Diccionario Bíblico

SILENCIO

Letra S

Heb. 1745, dumah, דּוּמָה = «silencio», de una raíz que sign. «estar mudo»; 5535 sakhath, סכת = «estar callado»; 2790 jarash, חרשׁ, «guardar silencio» en relación con un secreto; también «disimular, maquinar»; gr. 4602 sigé, σιγή = «silencio»; 4601 sigao, σιγάω = «guardar silencio, callar» (Hch. 21:40; Ap. 8:1).
Aplicado a Dios, el silencio tiene el mismo significado ambivalente que en las relaciones humanas. Dependiendo del contexto, puede significar recogimiento, tiempo de reflexión, signo de sabiduría, hablar prudente, o, por el contrario, enojo, negación, rechazo, lejanía o indiferencia. Así, el silencio del Dios vivo ante las injusticias humanas como signo de una sabiduría superior que aguarda su momento para ser manifestada, y también el silencio de Dios respecto a la ayuda solicitada en oración, se interpreta como enojo por el pecado, o simplemente tardanza, que los autores bíblicos buscan romper con sus súplicas; de ahí las frecuentes expresiones en que se pide a Dios que «no calle». En casos así, se trata de súplica, de solicitud de la intervención salvadora de Dios (Sal. 28:1; 35:22; 39:13; 89:13; 109:1–2); mientras que la expresión «no callará», en relación con el juicio, sirve para indicar la justicia de Dios que, a diferencia de los hombres, no se quedará en silencio frente a la maldad (Sal. 50:3).
«La metáfora literaria y teológica del silencio de Dios indica en la Escritura la aparente ausencia divina en la historia humana (Habacuc; Lamentaciones) o en la vida de un individuo (Job), percibida y sufrida por el creyente como una realidad paradójica y misteriosa».
La literatura sapiencial elabora cierta antropología en la que se ha visto que el silencio representa una manifestación indispensable del actuar justo e inteligente. Es como una actitud interior que brota del respeto por lo desconocido, que predispone a aceptar el misterio de los otros y del Otro por excelencia. El silencio no es el simple hecho de no hablar, es un acontecimiento positivo, constructivo y creador de comunión; no es solamente exterior, sino expresión de un estado interior, que habrá que crear y motivar en cada ocasión. El silencio auténtico, explícita y libremente deseado, busca entrar en relación y de abrirse al otro y a Dios.
La imagen «ponerse la mano en la boca» puede indicar la imposición de silencio a alguien (Jue. 19:18), y también se utiliza para designar el gesto de quien se queda callado por asombro (Miq. 7:16; Job 29:9; 40:4), o de quien, por prudencia, guarda silencio (Prov. 30:32).