Diccionario Bíblico
SEQUÍA
Letra S
La terminología heb. es muy variada para describir este fenómeno:
1. Heb. batstsóreth, בַּצֹּרֶת = «falta de lluvia, sequía» (Jer. 17:8; 14:1).
2. Heb. 2721 jóreb, חֹרֶב = «sequedad, sequía» (Gn. 31:40; Jer. 1, 38; Hag. 1:11); o 2725 jarabón, חֲרָבֹון = «calor ardiente, sequedad» (Sal. 32:4).
3. Heb. 6710 tsajtsajah, צַחְצָחָה = «lugar seco, sequía»; tsajtsajoth, צַחְצָחֹות = «sequedales» (Is. 58:11); 6723 tsiyyah, צִיָּה = «calcinado, aridez» (Job 24:19; Jer. 2:6).
La sequía es un grave problema en Palestina, que no cuenta con ríos para el riego, y donde las > lluvias son casi nulas fuera de la estación pluviosa, que se extiende desde octubre hasta marzo. Aunque el > rocío es copioso antes y después del verano, de manera que refresca la tierra en sustitución de la lluvia, no es suficiente para mentener con vida las plantas, que se secan y mueren. A estas «sequedades de verano» hacen referencia los autores bíblicos (Sal. 32:4; Is. 40:6, 7). La sequía es como sed que padecen los campos, según el gráfico término 6774 tsimmaón, צִמָּאוֹן, que denota un lugar sediento, que padece sed (Dt. 8:15; Sal. 107:33; Is. 35:7); un cuerpo disecado, consumido por la sed, heb. 8514 taleubah, תַּלְאוּבָה, precisamente el lugar escogido por Dios para desposarse con Israel: «Yo te conocí en el desierto, en tierra seca» (Os. 13:5).
El calor consume la tierra, es como si el cielo se convirtiera en bronce y la tierra en hierro (Dt. 28:23). En muchos textos la sequía se considera un castigo de Dios por el pecado y desobediencia de Israel, una maldición contra el pueblo rebelde (Dt. 28:24). «Vosotros buscáis mucho y halláis poco; y lo que lleváis a casa, de un soplo yo lo hago desaparecer. ¿Por qué?, dice Yahvé de los Ejércitos. Porque mi casa está en ruinas, mientras que cada uno de vosotros se ocupa de su propia casa. Por eso, por causa vuestra, los cielos retuvieron la lluvia, y la tierra retuvo su fruto. Además, llamé la sequía sobre la tierra y sobre los montes; sobre el trigo, sobre el vino nuevo, sobre el aceite y sobre todo lo que la tierra produce; sobre los hombres, sobre el ganado y sobre todo trabajo de las manos» (Hag. 1:11; cf. Os. 14:5; Nah. 1:4, etc.). Por este motivo, los lugares áridos son considerados por la mentalidad hebrea lugares malditos y habitación de demonios (cf. Lc. 11:24). Por el contrario, «el que confía en Yahvé será como un árbol plantado junto a las aguas y que extiende sus raíces a la corriente. No temerá cuando venga el calor, sino que sus hojas estarán verdes. En el año de sequía no se inquietará, ni dejará de dar fruto» (Jer. 17:7–8). Véase DESIERTO, LLUVIA, ROCÍO.

