo propio de una persona celosa, que roza el fanatismo, es no amar a las personas que no aceptan su punto de vista. En su celo, como el apóstol Pablo, puede llegar a la aprobación del asesinato y, desde luego, al recurso a la violencia para conseguir sus propósitos. Se puede decir que «Jesús no critica las opiniones políticas sus discípulos, pero les exige respeto, y remontarse a las raíces de los males de cada generación. Sin la liberación del pecado, todas las liberaciones políticas —a pesar de las grandilocuentes declaraciones— acaban en nuevos dolores, si no en tiranías crueles» (Enrique Cases).
La tradición dice que Simón sufrió la crucifixión como obispo de Jerusalén, luego de haber predicado el Evangelio en Samaria. No se sabe con certeza en qué lugar predicó el Evangelio. Se habla de casi todos los lugares conocidos de ese entonces; según los griegos, predicó en el mar Negro, en Egipto, el norte de África, y Gran Bretaña, mientras que, según el latino Passio Simonis et Judae, suficientemente cercano a la historia del primer siglo del Imperio parto, dice que Simón trabajó en Persia, y fue martirizado en Suanir. Sin embargo, Suanir probablemente puede ser Colchis. Según Moses de Chorene, Simón murió en Weriosphora en Iberia; y según los georgianos, predicó en Colquis. Se desconoce el lugar donde fue enterrado. Véase APÓSTOLES.