Diccionario Bíblico

SEMA

Letra S

Nombre de la profesión de fe israelita que el judío piadoso recitaba dos veces al día, llamada así por su primera palabra, shemá, שְׁמַע = «escucha». Se compone de varios textos del Pentateuco: Dt. 6:4–9; 11:13–21; y Nm. 15:37–41.
Según la tradición rabínica, el primer pasaje («Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios, Yahvé uno es» Dt. 6:4) fue el núcleo original de este credo que, posteriormente, recibió las adiciones mencionadas.
Forma parte central, según el Talmud, de la liturgia de los oficios de la mañana, desde que el sol despunta hasta la hora tercia, y de la tarde, hacia el ocaso. Antes del Shemá, se recitan dos oraciones, una de gratitud y alabanza por la luz del nuevo día y la conservación de la creación, y otra por la elección divina y el amor por su pueblo, proclamando el principio de la unidad divina y el deber del fiel de acoger a Dios en su corazón.
La primera dice dice: «Bendito seas, Señor, Soberano del mundo, que formaste la luz y creaste las tinieblas, que haces la paz y creaste todas las cosas; que en tu misericordia envías la luz a la tierra y a los que en ella moran, y en tu bondad renuevas día tras día, y continuamente, la obra de la creación. Bendito sea el Señor nuestro Dios por la gloria de sus obras y por la luminaria que ha hecho para su alabanza, Selah. Bendito sea el Señor que formó la luz».
En la segunda oración se dice: «Nos has amado con gran amor, oh Señor nuestro Dios, y con gran compasión has tenido abundante piedad de nosotros. Nuestro Padre y Rey, por amor de nuestros padres que confiaron en ti, a quienes tú enseñaste los estatutos de la vida, ten compasión de nosotros e ilumina nuestros ojos mediante tu Ley e inclina nuestra corazón a tus mandamientos. Une nuestro corazón con amor y temor a tu nombre, para que no nos alejemos de ti jamás. Porque tú eres el Dios que presparaste la salvación, que nos has escogido entre las naciones y lenguas, y nos acercado en verdad a tu gran nombre, Selah, para que podamos amarte y alabar tu unidad. Bendito sea el Señor que ama a su pueblo escogido Israel».
Entonces le sigue el Shemá: «Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios, Yahvé uno es. Y amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando estarán en tu corazón. Las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas sentado en casa o andando por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Las atarás a tu mano como señal, y estarán como frontales entre tus ojos. Las escribirás en los postes de tu casa y en las puertas de tus ciudades» (Dt. 6:4–9). «Sucederá que si obedecéis cuidadosamente mis mandamientos que hoy os mando, para amar a Yahvé vuestro Dios y para servirle con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, entonces él dará la lluvia a vuestra tierra en su tiempo, tanto la lluvia temprana como la lluvia tardía. Así podrás recoger tu grano, tu vino y tu aceite. Él dará también hierba en tu campo para tu ganado. Así comerás y te saciarás. Guardaos, pues, no sea que vuestro corazón se engañe y os apartéis y sirváis a otros dioses, y os inclinéis a ellos. No sea que se encienda el furor de Yahvé contra vosotros y cierre los cielos y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis rápidamente sobre la buena tierra que Yahvé os da. Por tanto, pondréis estas palabras mías en vuestro corazón y en vuestra alma. Las ataréis a vuestra mano como señal, y estarán como frontales entre vuestros ojos. Las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas sentado en tu casa o andando por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Las escribirás en los postes de tu casa y en las puertas de tus ciudades, para que vuestros días y los días de vuestros hijos sobre la tierra que Yahvé juró a vuestros padres que les había de dar, sean tan numerosos como los días de los cielos sobre la tierra» (Dt. 11:13–21). «Yahvé habló a Moisés diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles que a través de sus generaciones se hagan flecos en los bordes de sus vestiduras y que pongan un cordón azul en cada fleco del borde. Los flecos servirán para que al verlos os acordéis de todos los mandamientos de Yahvé, a fin de ponerlos por obra, y para que no vayáis en pos de vuestro propio corazón y de vuestros propios ojos, tras los cuales os habéis prostituido. Será para que os acordéis y cumpláis todos mis mandamientos, a fin de que seáis santos para vuestro Dios. Yo, Yahvé, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo, Yahvé, vuestro Dios» (Nm. 15:37–41).
Las oraciones de la mañana terminan con la siguiente: «Es cierto que tú eres el Señor nuestro Dios, y Dios de nuestros padres, nuestro Redentor, y redentor de nuestros padres, nuestra Roca y la roca de nuestra salvación. Nuestro Redentro y nuestro Liberador; este es u nombre para siempre; no hay otro Dios fuera de ti. Una nueva canción entonaron los que entonaron un cántico a tu nombre, junto con toda alabanza debida a ti, el Rey, y dice, Yahvé reinará en el mundo para siempre jamás. Bendito sea el Señor que salva a Israel».
La correspondiente oración de la noche se expresa en los siguientes términos: «Oh Señor nuestro Dios, haz que reposemos en paz y levántanos, oh nuestro Rey, a una vida feliz. Extiende el pabellón de la pz sobre nostros, y dirígenos con buen consejo de tu presencia; y sálvanos por amor de tu nombre. Protégenos y sálvanos del golpe del enemigo, de pestilencia, espada, hambre y dolor, y quita nuestros adversarios de delante y de detrás y escóndenos bajo la sombra de tus alas; porque tú, nuestro Dios, eres nuestro Guardián y nuestro Liberador; y tú, oh Señor, eres un Rey misericordioso y bondadoso. Guárdanos al ir y al venir con una vida de paz, desde ahora y para siempre».
Estas oraciones a veces eran acortadas o alargadas, pero en un principio fueron de uso general entre los judíos. Como muchas otras cuestiones, fueron objeto de discusiones casuísticas, que llenan las primeras páginas del Talmud. Mujeres, siervos y niños pequeños por debajo de los doce años, estaban exentos de esta obligación, según la Mishnah.
En la pregunta que un escriba hizo a Jesús sobre cuál es el mandamiento más importante, se le respondió con el primer texto del Shemá, Dt. 6:4, al que se añadió la importante novedad de Lv. 19:18. Con ello, Jesús destaca el amor como motor de la Ley y coloca en el mismo plano el amor a Dios y al prójimo; tal es la novedad de la profesión de fe cristiana.