Diccionario Bíblico

SANAR, SANIDAD

Letra S

Heb. vb. 7495 raphá, רפא = «curar, restaurar, sanar»; gr. 2323 therapeúo, θεραπεύω, de donde procede el castellano «terapia», sig. prim. servir como therapon, θεράπων = «asistente»; luego, «cuidar de los enfermos, tratar, curar, sanar». El 2390 vb. iáomai, ἰάομαι, «sanar», se utiliza para indicar tratamiento físico 22 veces (p.ej. Mt. 15:28; Hch. 9:34), o en sentido figurado, sanidad espiritual (Mt. 13:15; Jn. 12:40; Hch. 28:27; Heb. 12:13; 1 Pd. 2:24; Stg. 5:16). El médico Lucas utiliza esta palabra en quince ocasiones. El vb. 5198 hygiaíno, ὑγιαίνω, «estar sano, bien de salud» se utiliza metafóricamente de la doctrina (1 Ti. 1:10; 2 Ti. 4:3; Tit. 1:9; 2:1); de las palabras (1 Ti. 6:3; 2 Ti. 1:13); y de la fe (Tit. 1:13; 2:2). El vb. 4982 sozo, σώζω, que comúnmente sig. «salvar», se traduce «sanar» en Mc. 6:56; Jn. 11:12; Hch. 4:9; 14:9. El vb. 1295 diasozo, διασώζω, «salvar totalmente», se traduce «sanar» en Mt. 14:36 y Lc. 7:3.
El sustativo heb. para sanidad es 7965 shalom, שָׁלֹום = paz, del vb. 7999 shalam, שׁלם = «completar, estar sano» de cuerpo y mente. El nombre gr. correspondiente es 2386 íama, ἴαμα, relacionado con el vb. iáomai, «sanar». Se usa en plural en 1 Co. 12:9 para referirse a los «dones de sanidades» (cf. vv. 28, 30) impartidos por Dios en la Iglesia. El nombre 2392 íasis, ἴασις, relacionado con el anterior, destaca el proceso que alcanza su fin (Lc. 13:32) e indica las «curaciones» efectuadas por Cristo en los días de su carne (cf. Hch. 4:22, 30). 2322 therapeía, θεραπεία, se traduce «sanidad» en Ap. 22:2, en referencia al árbol de la vida, mientras que 3647 holoklería, ὀλοκληρία, que significa «totalidad, integridad», se emplea en Hch. 3:16 para denotar una «sanidad» completa, perfecta.
En el idioma heb. se destaca la relación recíproca entre la paz y la salud con el término shalom, que cubre estos y otros aspectos. El hombre en paz o en buena amistad con Dios, con el prójimo y consigo mismo, es un hombre completo, cuya vida se prevé larga. Hay una conexión natural entre la salud del ser humano y su observancia de la Ley de Dios (cf. Ex. 15:26; Dt. 28:58–61). En el Edén, la humanidad no solo estaba libre de enfermedad, sino que gozaba también del bienestar que resultaba de la comunión con Dios. Pero por el pecado entró la muerte (cf. Ro. 5:12) y, como antesala de la muerte, la enfermedad. Y, puesto que el reino del pecado es el reino de Satanás, Cristo vino a deshacer las obras del diablo (cf. 1 Jn. 3:8) y, por eso, sus sanidades eran liberaciones del poder del diablo (cf. p.ej. Mt. 17:18; Mc. 5:1–15). Por lo mismo, sus obras de sanidad eran obras de salvación.
Respecto a la sanidad sobrenatural, guarda relación con los kharísmata iamáton o «dones de sanidades» de 1 Cor. 12:9, dados por el Espíritu Santo a ciertos individuos de la Iglesia para beneficio de la comunidad (vv. 7, 9, 28). Aparecen como distintos de los energémata dynámeon o «actividades de poderes», es decir, «dones de hacer milagros». Se discute mucho sobre si dichos dones de sanidad continúan todavía en la Iglesia.
En los Evangelios se reconoce la sanidad natural lograda por los médicos de la época (cf. Mc. 2:17; Lc. 4:23), pero se menciona mucho más la sanidad sobrenatural obrada por Jesús y en su nombre. Conforme al ya mencionado sentido de paz (cf. Lc. 2:14), Jesús vino a dar plenitud total a las personas y, como ya apuntamos, a «deshacer las obras del diablo» (1 Jn. 3:8). «Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder… y anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo» (Hch. 10:38). De hecho, la mayoría, si no todos, los casos de sanidad en el NT se relacionan con el mundo de los espíritus, ya sea directa o indirectamente. Así, una fiebre se trata como un demonio (Lc. 4:39), y lo que la medicina actual entendería como epilepsia también se presenta como posesión demoníaca (Mt. 17:14s.; Mc. 9:20s).
En Hch. tenemos sanidades sobrenaturales efectuadas por los apóstoles (p.ej. Hch. 3:6–8; 5:12; 9:32–41; 14:8–10; 19:11–12; 20:9–12 y 28:8–9). En las epístolas, aparte de la mención ya vista de los dones de sanidad y de la contribución de los ancianos (en parte natural, y en parte sobrenatural) en Stg. 5:14–16, tenemos los casos de cuatro creyentes enfermos cuyas dolencias no fueron sanadas: Pablo (2 Cor. 12:7–9), a pesar de las muchas sanidades que él había realizado; Epafrodito (Fil. 2:25–27), Timoteo (1 Tim. 5:23) y Trófimo (2 Tim. 4:20). Véase DONES ESPIRITUALES, ENFERMEDAD, EXORCISMO, MEDICINA, SALUD.