Diccionario Bíblico
Siglo
Letra S
1. Vocabulario y uso.
2. Siglo presente.
3. Siglo venidero.
I. VOCABULARIO Y USO. Gr. 165 aión, αἰών; en general, indica un espacio de tiempo de duración considerable, pero limitada; no constituye una medida fija y exacta; en el griego clásico indicaba la duración de la vida humana, que se apreciaba en setenta años, y por extensión, cualquier duración, con tal de que fuera prolongada. Podría traducirse por «período», «edad». El primer valor de aión es, pues, temporal. De ahí pasa a adquirir un valor casi espacial en algunas ocasiones; entonces viene a ser casi sinónimo de kosmos, con el significado de «mundo», aunque siempre como sentido derivado e imprimiéndole la idea de «tiempo del mundo» en tanto que lleno de historia. En la cultura griega kosmos denotaba el universo concebido como un todo ordenado e interiormente trabado, dotado de leyes inmanentes a las que debe su armonía y su uniformidad; marca preferentemente la regularidad y uniformidad del universo, mientras que aión, tal como es empleado por los autores bíblicos, subraya ante todo el aspecto histórico.
El vocablo hebreo correspondiente es 5769 olam, עוֹלָם, u olán, עֹלָן, de una raíz que significa «estar oculto» o «estar escondido», y que servía primitivamente para expresar la idea de un pasado lejano, oculto en la noche de los tiempos y, por extensión, una duración larga, indefinida, tanto en el pasado como en el porvenir. Dada la relación que existe entre la duración y lo que dura, en el hebreo rabínico y en arameo esta palabra se usó también para indicar el «mundo» en tanto que sujeto a duración. La LXX lo traduce por aión, y la Vulgata por saeculum.
Aión va normalmente acompañado de algunas palabras que lo determinan. Solo el plural, aiones, es empleado sin especificación, y se refiere a la totalidad del tiempo pasado, presente y futuro, a saber, la eternidad: «Habla-mos la sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que Dios predestinó desde antes de los siglos para nuestra gloria» (1 Cor. 2:7). «El misterio que desde la eternidad había estado escondido en Dios, quien creó todas las cosas» (Ef. 3:9). «El misterio de Dios que había estado oculto desde los siglos y generaciones, pero que ahora ha sido revelado a sus santos» (Col. 1:26).
Es común en los Evangelios Sinópticos referirse a la expresión «este mundo y el venidero», puesta en labios de Jesús (Mt. 12:32; Mc. 10:30; Lc. 16:8; 18:30; 20:34). Esta referencia a dos eones parece una novedad del NT y también se halla atestiguada en los escritos paulinos, como vamos a ver.
II. SIGLO PRESENTE. Corresponde a tres fórmulas equivalentes: ho aión hutos, ὁ αἰών οὕτως (Ro. 12:2; 1 Cor. 2:6, 8; 2 Cor. 4:4; Ef. 1:21); ho nyn aión, ὁ νῦν αἰών (1 Tm. 6:17; 2 Tm. 4:10; Tit. 2:12) y ho enestôs aión, ὁ ἐνεστῶς αἰών (Gal. 1:4). De manera similar, en cierto número de pasajes Jesús habla de «este siglo», aión, αἰών, cuyos cuidados, preocupaciones y engaño de las riquezas ahogan la palabra del Evangelio, y queda sin fruto (Mt. 13:22). Es un tiempo caracterizado por el casamiento y la procreación, distinto a aquel mundo (aión, αἰών) venidero donde nadie se casará, ni se dará en casamiento (Lc. 20:34). Este mundo-edad está abocado a un final, entendido no como el fin del cosmos, sino como el fin de la era presente, caracterizada por el rechazo de Dios (Mt. 13:39, 40, 49; 24:3; 28:20). De todos estos pasajes, y de la cosmovisión bíblica general, se deduce que el aión presente tiene un sentido peyorativo: es un siglo malo (Gal. 1:4) que se encuentra sometido al imperio de Satán, «el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia» (Ef. 2:2; cf. Jn. 14:30), el cual es realmente «el dios de esta edad presente», que ha ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no les ilumine el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo (2 Cor. 4:4).
Esta valoración negativa del «mundo» no se refiere tanto al mundo natural, al kosmos, que en cuanto creado es bueno en sí, por ser obra de Dios, sino al «mundo presente, temporal», a la «historia presente», donde reinan el pecado, la muerte y Satanás, ciertamente enemigos terribles del hombre, pero ya derrotados en la cruz, y en franco retroceso debido al empuje de la palabra de gracia (cf. Jn. 16:11). Este aión presente, donde imperan el pecado, la muerte, la injusticia, está llamado a desaparecer irremisiblemente y dejar paso al aión futuro, caracterizado por la salvación y justicia de Cristo, quien ha sido recibido en el cielo «hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de las cuales habló Dios por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos» (Hch. 3:21).
Por una trasposición de significado común en la apropiación de un vocablo por otro pueblo, cultura o tiempo, el término aión recibe a veces casi el mismo significado que kosmos, especialmente en los escritos de Juan y Pablo. Así, p.ej., cuando Pablo llama a Satanás «príncipe de este mundo», se está refiriendo a unas categorías casi espaciales o cósmicas, en sentido derivado de las temporales, como un modo de existencia.
III. SIGLO VENIDERO. Gr. ho aión mellon, ὁ αἰών μέλλων (Heb. 6:5), en plural «edades venideras» (Ef. 2:7), en el sentido de «siglo venidero», como un rasgo estilístico. Designa el tiempo futuro de la gloriosa manifestación del Reino de Dios, cuando se mostrarán «las superabundantes riquezas de su gracia, por su bondad hacia nosotros en Cristo Jesús» (Ef. 2:7). Los discípulos de los tiempos apostólicos son descritos como aquellos que han alcanzado «el fin de las edades» o «fines de los siglos» (1 Cor. 10:11). Esta mentalidad presupone la concepción del tiempo histórico como una línea recta que se origina en el pasado y se encamina hacia un punto final, partida por un momento transcendental y determinante que corresponde a la encarnación de Dios, a la manifestación del Mesías y Logos en la persona de Jesús. No importa el número infinito de aiones transcurrido en un sentido u otro, el definitivo ya se ha dado en Cristo de una vez para siempre «en la consumación de los siglos» (Heb. 9:26), e inicia el comienzo del fin de la historia entendida como Historia de la Salvación, la gesta del esfuerzo divino por remontar el curso negativo de la historia de la humanidad y restaurarlo a la unidad primera. Los discípulos de Jesús son bienaventurados porque sus ojos han visto lo que ven en la persona y obra de Jesús. «Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron» (Lc. 10:23–24). El eón futuro ya esta presente para los creyentes; el eón presente terminará en una gran conflagración cuando una gran voz procedente del del trono de Dios dirá: «¡Está hecho!» (Ap. 16:17). Entonces aparecerán los «nuevos cielos y la nueva tierra» (Ap. 21:1) y la humanidad entrará en la eternidad de Dios. Véase ETERNIDAD, MUNDO, TIEMPO, UNIVERSO.

