Diccionario Bíblico

Seres vivientes

Letra S

Heb. jayyoth, חַיֹות, lit. «vivientes»; gr. zoon, ζῶον, mencionados en Ezequiel y Apocalipsis (Ez. 1:5–25; 3:13; 10:15–22; Ap. 4:6–9; 5:6, 8, 11, 14; 6:1, 6; 7:11; 14:3; 15:7; 19:4); criaturas imaginarias o compuestas que señalan de manera simbólica los atributos de la divinidad y sus operaciones, tal como era común en las representaciones mitológicas de la antigüedad.
En el cap. 10:20, 22, Ezequiel los llama kerubim o querubes, identificándolos así con los karibu asirios encontrados a la entrada del palacio de Jorsabad. Son seres extraños con rostro barbado de hombre, alas de águila, bajo las cuales aparecen dos brazos de hombre, y cuerpo mitad de toro y mitad de león. Eran los genios protectores de los palacios asirios. Representaciones semejantes formaron parte de la decoración del Templo de Salomón en el lugar de la oración y en las paredes (1 R. 6:23–30; 2 Cro. 3:7).
El profeta hebreo dice que los cuatro seres vivientes juntaban dos de sus alas con las del más próximo, formando un soporte o plataforma, es decir, un trono. Con las otras dos alas cada uno se cubría el cuerpo en señal de respeto. El conjunto de los «vivientes» caminaba siempre hacia adelante, sin volverse, movidos por el espíritu o soplo de Dios. Los rostros de estos «vivientes» correspondían el primero al rostro humano; el segundo, al del león; el tercero, al del buey; el cuarto, al del águila. En ellos están representadas las criaturas más nobles de la creación: el hombre con su inteligencia; el león y el toro con su fuerza; y el águila con su rápido vuelo, cada una rey en su propia esfera. Estos animales, que en la mitología babilónica representaban diversas divinidades, en la visión profética forman el trono del único Dios, el Señor de Israel. Son cuatro, con cuatro alas cada uno y cuatro ruedas, porque cuatro denota la idea de universalidad y comunica el dominio universal de Yahvé sobre los cuatro del universo (cf. Zac. 2:1; 2:3; 6:5).
El vidente de Patmos se inspira en estos pasajes de Ezequiel y presenta a los vivientes, no como plataforma del trono, sino cerca del trono de Dios y el Cordero (Ap. 4:6; 5:6; 6:1, 6; 14:4). Tienen seis alas y están llenos de ojos (4:6–8). Representan todo lo más noble, fuerte, sabio y veloz de la naturaleza. Cada uno es rey, tiene la preeminencia en su propio campo, y todos adoran y alaban a Dios (Ap. 4:6–9; 5:6, 8, 11, 14; 6:1, 6; 7:11; 14:3; 15:7; 19:4), es decir, la naturaleza entera se rinde agradecida ante Dios. Véase QUERUBÍN, SERAFÍN.