Diccionario Bíblico

Silo

Letra S

Heb. 7887 Shiloh, שִׁלה = «tranquilo» (Jos. 18:1, 8, 9, 10; 19:51; 21:2; 22:9, 12; Jue. 18:31; 21:12; 1 Sam. 1:3, 9; 2:14; 3:21; 4:3, 4, 12; 14:3; 1 R. 14:2, 4; Jer. 26:6), también escrito שִׁילה (1 R. 2:27]; también Shiló, שִׁלוֹ (Jue. 21:19; 1 Sam. 1:24; 3:21; Sal. 78:60; Jer. 7:14; 26:9; 41:5), o Shilú, שִׁילו (Jue. 21:21; Jer. 7:12); Sept. gral. Seló, Σηλώ o Selom, Σηλώμ, v. Salón, Σαλών, Salem, Σαλήμ; Josefo, Siló, Σιλώ (Ant. 8, 7, 7; 11, 1; Silûn, Σιλοῦν, 5, 1, 19; 2, 9; Seló, Σηλώ, 5, 2, 12); Vulg. Silo, Selo.
Ciudad al norte de Bet-el y al sur de Lebona, en el territorio de la tribu de Efraín. Se encontraba al este de la ruta principal, comunicando Bet-el con Siquem (Jue. 21:19). Bajo el mando de Josué, los israelitas erigieron allí el Tabernáculo, quizá por encontrarse esta ciudad en el centro de la Tierra Prometida, donde estaba guardada el Arca de la Alianza (Jos. 18:1). A falta de unidad política, Yahvé servía de lazo de unión entre todas las tribus. A continuación, procedieron a echar suertes sobre las partes de Canaán que aún no habían sido asignadas (Jos. 18:8–10; 19:51; 22:9). Las tribus del oeste del Jordán se reunieron en Silo para convocar a sus hermanos establecidos al este del río para que explicaran la erección de su altar (Jos. 22:12). Convertida en ciudad-santuario y centro de culto, los israelitas acudían cada año para celebraban la fiesta de los Tabernáculos en honor de Yahvé (Jue. 21:19; 1 Sam. 1:3).
En una de las fiestas de Yahvé en Silo, sin duda una de las tres prescritas por la Ley (cf. Ex 23:14; 34:23), sin que pueda precisarse cuál de ellas, durante la misma, las hijas de Israel danzaban en coro, alusión a las danzas acompañadas de gritos (cf. Ex 32:1–19), doscientos benjaminitas que se habían quedado sin mujer se apoderaron de las jóvenes doncellas para hacerlas sus esposas. Después de haber asegurado a los padres y hermanos que no tomaban aquellas vírgenes en calidad de botín de guerra, percibiendo por lo mismo ellos el mohar o > dote correspondiente, se marcho cada uno a su heredad (Jue. 21:16–23).
En la época de > Elí, y durante la infancia de Samuel, el Tabernáculo y el Arca se hallaban aún en esta localidad (Jue. 18:31; 1 Sam. 1:9, 24; 2:14, 22; 3:3, 21; 4:3, 4; 14:3). La toma del Arca por parte de los filisteos significó que Dios había abandonado Silo como santuario (Sal. 78:60; Jer. 7:12, 14; 26:6, 9), dándose una suspensión del pacto concertado en el Sinaí, simbolizado por el Arca. Cuando los filisteos devolvieron el Arca, no fue reinstalada en Silo, sino que fue llevada a casa de > Abinadab (1 Sam. 6:21; 7:1, 2; 2 Sam. 6:2, 11, 17). En esa época debió sufrir una destrucción, a juzgar por los textos de Jeremías, donde se recuerda la desgracia de Silo como ejemplo de lo que pasará a la Jerusalén apóstata: «Entonces haré a este templo como hice al de Silo y expondré esta ciudad como una maldición ante todas las naciones de la tierra» (Jer. 26:6, 9; cf. 7:12–14).
En lo que quedaba de Silo vivió el profeta Ahías, que predijo la realeza futura de Jeroboam. La esposa de este soberano, cuyo hijo cayó gravemente enfermo, fue a la ciudad a preguntar al profeta si su hijo sanaría (1 R. 14:2, 4). La ciudad seguía estando habitada en tiempos de Jeremías (Jer. 41:5) y siguió existiendo durante los imperios griego, romano y bizantino. Se identifica con la actual Hirbet Seilûm, a unos 16 km al nor-noreste de Betel, unos veinte kilómetros al sur de Naplusa.