Diccionario Bíblico
Sebo
Letra S
Heb. 2459 jéleb, חֵלֶב, de una raíz obsoleta que sig. «ser gordo», indica «gordura, meollo, abundancia, sebo», es decir, la parte más rica o buena de un animal; gr. 4096 piotes, πιότης, también traducido por «savia» en sentido metafórico (Ro. 11:17).
El sebo que cubría las vísceras, el > hígado y los > riñones, se hacía arder sobre el altar de los sacrificios (Ex. 29:13, 22; Lv. 1:8, 12; 3:3, 4, 9, 10, 14–17; 4:8–9, 19, 26; Lv. 8:26; 9:10, 19; 16:25; 17:6: Nm. 18:17; 1 Sam. 2:15–16; 1 R. 8:64), y tenía una importancia semejante a la de la > sangre (Ez. 44:7, 15). El judío piadoso debía abstenerse de comer el sebo de sus sacrificios (cf. Dt. 32:38).
Por su importancia, bien pronto se desarrolló una mentalidad que confería una importancia casi mágica al sebo ofrecido en sacrificio como olor grato a Yahvé como ofrenda o como acción de gracias. Por esta razón, los profetas levantan su voz contra la desviación de la concepción popular: «Entonces Samuel preguntó: ¿Se complace tanto Yahvé en los holocaustos y en los sacrificios como en que la palabra de Yahvé sea obedecida? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención es mejor que el sebo de los carneros» (1 Sam. 15:22). O en palabras de Isaías: «Dice Yahvé: ¿De qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y del sebo de animales engordados» (Is. 1:11). Véase ACEITE, GROSURA, SACRIFICIO.

