Diccionario Bíblico
SIEGA, SEGAR
Letra S
Heb. 7105 qatsir, קָצִיר = «cortado, siega»; verb. 7114 qatsar, קצר = «segar»; gr 2326 therismós, θερισμός = «siega», del verb. 2325 therizo, θερίζω = «cosechar, segar»; 2327 theristés, θεριστής = «segador».
1. Siega y alegría.
2. Siega y juicio de Dios.
I. SIEGA Y ALEGRÍA. La siega en Palestina generalmente se hacía con la > hoz, a la que en ocasiones se hace referencia en la Escritura (Jer. 50:16; Joel 3:13), pero no hay duda que también existía la vieja costumbre de arrancar las plantas por la raíz, dejando los campos desnudos. La mies cortada se junta bajo el brazo y se va amarrando en gavillas. El salmista se refiere al segador que llena su mano, y el atador de manojos que llena su seno (Sal. 129:7). José en su sueño vio se que hacían manojos en cl campo (Gn. 37:7).
Los enemigos de los sembrados son muchos, a saber, > langostas (Jue. 6:5; 7:12), pájaros (Mc. 4:4), malas hierbas como la > cizaña (Mt. 13:25), fuego, fortuito o intencionado (Ex. 22:6), sequía y ladrones (Jue. 6:3). Siendo tantos y tan presentes los enemigos de los sembrados, el agricultor aguarda la cosecha con temor y temblor, pensando en las eventualidades que pueden arruinarla. Por eso se dice que se siembra con lágrimas, pero se siega y se recoge con regocijo (Sal. 126:5, 6). No es para menos: la siega, como la vendimia, es el fruto del trabajo y la garantía de la subsistencia anual. El gozo natural de la siega hace olvidar la ruda fatiga del trabajo con la hoz, bajo el sol abrasador (Rut 2; Is. 9:2; Jer. 31:12). La cosecha es una bendición divina. Dios da el crecimiento (1 Cor. 3:6s), y a cambio el hombre debe corresponder con acción de gracias (Sal. 67:7; 85:13). A ello obedece la institución de la fiesta de > Pentecostés, fiesta de la siega, durante la cual se ofrecen las primicias de la cosecha (Ex. 23:16; 34:22), especialmente la primera gavilla (Lv. 23:10).
De este gozo son partícipes todos los que colaboran en la siega y el posterior trillado, hombres y animales (Dt. 25:4; 1 Cor. 9:9), y también los que, carentes de medios —pobre y extranjeros—, aprovechan el > rebusco para proveerse de sustento (Lv. 19:9; Dt 24:19).
II. SIEGA Y JUICIO DE DIOS. En sentido figurado, la siega habla del juicio que será ejecutado por Dios al final de esta edad, cuando el trigo será separado de la cizaña (Mt. 13:30). A la manera de un segador, Dios corta, aplasta y criba cuando castiga a Israel (Is. 17:5; Jer. 13:24). Cuando la malicia de los hombres llega al colmo, Dios echa la hoz, porque «la mies está madura» (Joel 3:13).
Juan el Bautista presenta a Cristo como el aventador que limpia su era. «Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en el fuego que nunca se apagará» (Mt. 3:12; cf. Is. 28:27). Los discípulos son enviados por el mundo para recoger el fruto del trabajo de sus predecesores, sobre todo de Jesús, que pagó con su sangre la multiplicación del grano de trigo (Jn. 12:24). Es significativo que la Iglesia se dé a conocer al pueblo de Israel en la fiesta de Pentecostés, fiesta de la cosecha que inaugura la gran siega, que concluirá el día del Señor, cuando el Hijo del hombre eche la hoz en la mies finalmente madura (Ap. 14:14ss). Hasta este momento, la cizaña continuará mezclada con el buen grano, pero cuando Hijo del hombre venga, al fin de los tiempos, enviará a sus ángeles a ejecutar el juicio que haya pronunciado sobre las obras de los hombres (Mt. 13:24–30, 36–43). Véase COSECHA, ESPIGAR, HOZ, JUICIO, SIEMBRA.

