Diccionario Bíblico
Senaquerib
Letra S
Heb. 5576 Sanjerib, סַנְחֵרִיב, del ac. Sin-aji-iriba = «Sin [dios lunar] ha reemplazado a mis hermanos», nombre que hace referencia al hecho de que sus hermanos mayores habían muerto antes de que él naciera; Sept. Sennakherim, Σενναχηρίμ v. Senakhereím, Σεναχηρείμ; Josefo, Senakhéribos, Σεναχήριβος; Heródoto, Sanakháribos, Σαναχάριβος; Vulg. Sennacherib.
Monarca asirio (705–681 a.C.) contemporáneo de > Ezequías, rey de Judá. Hijo y sucesor de Sargón II, su dominio llegaba hasta las fronteras de Egipto, Urartu y Elam, abarcando toda Mesopotamia y Palestina, por lo que en torno a 700 a.C., Senaquerib tenía motivos para titularse «Rey de las Cuatro Regiones del Universo». Gran constructor, introdujo nuevos métodos de construcción, e hizo de > Nínive, a orillas del Tigris, la capital del Imperio asirio, embelleciéndola con canales, puertos, palacios y jardines colgantes, todo protegido por grandes murallas. Construyó un gigantesco acueducto que traía agua para la capital y la zona circundante desde las montañas del oriente, ubicadas a unos 48 km. de distancia.
Aprovechando los conflictos de Asiria con > Babilonia y > Elam, los príncipes de Siria y de Palestina, incluido Ezequías de Judá, intentaron reconquistar al menos un poco de su independencia. Para ello, Ezequías se alió con Egipto, en contra de la opinión de Isaías (Is. 18:1–7; 19:1–15, etc.). Restablecido el orden en Babilonia, en el año 701 a.C., Senaquerib marcha contra los rebeldes. Ezequías se prepara para resistir el embate asirio haciendo excavar en la roca un tunel para hacer llegar el agua desde la fuente de Guijón hasta el interior de Jerusalén (2 R. 20:20; Is. 22:9, 11; 2 Cro. 32:30; Ecl. 8:17). Senaquerib se apoderó primero de una cantidad de ciudades fenicias y, a continuación, avanzó hacia el centro de la rebelión en Palestina: las ciudades filisteas y el reino de Judá, para luchar contra Ezequías. En Judá destruyó numerosas ciudades, entre ellas > Laquis (2 R. 18:14, 17; 19:8), cuyo sitio y captura están ilustrados en un friso, donde Senaquerib aparece sentado sobre un trono ante la ciudad vencida, aceptando los despojos que le llevaban de aquella ciudad mientras se tortura a algunos de los cautivos. Para evitar el desastre total, el rey judío se adelantó enviando a Laquis, donde se encontraba Senaquerib, un mensajero reconociendo su falta y pagándole un tributo bastante cuantioso (2 R. 18:13–16).
No contento, Senaquerib envió dos veces a un oficial al pie de los muros de Jerusalén para instar a Ezequías a rendirse antes de que sea demasiado tarde (2 R. 18:17–19, 37). La respuesta de Ezequías es muy parecida en las dos ocasiones: No rendirá la ciudad, decisión apoyada por Isaías (Is. 37:9–20). Jerusalén se salvó de forma milagrosa: el ángel del Señor hirió al ejército asirio hasta el punto que se vio obligado a retirarse a su país (Is. 37:33–37; 2 Cro. 32:21).
El texto del prisma de Senaquerib parece a primera vista una crónica detallada de esta campaña, la cual sigue un orden más lógico que cronológico. Se habla primero de la campaña contra Sidón, después de la campaña contra las ciudades filisteas de la costa y por último la campaña hacia el interior de Judá donde se narra el asedio de Jerusalén del que se dice que quedó “Ezequías encerrado como un pájaro en una jaula” y también del tributo que este le hizo llegar hasta Nínive y su declaración de fidelidad al rey de Asiria. En esto coincide con el relato bíblico, no se dice que Senaquerib conquistara la ciudad y parece retirarse tras recibir el fuerte tributo de Ezequías (cf. 2 R. 18:13–16; 2 Cro. 32:1–8). Sin embargo, guarda silencio respecto al desastre que sufrieron sus ejércitos, nada extraño dado el tono jactancioso que domina habitualmente las inscripciones de los soberanos asirios. Difícilmente cabría esperar que Senaquerib registrara tal derrota.
Durante los siguientes 10 años estuvo ocupado en asuntos relacionados con Babilonia y Elam. Irritado por las frecuentes rebeliones de Babilonia, en 689 a.C. se presentó con su ejército ante las murallas de las ciudad dispuesto a aplicarle un castigo ejemplar. Destruidas las murallas mediante las legendarias máquinas de asedio y arietes, los asirios penetraron en la ciudad desencadenando una matanza generalizada, de la que no se salvaron ni las imágenes de los dioses. Las estatuas fueron hechas pedazos y los templos saqueados (cf. Jer. 50:1–3). Toda la ciudad fue arrasada materialmente. Con este fin, el monarca asirio inundó completamente la urbe, quizá desviando el curso del Éufrates que pasaba por medio, de modo que se quedó convertida en un pantano inhabitable.
La muerte de Senaquerib tuvo como lugar en 681 a.C. como resultado de una conspiración orquestado por dos de sus hijos, llamados > Adramelec y > Sarezer en la Biblia (2 R. 19:35–37) y Beroso (Libro II). Cuando se dirigía a uno de los templos de Nínive, Senaquerib murió a manos de su propio hijo Arda-Mullissi, cuyo propósito era evitar ser reemplazado en el trono por uno de sus hermanos. El asesino no tuvo éxito en su intento se vio obligado a huir a la tierra de Ararat por Aššur-aha-iddina o > Esar-hadón, que sucedió a su padre (2 R. 18:17–37; 19:1–37; 2 Cro. 32:9–22; Is. 36; 37). Este era el hijo predilecto, lo cual despertaría los celos de los hermanos mayores que él y el enojo contra el padre, que los pasaba por encima. La noticia del asesinato de Senaquerib fue recibido en Israel y en Babilonia, como un castigo de divino del conquistador odiado. Véase ASIRIA, BABILONIA, ELAM, ESAR-HADÓN, EZEQUÍAS, LAQUIS, SARGÓN.

