Diccionario Bíblico

Semitas

Letra S

Término aplicado a un grupo de pueblos estrechamente relacionados por el lenguaje. El nombre y el adjetivo derivan de la > tabla de las naciones de Gn. 10, en la que la mayoría de pueblos aparecen como descendientes de Sem, hijo de Noé (cf. Gn. 9:26, 27).
El término «semita» fue propuesto en un principio para los idiomas relacionados con el hebreo por Ludwig Schlözer (Leipzig, 1781). Poco despúes, por medio de Eichhorn, llegó a ser de uso general (Leipzig, 1787), hasta convertirse en un vocablo técnico.
Grupos del tronco semita se establecieron en Mesopotamia y otras partes del Creciente Fértil. Desde la época de Sargón I, los semitas de > Akkad predominaron sobre los sumerios, pueblo no semita. Sucesivas invasiones, en especial los > amorreos, consolidaron el poder semítico, que se hizo definitivo en tiempos de > Hammurabi. De allí en adelante la mayoría de los habitantes del Próximo Oriente hablaron lenguas semíticas muy afines; las más importartes fueron el > acadio, que incluía también el asirio; el cananeo, del que se derivó el hebreo; y el arameo, con el árabe y el etíope.
Este grupo de lenguas tiene una estructura vocálica débil y posee solo dos tiempos verbales, a diferencia de los más complejos verbos de las lenguas indoeuropeas. La sintasis de las lenguas semíticas no tiende a usar proposiciones subordinadas, es decir, a organizar y sintetizar el pensamiento de un modo claro. Considerada desde el punto de vista del pensamiento europeo, la literatura del Próximo Oriente parece poética y simbólica.
Culturalmente hablando, el modo de pensar de los habitantes del desierto era bastante distinto del de la mayoría de los pueblos civilizados dedicados a la agricultura. En general, las poblaciones del desierto eran seminómadas y en sus desplazamientos empleaban asnos o camellos como animales de carga. Estaban organizadas en grupos tribales guiados por jefes elegidos, y eran intolerantes ante cualquier obligación social y política. Sus repetidas irrupciones en tierras cultivadas destruyeron incluso reinos emparentados con ellos. El núcleo social de estas poblaciones era la familia patriarcal, que vivía principalmente del pastoreo y en antagonismo permanente con otros clanes. La posición de cada persona dependía solamente de las relaciones de parentesco; el concepto de propiedad privada o la valoración de la vida según medidas materiales eran desconocidos o considerados con desconfianza.
Por otra parte, el nomadismo empujaba a estos semitas a comerciar por todo el territorio del Creciente Fértil, y cuando se presentó la ocasión favorable, sus jefes, que tenían una mentalidad más abierta que los señores de los pequeños estados estabilizados desde hacía mucho tiempo, consiguieron crear vastos imperios.
En el terreno religioso no se daban entre estos nómadas ritos de la fertilidad, propios de sociedades agrícolas; concebían a sus dioses o baales tribales de forma abstracta más que antropomórfica. Sin embargo, veneraban a aquellas fuerzas como benévolos antepasados, en estrecho contacto con sus descendientes. También en este aspecto, la siempre renovada infiltración de nuevas poblaciones, con hábitos de vida tan diversos, tuvo un poderoso efecto sobre el pensamiento de las sociedades campesinas, mucho más inmovilista. Véase NÓMADAS, SEM.