Diccionario Bíblico

SANDALIA

Letra S

Heb. 5275 naal, נַעַל = «calzado, sandalia»; gr. 4547 sandalion, σανδάλιον = «sandalia» (Mc. 6:9; Hch. 12:8); 5266 hypódema, ὑπόδημα, algo atado bajo los pies, «calzado, sandalia» (Mt. 3:11; 10:10; Mc. 1:7; Lc. 3:16; 10:4; Jn. 1:27; Hch. 7:33; 13:25).
Aunque mucha gente en la antigüedad solía ir descalza, la sandalia parece haber sido el artículo ordinario para la protección de los pies, especialmente en los viajes (cf. Ex. 12:11; Jos. 9:5, 13; Hch. 12:8) y, sobre todo, en las expediciones militares (cf. Is. 5:27; Ef. 6:15).
No se describe la forma de la sandalia en la Biblia, pero puede adivinarse de fuentes contemporáneas. Básicamente consiste en una suela sujeta al pie y al tobillo por un sistema de correas (Gn. 14:23; Esd. 5:17; Lc. 3:16; Jn. 1:27; Hch. 13:25). Según los talmudistas, el material empleado en su fabricación podía ser piel, lana o madera, a veces reforzada con hierro. En Egipto hay que añadir elementos fibrosos de las hojas de las palmeras y de los tallos de los papiros, usados en adición a la piel o cuero (Heródoto, Hist. 2:37). Había diferentes tipos de sandalias, según se tratase de hombres, mujeres o niños. Las sandalias femeninas se hacían de «cuero fino», como un artículo de lujo (cf. Ez. 16:10; Cant. 7:1). En el caso de las mujeres ricas, estaban adornadas con motivos florales y otras figuras bordadas de lana o hilos de plata y oro. Solo los reyes y potentados estaban en condiciones de llevar calzado de lujo. En el Antiguo Egipto, como en muchos otros pueblos, las sandalias eran símbolo de dignidad regia, así como un bien de prestigio, de uso social para los privilegiados: quien no tenía sandalías nunca sería un señor. Eran indispensables para el rey, que debía llevar diferentes modelos según la ocasión. Eran símbolo de autoridad y de la adquisición de propiedades o bienes. Los faraones usaban suntuosas sandalias con la punta realzada hacia el empeine y se representaba artísticamente a los enemigos capturados en las suelas, de modo que el rey los pisoteaba o aplastaba cada vez que daba un paso, lo cual no dejaba de tener cierto significado mágico. En el Antiguo Egipto existía un funcionario cuyo título nobiliario era el de «Portasandalias del Rey». Los dioses también son representados llevando este tipo de calzado.
El salario de un obrero se pagaba en especies, vestidos y sandalias. El profeta Amós denuncia la injusticia de vender al pobre por un par de sandalias (Am. 2:6), al tiempo que compran al necesitado por el mismo precio (8:6), cometiendo dos graves delitos: uno, negar los derechos de los humildes de un modo desproporcionado, y dos, traficar con la conciencia de los necesitados aprovechándose de su situación angustiosa
Por regla general, se necesitaba un par extra de sandalias para casos de necesidad, debido al desgaste de las suelas (Jos. 9:5). Cuando Jesús manda a sus discípulos, enviados en misión, no llevar «ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón» (Mt. 10:10), hay que entender que no deben llevar calzado de repuesto y contentarse con las sandalias, como precisa Marcos 6:9.
Durante las comidas, los pies se descalzaban por completo (cf. Lc. 7:38; Jn. 13:5, 6), excepto en la fiesta de Pascua (Ex. 12:11). Los sacerdotes no podían oficiar calzados (cf. Ex 3:5; Jos. 5:15). Todo israelita se descalzaba en el momento que pisaba un lugar sagrado (Ex. 3:5; Jos. 5:15; Hch. 7:33), probablemente porque el calzado estaba fabricado con materiales impuros. Los talmudistas incluso prohibieron pasar delante del Templo con las sandalias puestas (Mishnah, Berakh. 9, 5).
En los tiempos del antiguo Israel, para demostrar que se había llevado a cabo un rescate o una transacción, uno se quitaba la sandalia, que daba al comprador —en la Edad Media se ofrecía el guante—, lo que simbolizaba la transmisión del derecho de propiedad (Rt. 4:7, 8). Echar la sandalia sobre algún lugar denotaba su toma de posesión: «Sobre Edom echaré mis sandalias» (Sal. 60:8). La sandalia era, pues, como el símbolo de propiedad. Si un hombre rehusaba casarse con la viuda de su hermano, o sea, con su cuñada, esta le quitaba la sandalia y le escupía en la cara (Dt. 25:9, 10) en señal de desprecio.
Verse privado de sandalias y de toda vestimenta superflua, marcaba la triste condición de los > cautivos (2 Cro. 28:15; Esd. 10:2; Is. 20:2), y también era señal de aflicción (2 Sam. 15:30). En la revuelta de > Absalón, David abandona Jerusalén descalzo (2 Sam. 15:30; Ez. 24:17). El hecho de llevar calzado y turbante en un día de duelo era una manera de esconder el dolor (Ez. 24:17, 23). A la vuelta de su hijo, cuya miseria era completa, el primer cuidado del padre del Hijo Pródigo fue ponerle las sandalias, un vestido y un anillo (Lc. 15:22).
Quitarse el calzado antes de entrar en una casa era señal de respeto y consideración, evitando ensuciarla con el polvo o barro del camino (cf. Lc. 7:38). En las casas ricas, un esclavo o siervo quitaba el calzado a los invitados y les lavaba los pies (cf. Gn. 18:4; 19:2; 24:32; 43:24; Jue. 19:21; 1 Sam. 25:41; 2 Sam. 11:8; Lc. 7:44; Jn. 13:5; Ti. 3:10). Por esta razón, desatar las sandalias de alguien era una señal de inferioridad, a cuya luz se puede entender el dicho de Juan el Bautista respecto a Jesucristo (Mt. 3:11; Mc. 1:7; Jn. 1:27; Hch. 13:25). Véase CALZADO, PIE.