Diccionario Bíblico
SEKINAH
Letra S
Aram. y neohebreo Shekhinah, שְׁכִינָה, lit. «morada, residencia», a saber, de Dios, su presencia visible, del vb. shakhán, שׁכן = «morar, habitar». Término sinónimo es mishkán, que significa > Tabernáculo.
1. Sekinah en los Targumim.
2. Sekinah en la Cábala.
3. Características.
4. Sekinah en el NT.
I. SEKINAH EN LOS TARGUMIM. No es un vocablo que se encuentre en la Biblia hebrea; fue usado por el judaísmo del Segundo Templo y tomado por los cristianos para expresar la majestad visible de la presencia divina que desciende para habitar, shakhán, entre los hombres, tal como se dice en lenguaje targúmico, en especial cuando residía entre los qurubines del Tabernáculo y en el Templo de Salomón.
En el > Targum se utiliza frecuentemente como perífrasis para evitar la pronunciación del nombre sagrado de Yahvé. En el Targum de Jonatán sustituye con frecuencia a «la Palabra de Dios». Muchos autores cristianos interpretaron este uso como una referencia a la divinidad del Señor Jesús, la Palabra hecha carne; la Sekinah indicaría así un conocimiento de la Trinidad personal de Dios, siguiendo a algunos autores rabínicos que la identifican con el Espíritu Santo.
Los targumistas sustituyeron el nombre de Yahvé por Sekinah. Así, donde el texto heb. dice: «Que me hagan un santuario, y yo habitaré [weshakhantí, וְשָׁכַנְתִּי ] en medio de ellos» (Ex. 25:8), el Targum de Onquelos dice: «Yo haré que mi Sekinah habite en medio de ellos», para salvaguardar la trascendencia divina. En 29:45, 46, cuando dice: «Yo habitaré en medio de los hijos de Israel», el citado Targum repite: «Yo haré que mi Sekinah habite en medio de ellos». En la dedicación del Templo de Salomón (1 R. 8:12, 13), el Targum de Jonatán dice: «Al Señor le ha placido hacer que su Sekinah more en Jerusalén. Yo he edificado la casa del santuario para la casa de la Sekinah para siempre». Según este principio, la Sekinah puede ser localizada, pero no el Dios omnipresente.
Por otra parte, los Targumim nunca traducen «nube» o «gloria» por Sekinah, sino por ananá, עֲנָנָא y yeqarah, יְקָרָה respectivamente, e incluso en pasajes como Ex. 24:16, 17; Nm. 9:17, 18, 22; 10:12, la mención frecuente de la nube y el uso del vb. shakhán, שׁכן les induce a referirse a la Sekinah. De donde se deduce que el uso targúmico de la palabra Sekinah es una perífrasis exlusiva de Dios dondequiera que se diga que mora, ya sea en Sión, entre el pueblo elegido, o entre los querubines, con lo que evita cualquier interpretación material de la Divinidad. Algunos han interpretado el significado de la Sekinah como una entidad intermedia entre Dios y el mundo (Maimónides), pero no se ajusta al uso de los Targumim, para los que es una expresión equivalente a Dios, que salvaguarda la trascendencia divina y evita la reducción de Dios a categorías inferiores e intermedias.
La idea está bien presente en el libro del Éxodo: «Y ocurría que al entrar Moisés a la tienda descendía la columna de nube y se situaba a la entrada de la tienda. Se levantaba todo el pueblo y se prosternaba, cada hombre en la entrada de su tienda» (Ex. 33:9). «Recubrió la nube la Tienda de Reunión y la Gloria de Adonay colmó el Tabernáculo. Mas no pudo Moisés entrar a la Tienda de Reunión pues se había posado sobre ella la nube» (Ex. 40:34–35). «Pues la nube de Adonay estaba sobre el Tabernáculo durante el día y visión de fuego durante la noche en él, a ojos de toda la Casa de Israel, en todos sus desplazamientos» (Ex. 40:38).
II. SEKINAH EN LA CÁBALA. Para Maimónides y el libro cabalístico del Zohar, Shekhinah, שְׁכִינָה, o Kabod, כָּבֹוד, significan «honor» o «gloria». Figura como sinónimo en Ex. 40:34: «Entonces una nube [anán, עָנָן ] cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria [kabod, כָּבֹוד ] de Yahvé llenó el tabernáculo». Kabod, כָּבֹוד, es uno de los nombres de Dios.
Debido a la traumática experiencia de la destrucción de Jerusalén y el Templo, y del exilio de la mayoría de la población a tierras mesopotámicas, la idea de la Shekhinah toma una importancia vital ante las adversidades. En este contexto deja de ser un concepto metafórico para representar el alma real del pueblo, ya que se respiraba un aire de ruptura y devastación.
Se la puede considerar como un desarrollo conceptual cabalístico de la esencia femenina contenida en Dios, representación del eterno femenino. La idea mística de restitución de la unión de Dios con su Shekhinah, es la finalidad de todas las oraciones, «quizás la verdadera función de la Torah». Según algunos autores, y al contrario que el conocido Gershom Scholem, es un concepto que surge gracias a la creatividad religiosa de los cabalistas en un contexto en que la fiebre mariana estaba en su apogeo. Otra postura, como la que mantiene Raphael Patai, explica la Sekinah como resultado de la evolución de las diosas mesopotámicas: sumerias, cananeas, acadias y del Medio Oriente, y quizás el único referente que pervivió hasta el judaísmo.
Desde el siglo II a.C., la Sekinah surge como una solución a la necesidad de antropomorfismos, por lo que sus desplazamientos y presencia aparecen en la historia del Israel. A medida que la distancia entre Dios y la Sekinah aumentan, también se acrecienta la descripción de atributos físicos. El Shiur Komah, texto midráshico, intenta describir a Dios en términos y medidas antropomórficas, pero a medida que esta imposibilidad se va agotando, este tipo de literatura más humanizada va siendo la imagen de la Sekinah. Ella puede ver, escuchar, trasladarse, habitar, tiene sonido y voz propia.
1. Hipóstasis de la Comunidad de Israel (Knéseth Israel). Aunque las fuentes tempranas no la mencionan en femenino, está claro que el Knéseth Israel es una expresión de carácter femenino, incluso desde el punto de vista gramatical. Su inclusión en el siglo II en el código canónico resultó controvertida y parte de la aceptación de esta figura partió del mismo Rabbí Akiva, ya que consideraba el amor como la metáfora religiosa y base de la ética del judaísmo. El Cantar de los Cantares es de las Escrituras el Santo de los Santos, y en él se alude a la Shekhinah, por lo que constituye la expresión más sublime del amor entre Dios e Israel, su elegida y amada entre las «doncellas». Esta reivindicación de amor surge como contraposición de la doctrina cristiana, que afirmaba que la elección del antiguo Israel por parte de Dios había quedado superada por el advenimiento de Cristo y el surgimiento de un nuevo Israel en la > Iglesia.
En el Zohar se identifica la Shekhinah como la «Comunidad de Israel», la última sephirah que tendrá que errar por tierras lejanas. Según Scholem, «una especie de iglesia invisible, que representa la idea mística de Israel en su unión con Dios, en su felicidad pero también en su sufrimiento y en su exilio».
2. Aparición como una validación mitológica de la presencia de Dios en lo femenino. Similar en su fenomenología al Espíritu Santo, tal y como lo consideran en el período talmúdico, en el que Shekhinah y Rúaj hakkodesh son sinónimos, es la inmanencia de lo divino en el mundo, como Dios es la inmanencia de todo lo creado. Su manifestación es de luz y los gnósticos la consideraban como el > pléroma llameante del que surge toda la creación: «es la luz que emana de la primera luz» (Jokhmah), además rodea todo el mundo y todas las Sephiroth tal como está escrito: «La tierra está pletórica de su gloria» (Is 6:3). La Sekinah es la hija, dentro de los Sephiroth, atributos espirituales y revelación divina, de Jokhmah —sabiduría— y la Binah —entendimiento— y se la identifica con Malkuth —el reino— porque este es la conexión entre el Creador y sus criaturas, la manera de que el Creador conviva con ellas. El Malkuth tiene su representación en la tierra en la Casa de David, lo que relaciona directamente a David con la Sekinah, siendo el profeta la encarnación terrestre de lo femenino a pesar de ser un guerrero que no deja de rogar a Dios por su cercanía.
Se la llama hija, reina y novia de Dios, y como él, no se la nombra, se alude por sus características y cualidades. Es el «Edén místico», ya que de ella llega la luz como chispas, pero a ella se volverá como un recuerdo del paraíso o estado aléfico. También en el Zohar 1:49a se incluye a la Asherá bíblica como uno de los nombres de la Sekinah. Joseph Gikatilla (1248–1305), cabalista español y discípulo de Abulafia (1240–1291), dice que todas las compañeras femeninas de los protagonistas de la Torah, como Sara, Rebeca, Raquel, Lea, son formas de nombrar a la Sekinah y sus atributos.
En los himnos del Shabbath (Zohar III, 128b) se la nombra como «el sagrado jardín de las manzanas». En el que se canta para la comida del viernes por la tarde, de Isaac Luria, uno de los máximos exponentes de la escuela cabalística del Safed, se menciona: «La Shekhinah se adorna con seis panes por lado, con dos Vav se perfuma y todo la reúne».
Najmánides postuló que la Sekinah no podía ser separada de la divinidad; entonces, la figura femenina es en sí misma Dios: «la novia que comprende todo (en sí misma)». «Todas las mujeres del mundo se encuentran bajo su protección o misterio». Rabbí Isaac Luria, en 1571, la vio en el Muro de las Lamentaciones como una mujer vestida de negro que llora por el esposo de su juventud. «La Shekhinah nunca se fue del Muro Occidental», por lo tanto tiene una posición cardinal en poniente, oeste a donde llega el sol con más intensidad.
En el Talmud, Shabbath 156b, se explica el uso de la kippah que cubrirá las cabezas de los hombres y asegurará su piedad como señal de su modestia ante Dios: «Cubrir sus cabezas para que el miedo al Cielo pueda estar sobre sí porque la Divina presencia (Shekhinah) está siempre sobre su cabeza».
Del Cantar de los Cantares se desprende que puede considerarse a la > Sulamita como una personificación de la Sekinah. En 7:1 se lee «vuelve, vuelve, oh Sulamita», que más allá de que se refiera al gentilicio de la mujer de Sulem, se utiliza para nombrar a la amada como en otros tantos textos místicos en los que se refiere a la Sekinah.
Del > Tetragrámaton, YHWH, se considera que la segunda H es una mención de la Sekinah: «El brillo de Dios, la mística emanación femenina de H, la primera persona varón sin existencia separada de él, pero identificada con la sabiduría, la brillantez en la meditación, la cual “ha labrado los Siete Pilares de la verdadera Creación” y de la cual deriva la “Paz que confiere la mutua comprensión”».
También aparece el vocablo Shejintá en los textos mandeos, que descienden de antiguos gnósticos, probablemente paganos que estaban muy bien informados sobre el judaísmo y sus fuentes, pero que a la vez eran antisemitas. El significado de Shejintá hace alusión a una morada santificada o ritual.
III. CARACTERÍSTICAS. En el libro cabalístico Bahir nro. 50 se identifica con Tsedeq, צֶדֶק, la rectitud: «La rectitud moraba en ella», «Tsedeq es la divina presencia». En el 85 se relaciona con David. En 116: «La Sekinah está arriba como está abajo», metáfora usada en otros textos midráshicos.
El porqué su nombre, ligado al concepto arameo de «habitar», se explica porque habitaba debajo del cielo hasta que > Adán pecó; entonces se elevó hasta el primer cielo y comenzó un proceso de alejamiento de los hombres. Cuando los hijos de > Enoc pecaron, se elevó hasta el segundo cielo. En el > diluvio se fue hasta el tercer cielo y cuando tuvo lugar el episodio de la > Torre de Babel, al cuarto, separándose aún más cuando Abraham llegó a Egipto. Ante los hechos acaecidos en Sodoma ingresó al séptimo cielo, lejos de los hombres. Su descenso tuvo lugar a partir de la presencia sucesiva de los profetas: Abraham, Isaac, Jacob, Leví, Kehat, Amram y Moisés.
«En el principio de la creación, el centro de la Shekhinah estaba en las regiones inferiores. Y puesto que la Shekhinah se encontraba abajo, el cielo y la tierra eran uno y estaban en perfecta armonía. La fuente manaba y los canales a través de los cuales todo lo que había en las regiones superiores fluía hacia los inferiores y estaban aún en actividad, intactos y libres de estorbos, y fue así como Dios llenó todo de arriba abajo. Pero cuando Adán pecó, el orden de las cosas se convirtió en desorden y los canales celestiales se rompieron» (Joseph Ben Abraham Gikatilla, Sepher haorah).
Su función es la de cuidar de librar el Templo de cualquier sacrilegio. Es doctrina talmúdica la presencia física de la Sekinah en el Templo y su capacidad de moverse a través del espacio: del Arca sobre los querubines, de los querubines sobre otros querubines, luego al Templo, a la corte sacerdotal, al altar, al tejado del Templo, a la ciudad de Jerusalén, al monte de los Olivos y de ahí el desierto.
La presencia de la Sekinah estuvo en el Primer Templo e intermitentemente o nunca en el Segundo. Quizás se utiliza su presencia como una justificación para comparar un templo con el otro. Luego de la destrucción habitó diferentes sinagogas en Babilonia —su presencia era audible y visible— especial en Huzal y Shaf Weyabith. El sonido que hace la Sekinah es como una «campana».
Acompañó al pueblo dondequiera que fue: Egipto, Babilonia y Roma (Edom), y permanecerá con los hijos de Israel hasta la redención. Su cuidado es similar a la custodia y auxilio de las vírgenes cristianas.
En el Bereshit Berkharoth 18a. en el Edén habló con Adán, la serpiente y los peces. Durante el Éxodo cuidó de Moisés cuando estaba en la canasta que fue encontrada por la hermana del Faraón; esta, al abrir la canastam vio a la Sekinah con Moisés tal y como figura en el Bereshit Sota 9b. También acompañó a los enfermos para darles mejoría y ayuda a los necesitados. De ahí su naturaleza auxiliadora. Interviene entre los matrimonios si lo necesitan (Bereshit Sota 9b). Moisés, que tendrá una peculiar relación con la Sekinah, se separó de su mujer para estar en estado de pureza a fin de que nada impidiera su relación con la presencia divina (Bereshit Shabbath 87a.b), unidos en un matrimonio místico, siendo el único hombre al que le fuera permitido, quizás porque fue el único hombre que en el Sinaí pudo ver la faz de Dios.
Su esencia y naturaleza femenina está atraída por lo mismo que lo estaría una mujer, según el Bereshit Shabbath: «Descansa con quien es heroico, rico y alto de estatura» (Bereshit Shabbath 92 a).
Se dice que la Sekinah es jerárquicamente superior a los ángeles, su esplendor alimenta a los ángeles ministeriales. Su irradiación es tan grande que estos deben taparse la cara con sus alas para protegerse los ojos. Beth hammidrash III, 29. «Los ángeles ministeriales se separan por miles de parasangas [medida persa antigua] y el cuerpo de la Shekhinah mide miles de millones» (Beth hammidrash III, 29), lo que en alguna manera demuestra esta superioridad. El tamaño es tan grande como pequeño, ya que pueda habitar el Tabernáculo, acompañar a Moisés en la canasta, pero otras veces «ensombrece el mundo». Una buena metáfora sería el sol, aunque sea un elemento que evoca lo masculino, ya que sus rayos llegan a todas partes. El sol se compone de pequeños rayos y al mismo tiempo da una claridad total.
En el Sepher Hekhaloth, Libro de los salones celestiales, versión apócrifa del Sepher Hanok (Libro de Enoc), escrito en 150 a.C., se encuentra la exposición más clara y prezohárica de que la Sekinah lidera las huestes celestiales. Exactamente en el Sepher Hekhaloth beth hammidrash 5:183–184 se cita «R. Yishma’el dijo: Metatrón, el ángel, el príncipe de la Cara me dijo: en los siete salones están los cuatro carros de la Shekhinah, y enfrente de cada salón se encuentran los cuatro campamentos de la Shekhinah y fluyen ríos de fuego y entre los dos ríos los campos están rodeados de niebla de pureza y entre ambos se hallan los pilares de azufre».
De la emanación de la Sekinah se generarían los querubines: «El reflejo de la luz divina en las aguas cósmicas, produjo un resplandor que se convirtió en un fuego del que surgieron el trono y los ángeles. Del «gran fuego» de la Sekinah no solo emana el querubín, sino también el alma humana, que en consecuencia se sitúa en un grado superior al de los ángeles. El querubín puede adoptar cualquier forma de ángel, hombre o bestia; su forma humana fue el modelo a cuya semejanza Dios creó al hombre» (Eleazar Rokeach, Shaaré hassod hayyihud wehaemunah).
Los carros son similares a los de Ishtar y están preparados en los campos, listos para el combate y protegidos por esa niebla.
Una versión indica que su hijo es Metatrón, al que le produce terror su sola presencia, pero otra versión indica que Enoc, cuya carne fue convertida en llamas, sus ojos en fuego, sus pestañas en rayos fulgurantes y sus pupilas en antorchas, según se describe en ese mismo libro capítulo XV, fue convertido en Metatrón.
En cuanto a su morada y otros detalles, el tercer libro de Enoc describe: «Dios me tomó del torrente del diluvio, me transportó sobre las alas tempestuosas de la Sekinah al cielo más elevado y me introdujo en los grandes palacios que hay en las alturas del séptimo cielo llamado Arabot, donde se encuentran el trono de la Sekinah y de la Merkabá, las legiones de la furia y los ejércitos de la ira, los shinaím del fuego, los qerubim de las antorchas llameantes, los ophanim de las brasas ardientes, los guardianes de las llamas y los seraphim del rayo, y Él me colocaba allí todos los días para servir el trono de la gloria» (Libro tercero de Enoc).
La Sekinah expresa sabiduría ligada a lo femenino en su evolución numénica, y podría concebirse como la Sophia Nigrans, una muy luminosa, la otra absorbe la luz. Amor y sabiduría son cualidades de Dios. Interviene en el Jardín del Edén cuando se castiga a Eva y Adán luego de la tentación de la serpiente que los incita a comer del fruto del árbol del conocimiento. Confunde a los constructores de la Torre de Babel. Interviene en la destrucción de Sodoma y Gomorra. Salva a los hijos de Israel de la esclavitud en Egipto, cuando comienzan el éxodo en el desierto. Conduce a los egipcios a las fauces del mar de los Juncos para protegerlos. Aparece en el monte Sinaí en forma de nube, cuando entra al Santuario y acompañando al Tabernáculo. Descenderá en el futuro en los días de batalla de Gog y Mageg o Magog, claros enemigos de Dios (Aboth di Rabbi Nathan). Suman en total nueve descensos, de los cuales cinco son punitivos.
Su fortaleza depende de la fortaleza de Israel y de cuán unidos se encuentren. Cuando Israel peca, ella se encuentra más vulnerable, se vuelve más frágil.
Autores como Raphael Patai, Robert Graves e incluso Scholem la consideran como las diosas que provienen del imaginario mesopotámico. Convergen dos características: diosas del amor, pero a la vez crueles, como pueden ser Ishtar, Inanna, Anath, Astarté, o Asherah, entre otras. Tanto la Sekinah y la > Matronita en la Cábala tendrán ambos aspectos. Su aspecto guerrero es similar a la imagen midráshica de Behemoth: un animal cósmico mítico similar a un hipopótamo, gobernante de las bestias terrestres, que come el pasto de miles de montañas y devora las bestias que pastan en sus laderas, puede beber de un solo trago las aguas del Jordán y saciar su sed en el río Jubal (Midrash Salmos 50:10); este poder inconmensurable la asocia con la Matronita, ya que en el mitologema zohárico describen a la Sekinah-Matronita como un monstruo o mujer cósmica para la cual miles de montañas son solo un bocado; sus garras están listas para despedazar o matar y sus brazos pueden alcanzar miles y miles de direcciones.
«¿Es acaso propio del honor del Rey que la Dama se enfrasque en la batalla, que sea Ella su emisario?» Al ser «sedienta de sangre» y guerrera tiene similitudes con el tantrismo y el shivaísmo. Como Kali es hermosa y monstruosa, lleva armas y demanda sacrificios animales, se la representa de color negro para enfatizar su maldad y monstruosidad, es temible y temeraria. La Sekinah en ciertos momentos prueba el otro lado, el lado amargo, y entonces su cara se vuelve negra. Marvin H. Pope comenta las similitudes que aparecen en los Himnos tántricos y el Cantar de los Cantares: «negra bella Kali» y «Soy morena pero hermosa, oh hijas de Jerusalén» (Cant. 1:5).
Arthur Green explica la necesidad de que la Sekinah del Zohar tenga esa «porción tan amplia de juicio y violencia, relacionada en parte con el judaísmo rabínico pero que refleja más la experiencia histórica de los judíos y su necesidad de contar con un defensor y vengador divino».
De sus aspectos punitivos y misericordiosos, se destaca el tomar el alma de los hombres justos y extraordinariamente meritorios. En el Talmud se relata que hay seis hombres que no pueden ser llevados por el ángel de la muerte, y su deceso se provocará por un beso de la Sekinah: Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Aarón y Miriam (Bereshith Rabbá Bathra). Pero para comprender en qué escala se encuentra y la posición ante Dios, se dice que él mismo llevó el alma de Moisés, besándolo en la boca y la Sekinah lo llevo sobre sus alas cuatro millas, donde finalmente fue sepultado (Bereshith Sota). Con esta acción y la distancia que impuso con su mujer, está claro que la relación entre ambos era de esposo y esposa. Este suceso recuerda el mito de Anath y su capacidad de volar.
«En la tradición docta y zohárica la Shekhinah es al mismo tiempo vértice de los entes y esposa celeste de cada devoto» (E. Zolla), lo que explica que a la hora de emprender un viaje y alejarse de la esposa carnal, el devoto integra y se constituye con su presencia en un andrógino.
IV. SEKINAH EN EL NT. Los autores apostólicos en lengua griega no traducen, sino que transliteran la palabra Sekinah por skené, σκηνή = «tabernáculo», ya que a la posibilidad de un significado parecido, se unía la semejanza fónica. Una referencia expresa a la Sekinah se encuentra en el prólogo del Evangelio de Juan: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros [eskénosen en hymîn, ἐσκήνωσεν ἐν ἡμῖν], y vimos su gloria» (Jn. 1:14). Otro uso semejante se da en 2 Cor. 12:9: «Que habite en mí [episkenose ep’ emé, ἐπισκηνώση ἐπʼ ἐμέ] el poder de Cristo». El mismo significado hay que entender en Ap. 21:3: «He aquí el tabernáculo de Dios [he skené tu Theû, ἡ σκηνή τοῦ Θεοῦ ] está con los hombres, y él habitará con ellos [kaí skenosei met’ autôn, καὶ σκηνώσει μετʼ αὐτῶν]; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios», donde «tabernáculo» no puede entenderse de modo literal, ya que cualquier tipo de templo desaparece en el tiempo futuro (v. 22), y solo queda la Sekinah o Presencia Divina en su forma absoluta e inmediata. Véase CÁBALA, ENCARNACIÓN, GLORIA, HIPÓSTASIS, MATRONITA, NUBE, SANTUARIO, TEMPLO.

