Diccionario Bíblico
Sermón del monte
Letra S
Título que tradicionalmente se da a las enseñanzas de Jesús consignadas en Mt 5–7. El pasaje paralelo es el «Sermón del Llano» (Lc 6:20–49), cuya relación literaria con el Sermón del Monte se discute aún.
Formas Y Circunstancias
Antes se daba por sentado que el Sermón del Monte era un solo discurso pronunciado por Jesús en una ocasión precisa; indudablemente el texto de Mt da esta impresión (cf. 5:1; 7:28). Pero la → Crítica de las formas ha establecido la probabilidad de que el Sermón sea una recopilación de dichos del Señor emitidos en diferentes ocasiones; un resumen de muchos sermones p. ej., 34 de los 110 vv. de Mt se hallan insertados en otros contextos en Lc (el padrenuestro, Mt 6:9–15; Lc 11:2ss) en los que cuadran bien.
Además, la densidad y falta de unidad lógica del Sermón indican una reelaboración de parte de Mt, de acuerdo con el propósito especial que le inspira. Así que en esta, la más larga de cinco secciones didácticas, el evangelista reúne, como de costumbre, sentencias, proverbios, parábolas, etc., que Jesús pronunció en diferentes ocasiones sobre un tema determinado. Sin embargo, no hay necesidad de exagerar la arbitrariedad de la composición. Tanto Mt como Lc se basaron en informes sólidos de un sermón histórico de Jesús, expandiéndolo o reduciéndolo cada cual según su propósito (→ Evangelios).
Mateo y Lucas ubican el Sermón del Monte en el primer año del ministerio público de Jesús, aunque Mateo un poco más temprano que Lucas. Este lo sitúa inmediatamente después de la elección de los doce e implica que es una especie de sermón de ordenación (6:12–19; cf. Mt 10:1–4). El Sermón del Monte supone una evolución en el contenido del mensaje desde los primeros días de la predicación en las sinagogas («Arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado», Mt 4:17); trata de una exposición al aire libre sobre la naturaleza del → Reino. Aunque es imposible precisar en cuál monte se pronunció el Sermón, es común optar por una de las colinas que rodean el llano septentrional de Galilea. Según Mt 8:5, Jesús entró después en → Capernaum; el monte no dista mucho de allí, según parece.
El Sermón se dirige primordialmente a los discípulos. La ética exaltada y las estrictas demandas del Sermón, suponen un auditorio que ha dejado la religión en boga para aceptar las normas delineadas por Jesús (cf. Mt 5:13, como también el uso de «vosotros» en Lc 6:20–23). Sin embargo, al final del Sermón (Mt 7:28s; Lc 7:1) aprendemos que la asistencia es grande (cf. Mt 5:1s) y no consta solamente de discípulos (cf. Lc 6:24ss). La muchedumbre oye el mensaje pero solo puede poner por obra sus enseñanzas si se adhiere al Maestro mismo.
Foto: Servicio fotográfico Levant
Capilla en el monte de las Bienaventuranzas. Según muchos eruditos, Jesús presentó su Sermón del Monte en este lugar.
Contenido
El tema general del Sermón, notorio desde las Bienaventuranzas, es «la vida en el reino, su naturaleza y su conducta». Jesús pone de relieve su autoridad absoluta como intérprete de la voluntad divina, Señor y juez escatológico; de manera que habla no solo como súbdito y ejemplo del reino, sino como Rey. El Sermón carece de una lógica estricta en su desarrollo, y pasa a veces de un pensamiento a otro por medio de palabras clave o de aliteración (en el arameo original, reconstituido). Pero damos a continuación un análisis descriptivo del contenido:
La bienaventuranza de los súbditos
del reino (5:3–16)
1. Las bienaventuranzas (5:3–10).
2. Expresión de la última bienaventuranza; el papel del discípulo en un mundo incrédulo (5:11–16).
La relación entre el mensaje de Jesús
y la antigua dispensación, 5:17–48
1. La tesis: el evangelio «cumple» la Ley aclarando sus principios subyacentes, 5:17.
2. Expansión de la tesis, 5:18–20.
3. Ilustraciones de la tesis, 5:21–48.
(a) El mandamiento contra el → Homicidio: el elemento culpable es la ira, 5:21–26.
(b) El → Adulterio es fruto de un corazón maligno, alimentado por la lascivia, 5:27–30.
(c) El divorcio conduce al adulterio, 5:31s
(d) La → Justicia del reino exige una sinceridad de tal calibre que haga innecesario el → Juramento, 5:33–37.
(e) La ley del talión tiene que ceder al espíritu que no se venga, 5:38–42.
(f) El amor se debe extender tanto a enemigos como a amigos, 5:43–48.
Instrucciones prácticas para la conducta digna del reino, 6:1–7:12
1. La piedad falsa y la auténtica: la → Limosna, la → Oración, el → Ayuno, 6:1–18.
2. Los tesoros y la solicitud terrena, 6:19–34.
3. Prohibición de juzgar, 7:1–6.
4. Exhortación a la oración confiada, 7:7–12.
Exhortación a vivir para Dios, 7:13–29.
1. Los dos caminos, 7:13s.
2. Los falsos profetas y los frutos buenos, 7:15–20.
3. La necesidad de oír y practicar, 7:21–27.
Interpretación
En el transcurso de los siglos el Sermón del Monte se ha interpretado de muchas maneras. Para Agustín, obispo de Hipona (395–430), era «el reglamento perfecto de la vida cristiana», una nueva ley que contrastaba con la antigua. Las órdenes monásticas lo interpretaban como un «consejo de perfección», elaborado no para las masas de cristianos sino para los religiosos. Los reformadores lo vieron como expresión inexorable de la justicia divina dirigida hacia todos y preludio a la aceptación de la gracia divina. Weiss y Schweitzer (a fines del siglo XIX y a principios del XX) consideraban demasiado radicales las demandas del Sermón para aplicarse a todos los tiempos; las suponían como una «ética interina» para los cristianos primitivos que esperaban el pronto fin de la época. Otros, haciendo hincapié en el lenguaje figurado, tratan el Sermón como una forma noble de pensar, como una enseñanza sobre qué debe ser el hombre, en vez de qué debe hacer.
Los estudios sobre el arameo que hablaba Jesús y sobre la forma poética de los dichos del Sermón nos advierten contra un literalismo excesivo en su interpretación. El sacar un ojo o cortar una mano en la lucha contra la lujuria (5:29s) sería sin sentido. Hay que dejar campo a la expresión proverbial, a veces paradójica e hiperbólica. Pero siempre quedan demandas que el hombre, sin el auxilio divino, no puede cumplir; la ética propuesta es de dimensiones inauditas. Sin embargo, no es de índole legalista, sino consta de principios fundamentales iluminados por ejemplos concretos. No es un ideal para el que no es cristiano, ni mucho menos un programa para mejorar el mundo, sino una moral dirigida al hombre regenerado. Su ética pertenece a ese orden trascendental que irrumpió en la historia con la persona de Jesucristo, y que continúa su existencia en la iglesia, pero que espera su realización plena después de la venida gloriosa del Salvador.

